Punto de break

Un momento que lo cambió todo. Foto: spain.info
Un momento que lo cambió todo. Foto: spain.info

Acto I

Último set del partido. Víctor habla consigo mismo (para el público).

VÍCTOR.— Va, la cosa marcha. Aguantamos el próximo servicio y lo tenemos hecho.

Al otro lado de la red, Carlos cabecea. Se le escapan las opciones y es un torneo regional importante.

JULIO.— (Gritando). ¡Vamos! Que no te pase lo de aquella vez.

Se miran entre sí.

VÍCTOR.— Joder, nunca entenderá que esas mierdas me ponen nervioso.

Carlos gana su servicio. Víctor sigue con ventaja y solo tiene que mantener los dos próximos servicios para ganar. No quiere confiarse, le suele pasar cuando lleva ventaja y en varias ocasiones ha terminado perdiendo. Los centímetros que diferencian que una bola entre o no son la delgada línea entre el éxito y el fracaso en uno de los deportes más psicológicos.

VÍCTOR.— (Mientras se coloca los calcetines y deja la raqueta en el suelo. Sigue hablando consigo mismo.) Ya está. No puede con las bolas a su revés. Insistimos ahí y lo tenemos. Has estado muy bien en esa última bola.

Al otro lado de la pista se escuchan los improperios de Carlos. Depende de los errores del otro para tener opciones y eso deja poco margen de maniobra.

CARLOS.— Mierda, con la de veces que le he ganado… Y en el partido importante la cago.

Llega el último juego. Saca Víctor. Si lo gana, el partido es suyo. Primer punto: saque dentro, Carlos responde de revés. Víctor contraataca con una derecha invertida al otro vértice, es su mejor golpe. Carlos llega a tocar la bola pero se queda blanda. Solo queda rematar esa bola sencilla. Pasos de aproximación…

VÍCTOR.— (Susurra.) Uno, dos, tres… ¡¡¡Aghhhh!! ¡¡¡Dios!!!

La bola pasa de largo. Víctor se echa en el suelo mientras se lleva la mano al muslo.

CARLOS.— (Al trote desde el otro lado de la pista y con tono jadeante) ¡¿Qué pasa tío?!

VÍCTOR.— (Entre sollozos.) ¡Mierda, mierda! ¡Al apoyar, ha sido al levantar el apoyo!

JULIO.— (Se levanta apresuradamente de su banquillo.) ¿Qué dices? ¿Qué notas?

Susurros entre las cerca de cuarenta personas que ocupan la grada. Se aproxima el juez de silla. Julio presiona levemente en el punto del dolor.

VÍCTOR.— ¡¡Para, para!!

JULIO.— (Mirando al juez.) No puede seguir… Nos retiramos.

VÍCTOR.— ¡¿Qué dices?! No joder, estoy a cuatro puntos, seguro que es solo un tirón. (Le grita a Julio, que sigue mirando al juez.)

JULIO.— (Vuelve la cabeza y grita.) ¡Tienes una rotura muscular! ¿Acaso no lo notas?

VÍCTOR.— Sí… (Apenas se oye un murmullo.)

JULIO.— Ahora mismo no podrás ni levantarte. Túmbate… Espera voy a por una toalla para que te apoyes.

Se dirige hacia el banquillo con la cabeza gacha. Carlos, al otro lado de la red observa inmóvil.

CARLOS.— (Balbucea.) Tío… No sé…

VÍCTOR.— No digas nada.

CARLOS.— Sabes que no me gusta ganar así. Hoy, tú lo merecías más.

VÍCTOR.— (En tono cortante.) Nadie ha dicho que esto tenga que ser justo.

Carlos se da la vuelta y se va a hablar con Julio.

JULIO.— No te preocupes, ya sabes que es muy temperamental. Tú no tienes la culpa, pero entiéndele.

CARLOS.— Lo siento, de verdad.

JULIO.— (Le da una palmadita en el cuello.) Venga, ve a descansar. Suerte en el próximo partido.

Acto II

Víctor está tumbado en la pista. Julio, sentado a su lado con sus brazos agarrando sus rodillas. Las gradas se han quedado vacias. Y ambos llevan un buen rato en silencio.

JULIO.— Acabo de llamar a tu padre y ahora…

VÍCTOR.— A mi madre no la llames, que se pone nerviosa.

JULIO.— No, iba a decirte que voy a llamar a la ambulancia. (Le dice mientras le aparta la mirada)

VÍCTOR.— ¿Por qué no me miras? ¿Qué pasa?

JULIO.— (Vuelve a mirarle.) Víctor, esta es una lesión que hay que operar.

VÍCTOR.— (Tras varios segundos pensando.) ¿Cuánto?

Julio agacha la cabeza.

VÍCTOR.— (Elevando el tono e intentando inclinarse.) ¡¿Cuánto tiempo de baja joder?!

JULIO.— No sé… No más de seis meses incluida rehabilitación, pero dependerá de cuánto tarden en operarte.

VÍCTOR.— ¿Qué vamos a hacer? Con los planes digo…

JULIO.— Es pronto para eso. Hasta que recuperes el nivel que tenías ahora habrá pasado un año. Y eso si empiezas a entrenar en cuanto te digan los médicos.

VÍCTOR.— Entonces…

JULIO.— Lo de subir de categoría va a ser difícil.

Suena la sirena de una ambulancia. La tarde comienza a cerrarse y el viento sopla con algo más de fuerza

JULIO.— El año que viene empiezas la universidad, eso es lo importante. Cuando estés bien, veremos si tienes tiempo para entrenar a diario y si lo de este año va a ser solo un paréntesis o…

VÍCTOR.— O el punto final.

JULIO.— No pienses eso ahora. Cálmate y ya está, tampoco íbamos a ser profesionales. Siempre has dicho que esto era un hobby.

VÍCTOR.— Supongo que las cosas terminan y ya está.

JULIO.— (Condescendiente.) Venga, esto solo era un sueño.

Cerró los ojos. Pero al despertar, aquella maldita pierna seguía inerte.

Victor Ruiz de Almirón

«Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros».Marco Tulio Cicerón

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