La libertad del arte no contempla limitaciones

«Bienvenida, pasa. Si quieres te puedo explicar», comenta Ali a una chica que entraba a ver la exposición de ‘Mujer y discapacidad’, ubicada en el cuarto piso de CentroCentro por Plaza de Cibeles. Es la octava edición de la Bienal de Arte Contemporáneo organizada por la Fundación ONCE, en donde su mayor reconocimiento, después de tener retrasos por el largo periodo de pandemia, es abrirle nuevamente espacio a lo inclusivo. 

La exhibición de arte está bajo la mirada de mujeres reales, fuertes, valientes, inteligentes, pero sobre todo, artistas. El lugar pretende fusionar el arte con la vinculación de la igualdad y convivencia de todo ser humano en la sociedad. «Mi vínculo está con mi hermano Alfonso, es dos años menor que yo, él ha nacido con nosotros visto de algo muy natural, por lo que ha sido parte de mi vida y no lo considero de otra manera, nos han educado de la misma forma, no tiene por qué ser diferente», menciona Ana Pérez, artista y participe de la exposición.

Obra por Jenni-Juulia Wallinheimo // Fotografía por: María Camila Triana

Esta mujer de 55 años estudió bellas artes en la Universidad Complutense de Madrid, supo que su pasión era la escultura y pintura. Sin embargo, nada le generaba más emoción que enseñarle a su hermano y aprender de él. Alfonso, desde pequeño tiene una enfermedad degenerativa de un 80%, desde entonces Ana encontró otra vocación cómo lo es la pedagogía. «Fue casi de forma inconsciente según iba aprendiendo yo, yo le iba enseñando». 

Aquella chica que iba mirando las obras, se topa con un vitrina, en la que adentro había un libro; la tonalidad de las hojas eran amarillentas y los dibujos que contenía estaban bordados a mano. El nombre de la exposición estaba titulado ‘formas que dibujan otras formas’ por Ana. «Decidí enseñarle a mi hermano a escribir y leer para que reconociera las formas y las letras, entonces llega un punto donde puede sujetar un lápiz y sabe escribir el abecedario (…) siempre he pensado que las manos son el segundo cerebro»

La obra de esta mujer recorre principalmente una cosa, no dejar la curiosidad y entender el aprendizaje que tenemos a diario. «¿Por qué bordar? Porque es un proceso lento y el proceso de la enseñanza es así en general. No solamente el de mi hermano, sino el de aprender de la vida, estamos corriendo tanto y tan prisa, que no nos detenemos a hacer lo que nos gusta». El libro expuesto por la artista pretende mostrar con páginas incrustadas las hojas pintadas -pero bordadas por ella-  de los mismos elementos pero representados por su hermano. «Son tan certeros, estamos en igualdad de condiciones, él ve la forma que lo tiene y yo la mía, aquí no se trata de demostrar ni quién tiene más habilidad o cual de los dos es mejor. La palabra “otras” en el título de mi obra no es ni diferente, ni distinta, ni mejor, ni peor, es lo que es».

Obra de la artista Ana Pérez // Fotografía extraída del catálogo de la Bienal – Fundación ONCE

La prótesis del pensamiento humano

La próxima obra de arte que ella vería son 7 piezas entre imágenes y cajas talladas con arte Europeo, en ellas abordan diferentes prótesis sociales que ‘encriptan’ las relaciones humanas. La artista Clara Carvajal explica: «Es un mecanismo de ideas y creencias que nos ayuda a entender el mundo que nos rodea, no como un mero dispositivo que nos ayuda a oír mejor o andar mejor, es una prótesis cultural que se construye día día». Cada elemento compone prótesis de lo social, cómo es el sexo la prótesis del amor, la justicia de la dominación, la religión de la muerte o la cultura de la guerra. 

Clara tiene un problema auditivo, es artista y ningún elemento moldeable debería hacerla cambiar dentro de las interacciones sociales. Su obra ‘La argucia de lo humano: prótesis sociales y otros dispositivos’, pretende mostrar que el mundo está rodeado de implantaciones que a lo largo de la vida nos han impuesto como el actuar bien en colectividad.

