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Tragedia de un sueño frustrado

El teatro Infanta Isabel ofrece una adaptación del clásico de Arthur Miller ‘Muerte de un Viajante’, en cartelera hasta este domingo

 

Imanol Arias interpretando a Willy Loman | Sergio Parra

Cuando Arthur Miller escribió la obra teatral ‘Muerte de un Viajante’ en 1949, su Estados Unidos natal vivía un apogeo económico sin precedentes. Tras la II Guerra Mundial, el Tío Sam se convirtió en el principal actor económico y político del globo, una tierra de oportunidades que llamaba a aventureros y valientes a gestar el “sueño americano”.

Pero la realidad es que la mayoría de los que lo intentaron, como el protagonista de la obra Willy Loman -interpretado por Imanol Arias-, obtuvieron un resultado diferente al esperado. Setenta años después de su estreno, el teatro Infanta Isabel ofrece una adaptación del clásico bajo la dirección de Rubén Szuchmacher y un elenco de grandes actores con experiencia previa en el medio que reluce en el escenario.

Una hora antes del inicio, una veintena de espectadores se amontonaban bajo los soportales de la calle Barquillo para resguardarse de la lluvia, a la entrada del teatro. Desde grupos de jóvenes estudiantes con uniforme escolar a parejas de ancianos, todos compartieron una expectación que se manifestó en forma de aplausos para los integrantes de la obra que llegaban progresivamente.

Jon Arias (izquierda), Imanol Arias (centro) y Carlos Serrano-Clark (derecha) en una de las actuaciones | Sergio Parra

Aunque hayan pasado siete décadas desde su estreno, la mentalidad de los personajes refleja dos concepciones de la vida vigentes en la actualidad. El protagonista, Willy Loman, es un comercial de más de 60 años al que le cuesta, cada vez más, recorrer los cientos de kilómetros que le separan de facturar lo justo, en el mejor de los casos, para llegar a fin de mes. A partir de flashbacks, se nos muestra a un hombre con altura de miras, cuyo fin no era otro que demostrar su valía y conseguir el reconocimiento y prestigio que para él supone el éxito, destacar.

Su hijo mayor Bill, interpretado por Jon Arias, vuelve del oeste y decide buscar un trabajo más estable en contra de sus deseos para ayudar a su padre, con el que mantienen una relación complicada. Al contrario que su hermano menor Happy, interpretado por Carlos Serrano-Clark, Bill no concibe el éxito del mismo modo que su padre, no busca un puesto como directivo ni aumentar su prestigio o capacidad económica. Él es feliz con una vida tranquila en el campo, cuidando de los animales y embarrándose si es necesario, aunque la retribución económica sea mínima.

En el caso del protagonista, su orgullo le impide ver que aquel sueño de obtener riquezas y notoriedad nunca se podrá realizar y que lo único que ha conseguido es verse impedido y dependiente, sin ningún tipo de reconocimiento por sus años de trabajo. Los fantasmas de este pasado se manifiestan a través de alucinaciones donde habla con su hermano Bernard, interpretado por Fran Calvo, y los sucesivos intentos de acabar con su vida.

Cristina de Inza e Imanol Arias durante la obra | Sergio Parra

La calidad de las interpretaciones es una constante, permitiendo que las transiciones entre líneas temporales fluyan de forma natural a través de la actuación de Imanol Arias. La puesta en escena, sobria pero eficaz, nos transporta al Brooklyn de los años 50 con unos diálogos naturalistas que podrían escucharse en cualquier hogar medio madrileño. A pesar de los momentos de oxígeno, donde el espectador puede permitirse una risa esporádica, el tono general de la obra es claramente trágico, sin paliativos. La dureza de ver a un hombre autodestruirse ante la impotencia de no cumplir con sus expectativas no deja lugar a interpretaciones, solo tristeza

El último acto muestra la división de los dos hermanos enfrentados ante la tumba de su padre. Bill decide asumir que no es más que un peón en un mundo demasiado complejo, donde el valor de la vida va más allá del estatus socioeconómico y la única solución es aceptarlo y  vivir feliz con lo que uno tiene. Sin embargo, Happy opta por continuar con el sueño de su padre, prometiéndose a sí mismo triunfar o morir en el intento. Y como él son muchos los que siguen encomendándose un propósito prácticamente irrealizable, sin detenerse en lo que realmente importa para ser feliz, por mucho que pasen los años.

Un comentario en «Tragedia de un sueño frustrado»

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