Franquicias multinacionales de comida rápida aterrizan en el Paseo de Extremadura

La llegada de un recién inaugurado KFC y la próxima apertura de un McDonald’s dividen a la población de un barrio que se debate entre la evolución propia de un barrio moderno y  una zancadilla a los bares «de toda la vida»

Próxima apertura del McDonald's en el Paseo de Extremadura
Obras dedicadas a la próxima apertura del McDonald’s en el Paseo de Extremadura | Javiera Vercelotti

Es mediodía y los escasos rayos de sol iluminan vagamente una inmensa tela de color verde que recubre la parte baja de un edificio entero. A través de los huecos se pueden ver andamios y una estructura que parece casi un esqueleto: lo están reformando todo. La remodelación será importante. También se puede ver a varios obreros trabajar arduamente: bajan, suben y levantan materiales y herramientas típicos de una obra. Arriba del todo, agitándose por el viento invernal, tras una tela semitransparente que desvela el secreto, se asoma una gran ‘M’ de color amarillo que no necesita mayor presentación. Sólo un alien no sería capaz de reconocerla. Se trata del inconfundible logo de un McDonald ‘s, y no sólo eso, además asegura que será «el más moderno de España» en una calle que no es la Gran Vía ni la Castellana, sino el Paseo de Extremadura

«El paseo», como es llamado coloquialmente, es un sector que desde hace algunos años, tras iniciarse el proceso de gentrificación, comenzó a ser llamado por sus propios vecinos como el ‘Brooklyn español‘ por encontrarse al otro lado del río Manzanares y haber comenzado a generar un ambiente bohemio tal y como el del barrio estadounidense. Hoy, varios años después del inicio de esta transformación, los vecinos acusan el incremento abusivo del coste de la vida en el barrio. «Se está convirtiendo poco a poco en el nuevo Chueca o Lavapiés», acusa Marta, vecina del lugar desde hace más de 30 años. Pero no es sólo el precio de los alquileres lo que está cambiando a un ritmo acelerado, sino que también el pequeño comercio: «Donde antes había talleres, carpinterías o zapaterías ahora hay franquicias o tiendas que antes no encontrabas en un barrio como este», asegura Víctor, otro vecino del lugar. La reciente llegada del KFC y la inminente apertura del McDonald’s, conocidas franquicias multinacionales estadounidenses de comida rápida, son el claro ejemplo de una transformación «irrefrenable», cuyas consecuencias están siendo valoradas por los vecinos y la restauración local. 

«Hay que adaptarse», afirma convencido Víctor, dueño del bar ‘Bruclin Madrid’ desde hace un año y medio, y vecino del barrio desde hace décadas. «Se está produciendo un crecimiento imparable y el barrio está cambiando. Antes era un barrio obrero, hoy es otra cosa», asegura con resignación. A pesar de no llevar mucho tiempo, su bar se encasilla dentro de la categoría de «bares de toda la vida», donde ofrece desde un pincho de tortilla hasta croquetas, un clásico sándwich o un menú del día. Su dueño cuenta a Madrilánea cómo tuvo que modificar incluso el horario de apertura del local, que pasó de ser el día entero a abrir sólo por la noche. «Esta calle estaba llena de restaurantes, había muchos gallegos, pero poco a poco empezó a decaer… Era una restauración muy anticuada». De los gallegos que Víctor menciona, hoy sólo queda uno, «El Chacón». 

Bar ‘Bruclin Madrid’ a la izq. y bar ‘El Chacón’ a la derecha | Javiera Vercelotti

Rafael es otro vecino del barrio y dueño de ‘Sonko Gastrobar’, especializado en comida peruana. Su restaurante lleva apenas dos meses abierto, y asegura encontrarse intranquilo con la apertura de las franquicias. «En parte me preocupa, se notará en la clientela». Asimismo, Rafael apunta como uno de los principales responsables al incremento del precio de los alquileres de los locales, «el que tiene dinero es el que puede alquilar, y en este caso son las franquicias», asevera. 

El fin del estancamiento

Sin embargo, no todas las visiones son negativas, hay quienes ven en la llegada de las franquicias una oportunidad para generar movimiento y poner fin al estancamiento económico que llevan viviendo desde incluso antes de la pandemia. 

«Hace veinte años el Paseo de Extremadura era una calle estupenda, no tenía nada que envidiar a la Gran Vía», afirma Pilar, dueña de ‘La Fresca del Paseo’, cuya apertura se inició con dificultad antes de la llegada del COVID19. «Sin embargo -asegura- la calidad del servicio ha bajado muchísimo. Lo que falta aquí es que se mueva este barrio. Hace falta ese McDonald ‘s, ese KFC de allí abajo, y hasta un Zara si me apuras», afirma convencida. En la misma línea se encuentra Juan José, dueño de ‘La Herradura’, quien cree que el impacto de las franquicias en el barrio será sin dudas positivo, «Entre más comercio mejor, va a venir mucha gente». Además se muestra confiado e inequívoco al asegurar que no percibe competencia, «Esas franquicias se dedican a una comida específica, aquí pueden comer lo que quieran», apuntala. Su seguridad no es algo único, sino que parece ser la voz cantante de los bares más antiguos del barrio. «Tenemos nuestra clientela del barrio de toda la vida, a nosotros no nos va a repercutir. A esos comercios irá gente joven del instituto», reza el dueño del bar ‘El Coto’, dedicado a la restauración en el lugar desde hace 50 años. 

El momento de los jóvenes

Marisa y Ricardo son un matrimonio que lleva más de sesenta años viviendo en el barrio, y aunque aseguran que ya no están «en edad de tomar hamburguesas», afirman encontrarse satisfechos con la llegada de las franquicias. «Son para la gente joven. Ellos no tienen nada aquí que sea para ellos. Todo lo que sea diversidad está bien», aunque reconocen que ellos seguirán yendo a los bares de toda la vida. 

Tal y como señalan Marisa y Ricardo, la llegada de locales de comida rápida parece complacer concretamente a la población más joven, entre quienes los precios suponen un factor importante a la hora de decidir dónde comer o cenar, «yo sí iré porque son baratos y no tengo apenas dinero», sostiene Alba, una joven de 17 años que baja a toda prisa por «el Paseo».  Una opinión similar sostiene Marta, una joven de 27 años que cree «también deben tener en cuenta lo que demanda el público porque hay que evolucionar y un McDonald ‘s va a ayudar a rejuvenecer el barrio».

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