Incendios, desaparecidos o festivales: así actúa el único Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil

Parte de las instalaciones del Escuadrón de Caballería en Valdemoro (Foto: Sandra Palacios)

Cuando la pandemia todavía no gobernaba nuestras vidas, los aledaños del estadio Santiago Bernabéu se dibujaban con filas interminables de aficionados y numerosos agentes montados a caballo para controlar la seguridad. Esa imagen siempre se ha asociado a la Policía Nacional, pero lo que poca gente conoce es que la Comunidad de Madrid acoge al único Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil, ubicado en Valdemoro desde los años 80. Aunque no siempre fue así. Originalmente, estaba enclavado en la zona de Atocha, pero la expansión de la capital requirió de una nueva ubicación cerca del campo donde pudiera tener unas instalaciones mayores.

Esta Unidad, compuesta por 130 jinetes y 150 caballos, forma parte de uno de los nueve Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), pertenecientes a la Agrupación de Reserva y Seguridad (ARS), dependiendo directamente del coronel jefe de la ARS. Cada uno de estos grupos está situado estratégicamente en distintas ciudades españolas para poder desplazarse con mayor facilidad y rapidez cuando se requiera su servicio en algún punto específico de España. Esta sería, explican fuentes de la Benemérita, la principal razón por la que el Escuadrón de Caballería está emplazado en nuestra región.

Para poder desplazarse de forma autónoma y rápida a cualquier lugar de España, Mariano Bonilla, comandante jefe interino del Escuadrón, explica que disponen de «una flota de camiones adaptados para el traslado de caballos, personal y equipos, así como diferentes tipos de furgonetas y vehículos todo-terreno, con capacidad para desplazar, si fuera necesario, la totalidad del Escuadrón de manera simultánea».

Uno de los camiones que el Escuadrón de Caballería usa para desplazarse (Foto: Sandra Palacios)

«Desde hace 10 o 15 años solicitan con más frecuencia la presencia de nuestra Unidad», apunta Juan Miguel Perucho, capitán del Escuadrón de Caballería, pues sostiene que la sociedad es cada vez más consciente de que si usas el caballo en el medio adecuado es muy eficaz: «Un jinete equivale a 20 guardias a pie en labores de canalización».

¿En qué casos actúan?

El Escuadrón de Caballería lleva a cabo servicios de una tipología muy variada. Por un lado, realizan labores de restablecimiento del orden público y control de grandes concentraciones de masas, como en festivales o romerías –El Rocío-, en cuyos casos, actúan de manera conjunta y coordinada con las Unidades de Infantería. Por otro lado, se encargan de la protección y seguridad de altas personalidades, así como de la seguridad ciudadana. En este último caso, destaca la prevención de incendios forestales que, según señala el capitán Perucho, «es uno de los cometidos principales en el periodo estival». También participan en la protección y auxilio de peregrinos en el Camino de Santiago. Otra labor de seguridad ciudadana, es la vigilancia de zonas agrícolas y ganaderas en época de recolección debido a los delitos de robo, tanto del producto como de la maquinaría, que tienen lugar en las explotaciones. Por último, cabe señalar los servicios trasfronterizos en coordinación con la Gendarmería Nacional Francesa.

Una vez se encontraba el Escuadrón de Caballería prestando servicio a la Comandancia de Jaén en un dispositivo contra el robo en explotaciones agrícolas y ganaderas, cuando fue llamado para ayudar en la búsqueda del pequeño Gabriel, ya que otro de sus cometidos es la búsqueda y localización de personas desaparecidas, según explica el comandante Bonilla. «La caballería dada su posición predominante en altura, hace que se fijen más en los posibles detalles e indicios del desaparecido que pudiesen permanecer en el terreno; el acceso rápido a los espacios abruptos y de difícil accesibilidad, terrenos con alta y espesa vegetación ya sea herbácea, de matorral o arbórea y, si a esto le unimos la fatiga propia del personal que participa a pie en la búsqueda, hace que sea un medio más que importante, necesario, sobre todo en las cuarenta y ocho o setenta y dos primeras horas de la desaparición», expone.

Otro de los servicios de esta Unidad sería su participación en los principales actos militares, desfiles y recepciones protocolarias, como es el desfile del 12 de octubre. «La mayoría de los servicios que prestamos son operativos, en cambio la gente piensa que son protocolarios», señala el capitán Perucho, que además apunta que todos los años en estas mismas instalaciones organizan un concurso hípico nacional junto con la Federación Hípica Española, en el que se inscriben en torno a 200 caballos. «Llevamos 26 años organizándolo y lo inauguró la Infanta Elena, la cual participa todos los años», destaca el capitán mientras muestra a Madrilánea algunas fotos en el Salón de Sables, lugar donde imparten clases teóricas a los jinetes. Desde la llegada del coronavirus, no han podido realizar el concurso.

Entrenamiento y caballos

El Escuadrón de Caballería solo actúa cuando se le requiere. Mientras tanto, estos guardias civiles y sus equinos realizan entrenamientos en el cuartel. «La instrucción y doma de caballos es paulatina», explica el comandante Bonilla. Entonces, de una manera continua y progresiva se procede a la socialización del caballo con el ser humano y con su nuevo entorno de vida, para así pasar a una doma básica (genérica para cualquier caballo). Posteriormente, pasan a «una doma específica policial, con el paso de obstáculos, salto y trabajo integrado en unidad y, finalizando, casi en un periodo de un año, con la instrucción propia del servicio de orden público, acostumbrando al animal a estímulos más agresivos como puedan ser las detonaciones de artificios pirotécnicos, la permanencia en ambientes cargados de humo, paso de barricadas y sometimiento a otros estímulos, tanto auditivos como visuales, que se puedan encontrar en cualquier escenario durante el servicio policial», sostiene.

