Érase una vez un cuento… rumano

«Jorge el Valiente» de Mihaela Paraschivu. Foto: Belén García
Jorge el Valiente, de Mihaela Paraschivu. Fotos: Belén García

Por muy distintas que puedan parecer, Rumanía y España cuentan casi las mismas historias a sus niños. Allí, como aquí, hay príncipes y princesas, buenos y malos, brujas y encantadores… y muchas moralejas. Al final, la historia de los pueblos se escribe cuando han pasado siglos desde que un abuelo, sentado a la cama de un niño, cuenta una historia a su nieto. Comienza aquí la historia de la historia: ésa que marca la infancia de diferentes generaciones, que se pasan de una a otra para formar, sin darse cuenta, la historia de su pueblo. Cada pueblo tiene sus historias y esas historias son comunes entre los pueblos. El bien y el mal, el amor, la amistad, el valor de la sinceridad, la preocupación por el honor y la honestidad… están presentes en las historias, leyendas y cuentos de las diferentes naciones del mundo.

A través de la exposición Historia en historias, una decena de ilustradores rumanos representan la idiosincrasia de su pueblo a partir de acuarelas, grabados, dibujos… Todos ellos pertenecen al Clubul Ilustratorilor, fundado en 2006 para revivir la labor de los ilustradores rumanos a través de narraciones. Pero hay una historia dentro de esas historias: la de quienes han plasmado en esas acuarelas, grabados, dibujos… su propia historia, vivida y compartida con ese pueblo. La exposición invita a cada visitante a crear su propia historia.

Historias comunes, culturas diferentes

La influencia de Esopo, los hermanos Grimm o de Charles Perrault está presente en todos los cuentos populares. Quizás por ello no resulta tan extraño encontrarse cuentos de hadas, historias de príncipes y princesas… incluso versiones de La gallina de los huevos de oro o de Pedro y el lobo entre los cuentos populares rumanos. Comienza aquí un recorrido en paralelo con el que descubrir las historias que tienen en común rumanos con españoles. Nos sirven de guías Ion Creangă y Petre Ispirescu, dos grandes contadores de cuentos rumanos.

Al inicio del sendero espera Păcală –El Engañabobos-, un personaje rumano creado por Ion Creangă (1839-1889), un contador de historias excepcionalmente dotado para el relato oral. Sus narraciones están inspiradas en la vida rural y el folclore rumano por lo que goza de un fuerte arraigo popular. En sus cuentos es fácil encontrar grandes dosis de humor, nostalgia y color local.

Păcală, el personaje rural de los cuentos rumanos
Escenas, de Sebastian Oprita. El personaje es Păcală

Păcală es un personaje de pueblo que se caracteriza por estar siempre haciendo trastadas. Su sentido del humor entronca con una ironía muy rica donde se refleja a la perfección el ambiente rural rumano. Se dice de él que su principal defecto es el gusto por las mentiras: una costumbre que le ha dado algún que otro disgusto. A través de Păcală es posible conocer cómo vestían los habitantes de estas aldeas. Păcală siempre va de blanco. Su atuendo consta de unos pantalones y una camiseta de lino con una correa de cuero ancha a la cintura. A veces lleva un chaleco de cuero o de lana. Lo más llamativo es la forma en que calza. Se trata de una especie de zapatillas de cuero atadas alrededor del pie. Su nombre: opincă.

Si hubiese que buscar un personaje similar en la tradición española quizá lo más sensato sería decantarse por Pedro y el lobo. Ambos comparten ese gusto por la travesura que tiene en vilo al pueblo. Tanto Păcală como Pedro fueron castigados en alguna ocasión por decir mentiras. ¿Quién no recuerda cuando aperció por fin el lobo y se comió las ovejas? He ahí la moraleja.

Nos trasladamos ahora al campo. Según Vioria Enache, nacida en una aldea de Rumanía y residente en España desde hace diez años, era muy frecuente escuchar las historias de Ion Creangă. «A mí me las contaba mi abuelo. Por las noches me contaba historias de Creangă». Sonríe al recordar esos momentos y se lanza a contar la versión rumana de La gallina de los huevos de oro que, curiosamente, tiene su media naranja en Rumanía. ¿Media naranja? Sí, así es, en este país del este la tradición habla de un gallo y no de una gallina.

