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Los «pulmones» del distrito de Moncloa-Aravaca

Unos dos tercios de la extensión que ocupa el distrito de Moncloa-Aravaca en el mapa aparecen coloreados de tonos verdosos. A pocos minutos de sus casas, sin ni siquiera salir de la ciudad, los madrileños tienen la posibilidad de escapar de sus vidas frenéticas y poder perderse en plena naturaleza. Montar en bicicleta, un paseo por el campo o una merienda sobre el césped al aire libre son algunas de las múltiples oportunidades que ofrecen la Casa de Campo, el Parque del Oeste y la Dehesa de la Villa. Todo un privilegio en tiempos de pandemia.

Casa de Campo

Domingo, once de la mañana. El aparcamiento de la Casa de Campo está completo. Aunque el día ha amanecido nublado y rozando los cero grados —es casi diciembre— decenas de personas se acercan a este gigantesco parque, de unas 1.723 hectáreas, para pasar el día. El centro de todas las miradas es su lago, ubicado junto a la entrada del Paseo de la Puerta del Ángel. Una niña se acerca temerosa a la valla para dejar caer trocitos de pan a sus habitantes: los patos. Esta divertida y tradicional actividad es todo un reclamo no solo para los más pequeños, sino también para los más mayores.

Personas alimentando a los patos del lago de la Casa de Campo (Foto: Marta Martínez)

Propiedad histórica de la Corona española y coto de caza de la realeza, la Casa de Campo fue cedida al Estado español en mayo de 1931, tras la proclamación de la Segunda República. Desde entonces forma parte del conjunto de parques públicos e históricos de la Comunidad de Madrid. En su interior se ubica el Parque de Atracciones, el Zoológico, diferentes recintos feriales propiedad de Ifema, el pabellón multiusos Madrid Arena, la venta del Batán, lugar donde permanecen los toros los días antes de su lidia en la Plaza de las Ventas, y el Teleférico, que concluye su recorrido en el Parque del Oeste. 

Al hablar de la Casa de Campo, es obligatorio mencionar la gran diversidad de actividades deportivas que pueden llevarse a cabo en su interior. El parque cuenta con instalaciones deportivas como pistas de tenis o una piscina pública, pero cabe resaltar los largos kilómetros de entorno natural en los que poder caminar, correr o montar en bici. La imaginación manda. Desde una trepidante expedición por sus bosques, un partido de fútbol improvisado en el campo de tierra o simplemente admirar las vistas desde uno de sus miradores. Para los amantes de los deportes acuáticos, en el lago se puede practicar piragüismo, kayak o remo, así como alquilar una barca en el embarcadero para navegar tranquilamente por sus aguas.

Y no todo es deporte. La Casa de Campo cuenta con merenderos, quioscos y bares donde poder tomar algo y comer, lo que la convierte en un punto de encuentro para familias, amigos y turistas.

Restaurante en la Casa de Campo (Foto: Marta Martínez)

Parque del Oeste

Entre la carretera de La Coruña, Ciudad Universitaria y Moncloa, a tan solo cinco minutos caminando desde la puerta del intercambiador de Moncloa, se encuentra ubicado el Parque del Oeste. 100 hectáreas de preciosos jardines verdes que hacen imposible imaginar que en sus terrenos se ubicaba el principal vertedero de basuras de la ciudad, antes del siglo XX.

Al entrar es fácil perderse entre sus arboledas y pequeñas colinas, perfectas para dar un paseo cual explorador, con el sonido del agua, del Arroyo de San Bernardino, como banda sonora. Primera parada: localizar las huellas que dejaron los combatientes durante la Guerra Civil española. El Parque del Oeste formó parte de las líneas de defensa y batalla del Frente de Ciudad Universitaria, y aún pueden verse algunos de los fortines donde los militares se protegían.

Fortines de la Guerra Civil en el Parque del Oeste (Foto: Marta Martínez)

El Paseo de Ruperto Chapí rompe la homogeneidad de la tierra y el césped con su asfalto pero, gracias a su peatonalización, se ha convertido en el lugar perfecto, tanto para adultos como niños, para realizar carreras sobre patines.

Otra particularidad de este histórico lugar son los múltiples monumentos y esculturas que esconde en su interior como por ejemplo el monumento al General San Martín, el monumento a Federico Rubio o el monumento a Miguel Hernández, entre otros. La lista es interminable. Además, este año ha sido recolocada la placa en honor a Cristina Ortiz La Veneno —ubicada en la esquina de la Calle Francisco y Jacinto con el Paseo de Camoens— tras haber sido arrancada. Muchos se acercan para depositar flores junto a ella y recordarla. 

Placa en honor a Cristina La Veneno en el Parque del Oeste (Foto: Marta Martínez)

Dehesa de la villa

La Dehesa de la Villa es otro de los tradicionales parques naturales históricos de la ciudad de Madrid. Situada entre Ciudad Universitaria y el barrio Valdezarza, su origen se remonta al siglo XII, cuando su tamaño llegó a alcanzar mil hectáreas, de las que en la actualidad apenas mantiene 62 hectáreas debido a la urbanización de muchos de sus terreros. Aún así son suficientes para perderse en su interior.

Interior de la Dehesa de la Villa (Foto: Marta Martínez)

A diferencia de los anteriores, la Dehesa de la Villa mantiene desde su origen su carácter de parque natural y zona forestal aunque se han habilitado zonas más llanas para ciclistas y corredores. La mayor parte de su orografía está compuesta por pequeñas colinas donde la única guía son los caminos de tierra que han ido surgiendo con el paso de los años. Muchas de sus subidas y bajadas son fruto de las viejas trincheras que los soldados de la batalla de Ciudad Universitaria construyeron como línea de defensa en la Guerra Civil.

Para los más perezosos, la mejor opción es escoger un buen libro y tumbarse bajo el sol sobre el césped en una de sus explanadas u organizar un picnic con familia o amigos, aunque con la condición de pasar por uno de sus miradores a contemplar las vistas. La gran ciudad por unos instantes se vuelve tan pequeña que el mundo parece paralizarse. 

Como despedida, un último vistazo desde el Cerro de los Locos. En la actualidad, solo queda una torre de telecomunicaciones grafiteada, el silencio y las vistas, pero en su día fue el punto de encuentro de toreros, boxeadores, deportistas y atletas, que acudían a este punto para entrenar hasta perder la cabeza.

Cerro de los Locos en la Dehesa de la Villa (Foto: Marta Martínez)

 

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