Cada guardia civil tiene adjudicado su propio caballo y esta asignación se hace con el fin de que el jinete y el caballo tengan la mayor afinidad posible. Para ello, se tienen en cuenta las peticiones de los propios agentes y las cualidades y temperamento del caballo.

«La limpieza, alimentación, cuidado y preparación del caballo para el servicio la realiza el propio personal de la Guardia Civil destinado en el Escuadrón», comenta el comandante Bonilla. El tema de la limpieza de las cuadras está externalizado y se encarga una empresa privada que se adjudica por concurso público.

Respecto al origen de los animales, la mayoría de los equinos son Pura Raza Española, pero también disponen de Deporte Español e Hispanoárabes. «La adquisición e incorporación de caballos al Escuadrón viene dada por tres vías: la compra, la donación y el convenio del Organismo Autónomo de Cría Caballar del Ministerio de Defensa con el Ministerio del Interior», expresa el alto mando. Las dos primeras vías se vienen usando menos en la última década. El objetivo es fijar un patrón morfológico lo más uniforme posible: «En la fecha de adquisición, los caballos deben tener más de tres años y no más de seis, una alzada mayor de 163 cm, ser dóciles y vistosos, y superar un examen veterinario».

«La vida de servicio del caballo del Escuadrón de Caballería, haciendo una media, viene siendo de unos quince años», explica el comandante. En general, se suelen proponer para ser jubilados a los veinte años. Aunque, pueden ser dados de baja por otras razones, como lesiones o algún tipo de enfermedad que no les permita realizar el servicio. El 10% se renueva anualmente.

Una vez que la baja ha sido autorizada, la Guardia Civil inicia un expediente de donación en coordinación con asociaciones protectoras de animales sin ánimo de lucro, «que se encargan de buscarles adoptantes que garanticen que van a estar bien atendidos y cuidados en su bien merecida jubilación», sostiene el comandante.

Formación de jinetes

Para ingresar en el Escuadrón de Caballería, el guardia civil aspirante tiene que pasar por un proceso de selección en el que se incluyen pruebas físicas, psicotécnicas y ecuestres. «Quienes sean seleccionados, deben superar un curso de formación básico de cinco semanas de duración, donde los contenidos son eminentemente prácticos, sobre una base general de equitación. Una vez superado el curso, dichos especialistas obtienen el correspondiente diploma, pudiendo pasar a formar parte de la Unidad, donde finalizan su proceso formativo», explica Bonilla.

«El tiempo mínimo de permanencia en la especialidad es de cuatro años. El especialista ha de superar cada año un plan de adiestramiento y demostrar que mantiene la necesaria aptitud física y técnica para permanecer aquí», continúa exponiendo el comandante. Si el guardia civil no superase las pruebas durante dos años consecutivos, sería dado de baja tanto en la Unidad como en la especialidad.

El Escuadrón cuenta con un área de Instrucción y Enseñanza que se encarga del adiestramiento continuo de la Unidad, «tanto de la instrucción ecuestre del personal como de la doma del ganado», apunta Bonilla. Este mismo personal es el encargado de impartir los cursos de especialización para acceder al puesto. «Para completar la preparación del personal del Escuadrón, el Ministerio de Defensa, expide a los guardias civiles las siguientes titulaciones: profesor, instructor y monitor de equitación, curso de herradores y curso de desbravador –adiestrador- de potros», concluye.

Historia del Escuadrón de Caballería

Los orígenes de esta institución se remontan a 1844, con el Duque de Ahumada al frente. Por aquel entonces, «el caballo está presente en el servicio diario de la Guardia Civil como medio fundamental de una de las dos únicas especialidades de las que se componía el Cuerpo, coexistiendo dos armas fundamentales: Infantería y Caballería», cuenta el comandante Mariano Bonilla. Las Unidades de Caballería estuvieron presentes en todo el territorio nacional, así como en las provincias de ultramar (Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Filipinas).

«Durante el primer tercio del siglo XX, y debido al incremento de la conflictividad social en España, la Caballería adquirió una importancia mayor en el servicio de la Guardia Civil», expone Bonilla. Terminada la Guerra Civil Española, se integraron la Infantería y Caballería en una sola, desapareciendo la Caballería como tal. El caballo se mantuvo como un elemento más de transporte en los Puestos y Destacamentos de la Guardia Civil. Esta decisión provocó la paulatina desaparición de la Guardia Civil a caballo en el paisaje de la geografía española.

A pesar de ello, el alto mando señala que quedó como representante de las Unidades de Caballería un Escuadrón ubicado en Madrid que fue creado en 1934 en el seno del 14º Tercio. «Este fue vinculado en 1958 en la 1ª Comandancia Móvil, compatibilizando su misión como Fuerza de Orden Público con la propia de una Unidad de Honores», comenta.

A partir de entonces, concentraron en el Escuadrón los caballos que permanecían desplegados por toda España. Esta acción quedaría concluida a finales de 1988, fecha en la que ya había sido trasladado a la localidad madrileña de Valdemoro. «En el año 1998, el Escuadrón de Caballería pasará a depender directamente del coronel jefe de la ARS, ya con entidad de grupo, manteniendo por tanto hasta fechas actuales del Siglo XXI dicha conformación singular, ya integrada en una Unidad Superior de espíritu y estructura de Unidad de Control de Masas», concluye Bonilla.

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