Dos mentes contra la historia del ajedrez

Dos jugadores unidos en un desafío ajedrecístico. Foto: Carolina Melo
Dos jugadores unidos en un desafío ajedrecístico. Foto: Carolina Melo

ESCENA 1

Bajo decenas de focos parpadeantes de un plató televisivo, JULIO y DAN están sentados en dos banquetas, a escasos metros de distancia. Vestido para la ocasión, JULIO observa inmóvil las piezas de ajedrez de una partida a medias, proyectada en una pantalla gigante. En el suelo puede ver un gran tablero sobre el que descansan piezas blancas y negras. De espaldas y aislado por unos voluminosos auriculares y un antifaz, su amigo DAN desconoce que frente a él hay un graderío con cientos de asistentes. La concentración es máxima, ya que dependen de sus pensamientos para descifrar cuál es la partida histórica que aparece en pantalla.

JULIO. Acurrucado sobre la banqueta, con el rostro entre las manos tras mirar la pantalla. A ver, ¿qué tenía de especial esta posición? ¿Era la de Anderssen contra Kieseritz? No, ¡no es ésa! Vamos… Estoy tardando mucho, no le puedo fallar a Dan después de un viaje tan largo.

JULIO se levanta muy despacio y da tres pasos al frente. Se detiene al borde del tablero, entre las figuras blancas y las negras, que le llegan a las rodillas. Después de unos segundos titubeante, levanta el alfil negro y lo traslada a la casilla de la segunda hilera imitando el monitor.

DAN. Se balancea relajado en su asiento al ritmo de Lola, la canción de The Kinks que le aísla del nerviosismo. ¿Por qué tarda tanto en darme las referencias? ¡Lola empezó hace cuatro minutos y está terminando! Si no lo conseguimos, ¿con qué cara les enseño jugadas a los chavales cuando vuelva a Santiago?

Con la mirada fija en la pantalla, JULIO agarra la reina negra para colocarla en la posición que marca el monitor. Pero se detiene antes de elegir el tercer elemento que le permiten las normas. Petrificado, medita su decisión con los brazos en jarras. Tras unos segundos eternos se decide por un alfil negro. Pero no tarda en devolverlo a su lugar. Tras un tenso instante de dudas, rectifica.

JULIO. Mejor cojo el caballo negro. Sí, definitivamente es mejor el caballo, aunque seguro que Dan acertaba igual con el alfil.

DAN.- Inquieto. Vamos, Julio… ¡Que se noten las cien horas de entrenamiento!

ESCENA 2

JULIO le da a su compañero las coordenadas de las tres piezas.

JULIO. En voz alta. Alfil negro en E-7, dama negra en D-8 y caballo negro en B-6. De nuevo se hace el silencio y, sin dejar de balancearse a pesar de que ya no lleva los cascos, DAN medita su respuesta.

JULIO. ¿Lo habré hecho bien? A lo mejor debí quedarme con el alfil… Por favor, ¡que acierte, que acierte, que acierte!

Pasan varios segundos en los que no se distingue cuál de los dos está más tenso.

 DAN. (Decidido, dice.) Con blancas juega Borgini y con negras Portisch. Gana Borgini 1-0.

Aplausos.

JULIO. Aliviado. ¡Hemos cumplido! Ha ganado el ajedrez.

Elena Jorreto

A punto de lanzarme a la incertidumbre laboral, disfruto escribiendo sobre la cultura y averiguando las causas de los problemas que nos rodean.

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