Păcală en «Escenas», una ilustración de Sebastian Oprita. Foto: B.G.
Păcală en Escena, una ilustración de Sebastian Oprita

La historia se titula La bolsa con dos centavos y cuenta la vida de una pareja de viejecillos que vivía con sus dos hijas. La mayor era bella, inteligente y generosa, pero la más pequeña era todo lo contrario: vivía cegada por la envidia hacia su hermana mayor y el cariño que su padre le profesaba. Vivían en granjas diferentes con el dinero que sacaban con la venta de huevos. He aquí el conflicto: sólo las gallinas del padre ponían huevos porque su granja era la única que tenía gallo. El padre y la hermana mayor comenzaron a enriquecerse con la venta de huevos mientras aumentaba la envidia de la madre y la otra hija. Comenzaron entonces a urdir una venganza cuyo objetivo era deshacerse del gallo.

Un día, la mujer aprovechó un descuido para abrir la puerta de la granja y dejar que el gallo se escapase. Pero para su mala fortuna el gallo se encontró en la calle con una bolsa que contenía dos centavos. Comenzó a caminar y caminar, desorientado. En el camino fue asaltado por el despiadado dueño de un carruaje que le despojó de su gran tesoro: la bolsa con los dos centavos. El gallo increpó al hombre reclamándole su botín, pero no tuvo mucho éxito. El dueño del carruaje le encerró en una sala enorme llena de dinero. Creía el muy ingenuo que el gallo se moriría al tragar todas esas monedas. Pero no fue así. El gallo llenó su estómago, pero no perdió la vida, así que el dueño del carruaje, muy enfadado, le echó a la calle. Allí, el gallo volvió a reclamar su bolsa con los dos centavos. En esta ocasión, tuvo más fortuna. Emprendió el gallo su camino de regreso a casa. Al llegar al corral, la joven y su padre se sorprendieron por la bolsa que llevaba en el pico. Entonces, el gallo comenzó a escupir monedas ante los ojos cegados por la envidia de quien le había dejado escapar.

Una de príncipes y princesas

Una de las historias que recuerda Valentina Dristaru, una chica rumana que vive en Meco desde hace cinco años, nos guía hasta la obra de Petre Ispirescu (1830-1887), uno de los grandes recopiladores de cuentos populares rumanos. Ispirescu está considerado en la literatura rumana como el equivalente a los hermanos Grimm. Su obra recoge más de cien cuentos recopilados gracias a una importante labor de etnografía que permite descubrir la esencia del folclore rumano. Ispirescu se caracteriza por un estilo auténtico y una retórica elaborada y elegante que sumerge al lector en la historia a través de unos personajes muy definidos psicológicamente. Sus historias se desarrollan, sobre todo, en ambientes palaciegos, bosques encantados y escenarios llenos de fantasía.

En la exposición, son varias las ilustraciones que evidencian la tradición de este tipo de historias en los cuentos populares rumanos. Ejemplo de ello es la historia que se puede ver en el siguiente cuadro y que se corresponde con el cuento El moro blanco

«El Moro Blanco» reflejado en la ilustración titulada «El Hambrón» de Sebastian Oprita. Foto: B.G.
El moro blanco reflejado en la ilustración titulada El hambrón, de Sebastian Oprita

Valentina se emociona al recordar los personajes de Harap Alb. En tono juglaresco cuenta cómo en un castillo custodiado por un dragón una hermosa princesa esperaba ser rescatada por un apuesto príncipe. El rey sólo estaba dispuesto a dar la mano de su hija al valiente que superase una serie pruebas. Un apuesto caballero superó la prueba con la compañía de sus peculiares: un hombre pájaro que gracias a su silbido atraía a las pájaras ávidas de información sobre lo que pasaba alrededor, un amigo con un ojo enorme que tenía el poder de ver muy muy de cerca y, por último, un aliado tan alto que es capaz de ver por encima de los árboles. Al final, el príncipe rescató a la princesa de las garras del dragón. Fueron felices, como no podía ser de otra forma.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

[box type=»info» border=»full»] «Historia en historias»

Exposición a cargo del Instituto Cultural Rumano y Clubul Ilustratorilor. Colabora el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Asociación Hispano-Rumano Integramás, Centro Hispano-Rumano Alcalá de Henares y Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid gestionado por Fundación Iberoamérica Europa.

Artistas: Irina Dobrescu, Amalia Dulhan, Cristiana Radu, Oana Ispir, Mihaela Paraschivu, Sebastian Opriţa, Stela Lie, Alexandra Rădulescu, Raluca Ilie, Veronica Neacşu.

Dónde y cuándo: Centro Hispano-Rumano Alcalá de Henares. C/Goya 5, 28007 Alcalá de Henares; lunes-sábado de 10:00 a 21:00. Desde el 1 al 15 de diciembre de 2012.

Entrada gratuita.[/box]

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