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La quimio jugando se pasa volando

A Óscar empezó a dolerle el pie con poco más de un año de vida. Su madre Farah, tras seis meses de pruebas y urgencias en hospitales, recibió el diagnóstico: su hijo tenía células cancerígenas en los huesos. Por su gravedad, debían aplicarle uno de los tratamientos más agresivos para que superara la enfermedad. El pequeño afrontó en los siguientes meses sesiones de quimioterapia, cirugía o autotrasplante de médula. El día que Óscar cumplió dos años, la fundación Juegaterapia le regaló una tableta. A partir de ese momento, la tecnología se convirtió en su inseparable compañera en su lucha por vencer el cáncer.

Con ella entre sus delicadas y menudas manos, todo se hizo más fácil. La tableta dejaba al pequeño Óscar traspasar las cuatro paredes de su habitación de la sala de Oncología del Hospital 12 de Octubre para recibir vídeos de ánimo de sus primos y ver cómo su madre acudía en metro al trabajo. «Le permitía evadirse y olvidarse de todo. Si soltaba la tecnología, a lo mejor el dolor regresaba y era cuando le daba la tableta y la consola para que se le olvidase», cuenta Farah. Este fenómeno recibe el nombre de anestesia virtual, y está estrechamente ligado al nacimiento de Juegaterapia.

La fundación cumplió cinco años el pasado mes de febrero. Su historia comenzó cuando su fundadora, Mónica Esteban, decidió mandar una consola de videojuegos que tenía en casa sin utilizar a Jorge, un niño en tratamiento por leucemia. La directora general de Juegaterapia, Vallé Sallés, narra que a los dos días de recibir la máquina recibieron una llamada del hospital. Les contaron que el cambio del pequeño había sido radical: dejó de estar triste y deprimido.

Además, Jorge se puso en contacto con ella para agradecerle lo feliz que le había hecho la consola. «Ahí es cuando Mónica vio el potencial. Mandó un correo electrónico a sus compañeros de trabajo diciendo que cambiaba consolas o juegos que ya no jugasen por café y donuts. A los dos días tenía en la mesa una, al otro dos y así empezó todo», afirma Sallés. Empezarían así los primeros pasos de una oenegé que ya ha repartido más de dos mil consolas por todos los hospitales de España y también alrededor del mundo. Niños de Venezuela, Marruecos o incluso de un hospital de campaña en Afganistán se han beneficiado de la labor de esta asociación sin ánimo de lucro.

Son niños que han encontrado en la tecnología, en especial los videojuegos, un salvoconducto para escapar de su realidad cotidiana. Para superar su enfermedad, los pequeños deben someterse a duros tratamientos que les hacer perder las defensas y estar expuestos a todo. Un simple catarro puede provocarles una infección pulmonar que les lleve a la UVI.

Se convierten en «niños burbuja» que pasan semanas o hasta meses sin poder salir de su habitación. Además, se debilitan tanto físicamente que no pueden realizar ninguna actividad deportiva. Por ello, los videojuegos se convierten en sus principales aliados para vivir aventuras sin tener que salir del hospital.
El responsable de voluntariado de Juegaterapia, Juan Carlos López, tuvo a su hijo, Aarón, en tratamiento hasta que falleció con siete años. Como padre pudo ver, junto a la fundación, el bien que le hizo a su hijo jugar a la videoconsola. Explica que el problema de los tratamientos de quimioterapia no es solo los efectos agresivos que provocan al pequeño sino que muchas veces los niños los anticipan y sus cuerpos reaccionan negativamente incluso antes de administrarles la medicina.

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Un niño del Hospital Universitario La Paz muestra sus dos juegos. Foto: Juegaterapia

Según Juan Carlos, la consola lo paliaba de tal forma que el niño solo se encontraba mal cuando realmente era así. Los responsables de Juegaterapia que entregan cada viernes consolas y juegos a los niños hospitalizados conocen este fenómeno. «Los médicos nos han dicho que cuando los niños juegan liberan endorfinas con efecto seiscientas veces más potente que la morfina. No sientes dolor y el niño al meterse tanto en el juego pasa de estar enfermo a convertirse en el superhéroe, futbolista o princesa con el que esté jugando», afirma la directora de la fundación, Valle Sallés.

