Alcobendas en bicicleta

La estatua
La Menina, escultura de Manuel Valdés, observa uno de los principales accesos a la ciudad (Foto: L. Sánchez)

Salgo desde la puerta de la urbanización donde vivo, en Arroyo de la Vega, desde la que puedo empezar a pedalear sobre el carril bici. Llevo viviendo aquí (no en esta casa, sí en este mismo barrio), más de diez años y hasta ahora nunca me había parado a conocerlo. Giro a la derecha para acceder al parque que reverdece esta nueva zona de Alcobendas. Por el carril central, defendido por enormes cipreses, llego hasta este maravilloso lugar que los domingos se convierte en el centro de la ciudad, el barco pirata que hace de parque infantil solo apto para los más valientes.

Parque Arroyo de la Vega
Parque Arroyo de la Vega

Me encuentro con un pequeño OpenCor que cuando el resto de comercios cierra hace su agosto gracias a los tetrabriks de leche, el pan recién hecho y las botellas de alcohol que sacian la sed de los jóvenes en las deseadas noches de los viernes. Saludo al subsahariano que ha hecho de la puerta de este comercio su negocio. Su trabajo consiste en saludar y tirar algún que otro piropo a la señoras que entran, con lo que consigue guardarse las vueltas de su compra de las aduladas en el bolsillo. Sigo mi camino y me encuentro frente a la Menina. Esta inmensa señora, a la que ni la crisis ha logrado quitar los kilos de más y que se exhibe solitaria en la rotonda principal de esta ciudad del norte de Madrid. Su voluptuosa figura, creada por Manuel Valdés, se ha convertido desde hace algunos años en la imagen del Ayuntamiento de Alcobendas. Entrelazo mi camino entre la calle Paseo de la Chopera y el precioso Parque de Andalucía, que incluso con este frío castizo consigue mantener en sus bancos a algún que otro bohemio lector de novelas. Ambas sendas son paralelas. No soy capaz de elegir entre una y otra. Continúo zigzagueando y así consigo subir, haciendo sufrir a mis rodillas, la enorme cuesta que me deja a la entrada de un gran edificio transparente. Su fachada de cristal no deja lugar a la imaginación. Veo subir y bajar por las escaleras a decenas de estudiantes. Se trata de la Biblioteca Municipal Pablo Iglesias, supongo que algún alcalde socialista quiso homenajear al fundador de su partido, de la que se sienten orgullosos los habitantes de esta ciudad debido a la enorme labor social que desempeña con estudiantes y niños.

Biblioteca Pablo Iglesias
Biblioteca Pablo Iglesias

Cruzo la calle. Mi estómago pide a gritos algo caliente que apacigüe la falta de alimentos que sufre desde hace horas. Le meto prisa a los pies, dejo a la derecha el centro comercial de La Gran Manzana, renombrado como Dolce Vita por alguna fashion victim, y bajo hasta una pequeña cafetería en la que supongo deben dar un buen café ya que parece que la tercera edad en pleno ha decidido ir a merendar ahí.

Llena de combustible, bajo por la amplia Avenida de España y lo hago por la acera de la derecha, ya que la izquierda pertenece a nuestro histórico enemigo, San Sebastián de los Reyes. No es por nada, pero como mi trabajo de hoy es hablar de la gran ciudad de Alcobendas, lo haré mejor evitando pedalear por este pequeño pueblo al que le tenemos que ceder hasta la Hacienda.

Me desvío y empiezo a recorrer pequeñas calles llenas de diminutos comercios: Peluquería Mary, Golosinas Pepe, Llaves y Candados Alcobendas, y decenas de tiendas de alimentación en las que para pagar el alquiler desde hace años llenan su escaparates con carteles amarillos o naranjas anunciando las ofertas 3×2 de la semana. Me bajo de la bici para sentarme en un banco de piedra frente al Polideportivo Valdelasfuentes, un edificio moderno que alberga todo tipo de actividades y en el que se reúnen grupos de niños para nadar, chicas y mujeres en clases de spinning, chicos y no tan chicos en la zona de pesas y mayores en clases de aquagym o en el magnífico spa.

Polideportivo Valdelasfuentes
Polideportivo Valdelasfuentes

Continúo mi paseo volviendo a bajar, pero esta vez de un tirón, la Avenida de España. No pedaleo y dejo que la bicicleta se mueva por la inercia. Eso me ayuda a que al terminar el impulso sirva para remontar fácilmente una pequeña cuesta hasta el Bulevar de Salvador Allende. Esta calle es para mí el mejor lugar de Alcobendas. En su mediana, cada mes un fotógrafo o pintor, aunque los cuadros son una rareza, expone sus trabajos. Los alcobendenses pasean por ella observando fotografías de autores no muy conocidos que muestran aspectos cotidianos o retratos a veces de lo más grotesco.

Termino mi recorrido por el mismo parque donde comenzó, el de Arroyo de la Vega. Se ha llenado de ancianos de una residencia cercana que con descoordinados movimientos intentan imitar a la joven profesora de yoga. Me entran ganas de quedarme a ver cómo termina esta graciosa actividad, pero las nubes ya le han ganado la batalla al sol.

 

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