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Preferir vivir en la calle antes que en un centro de acogida

Las cifras del sinhogarismo aumentan en toda España

El día es largo y la noche fría para aquellos como Basilio que viven en la calle. Él tiene 51 años y hace siete que vive sin techo. Los últimos meses los ha habitado en una acera detrás de la estación Cartagena, a unos cuantos pasos del Abba, un hotel cuatro estrellas.

Su voz es débil y su dentadura escasa. Desde su catre, le cuesta hacerse oír por encima de la radio portátil que le ofrece compañía todo el día. Es de origen rumano y llegó a España 25 años atrás para dedicarse a la mano de obra en construcciones hasta que, por problemas económicos, se quedó sin hogar. Aquí no tiene familiares, y perdió el contacto con los que dejó en Rumanía.

La residencia de Basilio | Andrés Gerlotti Slusnys

Come con regularidad, aunque su dieta suele estar determinada por lo que pueda conseguir en la basura, o lo que algún samaritano le regale. Otras veces, cuando le alcanza el ánimo, se instala en la puerta de alguna iglesia para pedir dinero y, con los dos o tres euros que puede recolectar en un día, se financia el pan fresco.

Sus pies descalzos están hinchados y el vendaje sucio que los cubre no alcanza para tapar las heridas en carne viva ni evitar el contacto con las moscas que buscan alimento. Sufrió un infarto hace un par de meses, y cuenta que la llamada que alguien hizo al Samur le salvó la vida. Él quisiera buscar ocupación, pero se siente incapaz por su estado de deterioro. «No te coge nadie; si tuvieras que conseguir a alguien para un trabajo, ¿contratarías a un enfermo?», pregunta con ironía. Cabizbajo, admite que le cuesta ver una salida a su situación.

Cuando llueve, Basilio se refugia en una tienda abierta 24 horas al día | Andrés Gerlotti Slusnys

En Madrid existen numerosos centros de acogida para que personas como Basilio no tengan que vivir en esas condiciones, pero él evita acercarse a esos refugios. Prefiere dormir a cielo abierto antes que compartir habitación con desconocidos, porque, según su experiencia, esos lugares están llenos de alcohólicos, drogadictos y ladrones, mientras que a la intemperie no se cruza con gente problemática que se meta con él ni toque sus pertenencias.

Si bien no es lo común, tampoco es extraño que en los albergues del Ayuntamiento como en los que Basilio se alojó haya conflictos entre huéspedes, pues muchos de los individuos que son referidos allí suelen acarrear consigo problemas de adicciones o psicológicos, según auxiliares consultados en el Centro de Acogida San Isidro. Incluso, en algunas ocasiones, aunque pocas, ha habido incidencias con el personal. Uno de los problemas a los que se enfrentan los trabajadores del Centro es la dimensión de este, al considerar que, de ser más pequeño o incrementar su plantilla, se podría ofrecer ayuda de mayor calidad a cada caso. Actualmente residen allí alrededor de 300 personas.

Por cada 100.000 habitantes hay 86 personas sin hogar en España | Andrés Gerlotti Slusnys

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado este año un informe en el que se habla de al menos 28.000 personas sin hogar en España, evidenciando un aumento del 25 % con respecto al último estudio de este tipo, realizado diez años atrás. Sin embargo, la población que carece de hogar es aun mayor, ya que el número aportado por el INE se basa nada más en las personas mayores de 18 años que han sido usuarios de centros asistenciales ubicados en municipios de más de 20.000 habitantes y que fueron consultadas durante las semanas de la investigación. Los números que maneja Cáritas demuestran la falta de información; sólo en 2021 la organización atendió a más de 37.000 personas en situación de calle.

Según el INE El 50,1% de las personas sin hogar tiene nacionalidad española y el 49,9% extranjera  | Andrés Gerlotti Slusnys

El reto de la Administración reside en recopilar información fiable que le permita tomar decisiones acertadas y crear políticas ajustadas a la realidad para que personas sin hogar puedan salir de la calle y restaurar sus vidas dignamente, garantizando la seguridad y la salud. Mientras tanto, para aquellos como Basilio que prefieren quedarse fuera del sistema, existen los Equipos de Calle, cuadrillas encargadas de recorrer los distritos de Madrid para asegurarse de que todos reciban la atención necesaria.

Basilio se mueve con dificultad y le duele caminar, pero en las tardes, cuando baja la temperatura, hace el esfuerzo de calzarse los zapatos y desplazarse hasta el intercambiador de Avenida de América para protegerse del frío. Allí pasa horas dormitando en algún asiento, como si se tratase de un pasajero cualquiera que espera por la llegada de su autobús. A la 1:30, cuando cierre la estación, será hora de que regrese a su camastro.

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