La directora lo ejemplifica a partir de la historia de un niño que tenía un gran miedo a que la enfermera le pinchase para ponerle el tratamiento de quimioterapia: «Él estaba jugando y de repente vio a la enfermera y empezó a llorar diciendo a la madre que no quería, y la madre le dijo: “cariño, si no vienen a ponértelo sino a quitártelo”. Tan metido estaba en el juego que ni se dio cuenta cuando le pincharon».

El que los niños estén entretenidos con sus videojuegos preferidos ayuda mucho a sus padres. Juan Carlos recuerda que los familiares del pequeño soportan un nivel de estrés muy grande durante el tratamiento de sus hijos y, por ello, hay veces en las que se sienten incapaces de hacerles disfrutar. Y esa capacidad la pueden suplir los juegos o los voluntarios que juegan con los niños en las salas multimedia de los hospitales.

Anestesia virtual

La doctora del Hospital Universitario de Getafe, María José Busto Martínez, y el profesor titular en Animación y Videojuegos de la Universidad Europea de Madrid, Joaquín Pérez Martín, son coautores del trabajo «Uso de los videojuegos en el tratamiento del dolor». Según la doctora, la clave de este fenómeno reside en la liberación de endorfinas, un neurotransmisor que bloquea el dolor. «Una forma de producir endorfinas y otros neurotransmisores relacionados con el bienestar es la visualización de imágenes placenteras o situaciones de éxito. Las endorfinas liberadas por la experiencia del juego tendrían un efecto inhibitorio sobre la acción de los neurotransmisores que activan el dolor», afirma la doctora.

Joaquín señala la interactividad de la que gozan los videojuegos para acaparar los sentidos del usuario: «Esa atención hace que se olviden de su realidad, del dolor que están experimentando, que sigue ahí, pero su cerebro está centrado en resolver el problema que se les plantea».

Siempre una sonrisa

Cuando Farah recibió la noticia del tipo de tratamiento de su hijo, una madre le diría unas palabras que quedarían grababas a fuego en su memoria: «A llorar a la ducha y, con tu hijo y con los demás, de ahora en adelante serás el pilar de toda tu familia y de tu hijo en general. Si tú sonríes él va a sonreír, si tú estás triste, él lo va a estar». Hoy, por fortuna, su hijo Óscar va a comenzar los últimos seis meses de tratamiento para superar su enfermedad. Sonreír frente a los problemas también se busca en Juegaterapia.

En su sede, ubicada en la calle Lagasta nº70, las familias junto a sus hijos pueden acudir siempre que quieran. Allí, tienen un saloncito con galletas listas para ser devoradas por los pequeños. Spiderman y el Capitán América son dos de los superhéroes, dibujados por los niños, que se encargan de custodiar el lugar. La sede sirve casi como una biblioteca donde los niños pueden intercambiar los juegos que ya no quieren por otros. Además, es un apoyo para muchos padres que necesitan a veces desahogarse de la presión que supone mantener frente a su hijo una sonrisa en la cara.

Las donaciones de particulares las reciben por medio de la empresa Envialia. Quien dona su juego o consola debe incorporar sus datos para que sepa cuándo ha sido entregada a su destinatario. Además de la donación, Juegaterapia organiza otros proyectos como «El Jardín de mi Hospi», una iniciativa en la que se busca aprovechar las azoteas de los hospitales y convertirlas en jardines recreativas para los niños.

El primero de ellos se inauguró en el Hospital Universitario de la Paz en 2013. Además, la oenegé ha llevado una cabo una campaña en la que venden muñecos pelones para concienciar a la gente sobre los niños que están en tratamiento para combatir su enfermedad. Se buscó a famosos para que participasen en la campaña y diseñaran los pañuelos que llevan los «babypelones».

En Juegaterapia llevan desde 2010 donando videoconsolas a los niños hospitalizados para hacer que sobrelleven mejor ellos y su familia los tratamientos que necesitan para superar su enfermedad. Están convencidos del bien que hacen los videojuegos a los pequeños porque como dice su lema: «la quimio jugando se pasa volando».

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