La comunidad artística madrileña se asienta en Carabanchel: «Odiamos que nos llamen el nuevo Soho»

No les gusta que les cuelguen etiquetas ‘cool’ ni neologismos importados de otros barrios extranjeros que se modernizaron siguiendo la estela artística. En menos de diez años, Carabanchel ha pasado de ser un barrio industrial a uno de los actuales epicentros de creación artística

Mural de Salvador Dalí a base de latas recicladas | PhotoAlquimia

En la intersección entre la Avenida de Pedro Díez y la Calle de Matilde Hernández un mural con la intensa mirada de Dalí vigila a todo aquel que se adentra en el Polígono ISO. El mural, formado por latas que han reciclado los vecinos bajo las directrices de PhotoAlquimia, representa aquello que ocurre dentro de las naves industriales que abundan en la zona: una comunidad artística que no para de crecer en el barrio de Carabanchel.

El ‘Dalí enlatado’ se sitúa encima de Matilda, un local de ensayo, estudio de grabación y cafetería que lleva más de 20 años en la zona. «Fueron junto a Gruta 77 los primeros en montar sus locales y negocios artísticos en Carabanchel. Gracias a que ellos dieron el primer paso el resto de los artistas ahora estamos aquí», explica Julen Bravo, vecino y dueño de La Refiná, una ‘taberna con alma’ al estilo andaluz que ha abierto sus puertas a principios de noviembre. «Es evidente que el barrio está cambiando y hay un movimiento cultural latente, no para de crecer con el paso de los años y más jóvenes se están aventurando a abrir locales de ocio en Carabanchel en vez de Chueca o Malasaña, como nosotros o la Cervecería Patanel», comenta el hostelero. «De hecho odiamos que nos comparen con estos barrios, o que nos pongan el apellido de que somos el nuevo Soho o el Brooklyn madrileño», añade Bravo ante las comparaciones que hacen sobre el barrio.

Al caer la noche en su restaurante, las tapas y bebidas se aderezan con música en directo de artistas del barrio: «Es lo bueno de esta comunidad, que te agradece que abras sitios distintos como estos, te retroalimentan y nutren el restaurante. Nosotros por las noches hacemos música en directo y son los propios clientes los que nos piden un hueco para poder tocar», apunta Bravo. Siguiendo la estela de las salas de ensayo o las galerías, el local donde se encuentra ahora La Refiná era antes una nave de alquiler de maquinaria de obra. «Las naves vacías están desapareciendo, todos estamos aprovechando sus amplios locales. El Carabanchel industrial de los ochenta se ha quedado a años luz de lo que es ahora».

El Polígono ISO: donde el trabajo se hace arte

La gran parte de sinergias artísticas del barrio se concentran en torno a una nave que ocupa unos 12.000 metros cuadrados: el Polígono ISO. Fundado en los años 50, era una zona que contenía naves industriales para imprentas, talleres, manufacturas textiles o fábricas como en las que se creaba el isocarro, un vehículo de tres ruedas. Isabel Gómez, vecina que ha crecido en el barrio y ha visto su cambio, cuenta que aquello se desinfló por la crisis, el traslado a la periferia y la inserción de lo digital. «La mayoría de las actividades en las naves eran puramente industriales. Se fueron abandonando estos espacios y ahora por suerte se han recuperado por artistas».

Tras el progresivo cierre industrial en la década de los 90, el polígono se ha convertido en foco de un gran movimiento creativo al que se han sumado más de 130 artistas distribuidos en 40 estudios, talleres de artesanía y espacios creativos. Ejemplos de esto son Mala Fama, Nave Oporto o Photoalquimia Studio. «Ahora da gusto pasear por el barrio, está lleno de vida, de jóvenes y de risas. Hace cinco años esto parecía un barrio fantasma», comenta la vecina.

El motivo común de creadores, galerías, estudios y alguna escuela como el Instituto Europeo de Diseño para instalarse en estos edificios ha sido el atractivo de los locales con amplios espacios diáfanos y llenos de luz natural. Galería Belmonte ha sido la última en llegar, abrió sus puertas en plena pandemia, pero se instaló en el barrio en septiembre. Las galeristas, Sol Abaurrea y Ana Coronel de Palma, decidieron probar suerte en Carabanchel tras ver el antiguo abrevadero de vacas donde se encuentra ahora su exposición y el almacén: «Nos gustó desde el principio por el jardín, el techo que es muy alto y los ventanales que ofrecen mucha luz. Decidimos mantener un poco la estructura del abrevadero en la parte de la oficina y en el almacén. Encontrar espacios así es en el centro es complicado, además del movimiento natural que están teniendo los artistas de alejarse del centro y buscar espacios más grandes», explica Abaurrea.

Algo similar le ocurrió a Fer Francés, dueño de Veta Galería, hace un año cuando se topó con un local enorme abandonado que antiguamente albergaba una fábrica de cocinas. Ahora, en vez de cocinas, el suelo de la nave está cubierto de arena de playa y las paredes repletas de obras de Santiago Ydañezen, ventanas que te transportan al costumbrismo de las playas americanas de los años 50. «En mi antiguo local en Malasaña todo esto que estáis viendo sería imposible de montar. El espacio, la amplitud y la facilidad de tener el almacén junto a la exposición no es algo con lo que puedan contar todos los galeristas de Madrid», explica Francés mientras se detiene a observar a dos jóvenes que surfean una ola en una playa de California.

«Vivero de artistas» para proteger la cultura

Ahora, y en la otra cara de la moneda, los artistas asentados en el barrio de Carabanchel temen que la comunidad cultural que han formado en los últimos ocho años acabe siendo presa de la gentrificación y masificación. «Cuando llegamos nosotras el tejido artístico ya estaba montado y ahora es difícil meter la cabeza, por así decirlo», explican Sol Abaurrea y Ana Coronel de Palma. Según datos de ‘Expansión’, en el último año el m² en Carabanchel se ha encarecido un 11% con respecto a 2021, siguiendo la estela de barrios como Moncloa (12,2%), Chamberí (12,1%), Retiro (13,1%) o el distrito Centro (17,7%).

Juan Luis Nieto, o Indio como se le conoce en el barrio, es el portavoz de la Asociación Carabanchel Distrito Cultural, dueño de Gruta 77 y quien más conoce la situación del barrio y el peligro próximo de la gentrificación. «Nos da miedo ver que cada solar que había vacío o cada edificio en desuso se está reconvirtiendo en vivienda, y que los artistas nos quedemos sin espacio. Cuando llegó Gruta 77 no había nada a los cuatro costados del local, y ahora estamos rodeados de edificios de vivienda. A partir de ahí nosotros hemos sugerido al Ayuntamiento y a Urbanismo que intente proteger el espacio cultural del Polígono ISO», detalla Indio, quien ha enviado al Ayuntamiento una propuesta para construir un «vivero de artistas» donde se puedan cultivar las artes y darlas proyección. Por su parte, ellos han preparado el movimiento #CarabanchelContemporáneo, un mapa que recoge las galerías y estudios de la zona para dar voz y eco a la cultura, y evitar que las viviendas «devoren el núcleo cultural del barrio».

 

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