Obra de Clara Carvajal sobre los conceptos culturales del amor, la justicia, religión y cultura // Fotografía por: María Camila Triana

Tratar un tema como lo es la discapacidad puede que para algunos no sea fácil, pero se pone el límite de creer que es diferente. «La discapacidad es una discusión que está a la orden del día, tanto ellos como yo somos personas que vivimos en el día a día y que nos interesa utilizar los términos correctos y a veces no sabemos ni cómo hacerlo, por eso, entiendo que este tipo de exposiciones son fundamentales porque a pesar de todo hay un vacío de desinformación», menciona María asistente a la exhibición.

Aquí no solo se trata de mostrar a las más de 50 obras de mujeres artistas, en las que el 70% de ellas tienen alguna discapacidad, y otras que mantienen un vínculo cercano con el tema, sino visualizar los estereotipos dejando de lado la estética del cuerpo y pensar más  es los accesos de la igualdad y derechos humanos. Así lo explica Maite Barrera comisaria de la exposición: «No son piezas pensadas para ser expuestas, sino que es su propia esencia, es excepcional poder ver el interior y apreciar cómo ha sido creada, además es arte efímero de este modo tiene más posibilidades de proyección para transformar el discurso».

Exhibición de arte ‘Mujer y discapacidad’ // Fotografía por: María Camila Triana

El lenguaje del cuerpo anatómico

Cuando se habla del discurso, no se puede evitar dejar de ver la obra de Bárbara Muriel, 3 fragmentos de obra expuesta bajo una manta de hospital bordada por ella y siendo ilustración de una parte de su cuerpo; las resonancias magnéticas de su cabeza. «Problematizo el cuerpo desde el mío propio siendo un registro visual de la medicina y desplazando hacia mi identificación subjetiva con ellas, en una experiencia de autorretrato», menciona.

Entre sus mayores referentes están las mujeres de su familia, las santas barrocas, el lenguaje de la clínica y de la botánica, y la teoría crítica feminista. Por lo que reconoce que sus obras van con un sentido crítico político. «Determina una división de los cuerpos en función de si estos son aptos para participar en el proceso productivo, y por tanto pueden ser considerados normales, o de si, por el contrario, no son productivos para el sistema capitalista. Es una lógica muy vinculada a la industrialización, y en particular a la relación del cuerpo del obrero con el funcionamiento de la máquina de la fábrica», afirma Muriel.

Apasionada por el feminismo apropia su imagen clínica desde una manera de observación íntima de su proceso. En ellas intenta ver las formas humanas de sus resonancias que se van hibridando en grandes flores de colores vibrantes poniendo en cuestión los saberes, el cuerpo, la delicadeza y fragilidad. 

«Este conflicto únicamente puede empezar a resolverse reconociendo el capacitismo sistémico y el privilegio de la capacidad. Cuestionarlo del mismo modo que se han cuestionado el género, la clase o la raza, articulando una ordenación política fuerte que tome como eje fundamental esa fragilidad común», expone.

Obra por Bárbara Muriel // Fotografía por: María Camila Triana

Del mismo modo, la idea no solo es de incorporar el cuerpo sino de alguna forma la crítica al pensamiento idealista, por medio de las obras, están dejando un mensaje de construcción social cómo fin de la interpretación propia de cada asistente. Bárbara concluye que «lo mejor de exponer tu trabajo es justamente eso, darle espacio al diálogo inesperado». 

«Espero que hayas disfrutado de las obras», menciona Ali a la asistente de la exposición VIII Bienal de Arte Contemporáneo, dando por finalizado su recorrido. Las pinceladas marcan la vida de las personas, por ello, ellas relatan desde lo más íntimo y humano el amor por la profesión. La exhibición podrá ser disfrutada hasta el 29 de enero del 2023, a la espera de un público sin límite de espacios, conceptos, y sin prisa en el tiempo.

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