Invasión cinéfila

¿Qué tienen en común Edimburgo y Alcalá de Henares? Ambas son ciudades universitarias celebradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Pero hay algo más. Las dos han visto crecer una nueva forma de entender el séptimo arte. Se trata de «Los Martes Invaden la Tierra», una iniciativa que propone disfrutar del cine como si estuvieses en casa. La invasión tuvo lugar el martes 13 de noviembre. Las naves aterrizaron en la Plaza de los Santos Niños para dirigirse al Maná Maná, una de las salas de fiesta con más historia de la ciudad. Por muy extraño que parezca, allí se proyectaba cine en alta definición. 

Rocío García, gerente del proyecto en Alcalá de Henares y experta en organización de eventos, no dudó en apostar por la idea. Se sintió atraída por la originalidad del nombre cuando visitaba Expofranquicia —el Salón Internacional de la Franquicia— en IFEMA. Se acercó y, de alguna manera, presentó su candidatura por la ciudad complutense.

«Es una idea romántica», confiesa Rocío. Se pretende proyectar cine independiente, de autor… que, en ocasiones, se quedan en el cajón… pero no se cierra puertas a otro tipo de cine más comercial. ¿Cuál es el atractivo? Hacerlo en compañía. Rocío García propone: «Por diez euros la entrada, las palomitas recién hechas y una consumición que puede ser desde un refresco o un cóctel sin alcohol hasta un gintonic».

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Un detalle de la decoración del Maná Maná en la inauguración de «Los Martes Invaden la Tierra» Fotos: Rocío García

Antonio Dyaz dijo de Rocío que «sabía latín». No le faltaba razón. Si no observen las peculiaridades del estreno. Nada más entrar, los espectadores posaron en un photocall creado para el gran evento como si fuesen verdaderas estrellas. Es, sin duda, el estreno del año. Ya dentro, disfrutaron de un acogedor ambiente que mezclaba la comodidad de un salón con el inconfundible olor a palomitas recién hechas. ¡Tres, dos, uno… Acción! Finalizan las proyecciones del cortometraje de Chico Pereira —6:05— y el mediometraje de Juan Cavestany —El Señor—. El debate de la sobremesa cinéfila dio paso a una degustación de cine: queso de Ratatouille; Jamón, Jamón serrano o mini hamburguesas como las de Pulp Fiction, entre las delicatessen. No faltó detalle.

A pesar de la acogida inaugural Rocío mantiene los pies en la tierra: «No me voy a hacer rica con esto. Lo ideal sería captar público que permitiese abrir nuevas líneas de negocio. Por ahora lo que tengo es muchísima ilusión». Sus ingresos se reducen a la cantidad de entradas vendidas para un aforo muy limitado: apenas treinta personas. En este negocio, Rocío ha contado con un aliado imprescindible: Clemente Sotoca, el propietario del Maná Maná. «Él no conocía el proyecto. Se lo presenté y le gustó. El dinero de las consumiciones que no se incluyen en la entrada es para Clemente. No le pago alquiler por el local». Todo son ventajas, sobre todo si tenemos en cuenta que, por su condición de sala de fiestas, el Maná Maná nunca abriría un martes.

¡Atención: Habrá más invasiones! Rocío confirma que, a partir del 15 de enero, se reanudarán las asaltos al celuloide en Alcalá de Henares. «No puedo concretar qué películas se proyectarán, pero sí que estaremos allí». Esta alcalaína cinéfila, tras un prolongado «¡Uff!» seguido de unos segundos de silencio, confiesa que su película favorita es Réquiem por un sueño, de Darren Aronofsky.

El origen de la invasión

«Los Martes Invaden la Tierra» es una plataforma internacional cuyo principal objetivo es llevar el séptimo arte a lugares poco convencionales donde los espectadores puedan vivir la experiencia de sentarse frente a una gran pantalla como si estuviesen en el salón de su casa. No faltarán las palomitas, pero tampoco es necesario renunciar a la socorrida mantita del salón.  A bordo de la nave nodriza están  el productor y director de cine Antonio Dyaz y el consultor de nuevas tecnologías Gustavo Liévano.

El logotipo de «Los Martes Invaden la Tierra»
Logotipo de «Los Martes Invaden la Tierra»

Lo individual se aúna con lo colectivo porque, como recalca Antonio Dyaz, «cada butaca es diferente. El primero que llega se sienta en una butaca que no es igual a la de al lado y los que llegan los últimos se pueden sentar en el suelo. Esa familiaridad no la tiene el cine». Define la idea como un afterwork: «El martes es el día más tonto de la semana. Lo que proponemos es que después de trabajar disfrutes del cine mientras te tomas una copa, charlas sobre cine…». Una de las peculiaridades del proyecto es que el director presenta la cinta al público y se queda hasta al final para comentar con los espectadores la obra. Una verdadera delicia para los cinéfilos.

La idea, vista desde un punto de vista empresarial, se concreta en un red de franquicias para apasionados del cine. El requisito es contar con un espacio peculiar porque, como recuerda, Antonio Dyaz, «no puede ser nada similar a una sala de cine». A cambio, «Los Martes Invaden la Tierra», les ofrece formación como community managers y organizadores de eventos culturales. Como miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, Dyaz enfatiza el respeto a los derechos de autor como parte fundamental del proyecto: «Yo me encargo de negociar con la SGAE el catálogo que proponemos a los franquiciados».

Antonio Dyaz le resta importancia al hecho de que el lanzamiento se celebrase un martes y 13. Es más, no duda en subrayar que la inauguración fue mucho mejor de lo que esperaban. «Se superaron las expectativas». Y con creces. Acudieron más de 60 personas.  El proyecto arranca con fuerza y sin fronteras. «La única condición es que las ciudades tengan más de 75.000 habitantes», concreta Antonio. Para los barrios madrileños de Carabanchel, Argüelles, Lavapiés, Malasaña o El Escorial, incluso para las ciudades de Edimburgo, Bogotá o Zurich, los martes tendrán otro significado.

¿To be continued…?

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