El sabor latinoamericano de un bar irlandés


Se llama Taberna Irlandesa, el menú es español y la música de fondo casi siempre es bachata o merengue. Dos encargadas explican la mezcla cultural de este barrio de Canillejas

Están las cañas y el cafelito de la tarde. Por A. Fernández

La fachada dice Taberna Irlandesa, en la cartelera del menú figura una cerveza española y de sonido ambiente una bachata dominicana. Nada tiene sentido hasta que se cruza la puerta de madera y aparece una dominicana dando órdenes y una ecuatoriana detrás de la barra atendiendo a los clientes. Ellas son dos de las cuatro encargadas latinas de un bar que de irlandés sólo tiene el nombre.

Alejandra discute con un parroquiano. Le está sacando de sus casillas. Aunque ella lleve 25 de sus 33 años residiendo en España, su acento dominicano es inequívoco. Llega a la barra con cara de pocos amigos después de la discusión con el cliente. Marta, su compañera ecuatoriana, trata de calmarla y le dice que la están esperando para una entrevista.

Estamos en crisis. ¿Tú no me irás a cobrar por esto?, -le pregunta a la periodista. Ya se han presentado varios queriendo cobrar por publicar artículos acerca de la taberna-.Todo el mundo viene a cobrar.

Alejandra Rodríguez, piel morena, cabello recogido y suéter de rayas, lleva nueve años trabajando en la Taberna Irlandesa de la calle Alcalá, en Canillejas. Vive en Alcalá de Henares y comenzó a trabajar aquí después de ver un anuncio en un periódico. Llamó, la contrataron y comenzó como camarera.

La bachata que se escucha de fondo cambia por un merengue. En una ordenador portátil en la esquina de la barra está el reproductor de música. Ellas también se encargan del ambiente sonoro del local. Son las DJ’s de la Taberna Irlandesa. A los clientes parece no sorprenderle tomarse una caña en un bar irlandés donde suena Juan Luis Guerra y sus 4.40.

–No me preguntan absolutamente nada porque siempre vienen los mismos clientes, -dice Alejandra.

La Taberna Irlandesa es propiedad de un español, está al lado de la boca (números pares) de la estación de metro de Canillejas y flanqueada por otros dos bares -El Otro, un cafetín y Mesón de Torreno, el típico bar de bocatas de calamares-. Frente a la entrada está la parada del autobús número 77. Las camareras no son las únicas extranjeras de la taberna. Alejandra dice que entre la clientela hay africanos, chinos, españoles, franceses…

–Viene gente de todo tipo. Yo les habló en español, no sé inglés ni nada. Solo castellano, -dice sonriendo

El único plato latinoamericano en el menú

Crisis

El menú tiene sabor español: tortillas, quesos curados, fabadas, bollería, croquetas, chistorra frita… La cocinera se llama Marta Gutiérrez y tiene 52 años. Hace once años que llegó a España desde Ecuador y es una vecina más del barrio de Canilejas. Aunque lleva seis años trabajando el bar y la cocina, no puede introducir platos ecuatorianos en el menú que coordina Alejandra.

–No me dejan –dice soltando una carcajada de esas que contagian alegría-. Lo único que hay latino es picapollo, un plato dominicano (pollo frito acompañado por un tipo de plátano caribeño que se aplasta y se fríe). Del resto sólo hay platos españoles: No hay nada irlandés, ni la música, -vuelve a reír.

Marta es más risueña que Alejandra, que tiene cara de agobio, aunque la crisis económica les agobie a ambas por igual. La chica señala que el mejor momento del bar fue hace tres años y que cada vez les va peor. Han bajado las ganancias. Sin embargo, les gusta este trabajo, aunque se peleen con clientes y distribuidores. La ecuatoriana, bajita, de pelo negro lacio y recogido, con suéter negro que esconde detrás de un delantal de rayas rojas y blancas, ha vivido otras crisis y se plantea volver a Ecuador.

–Yo creo que no voy a llegar a jubilarme con esta situación, que como ves no avanza. Si llego a cobrar el paro, lo cobro y me voy a mi país, -apunta Marta.

La situación se ha agravado, considera Marta, a causa de la prolongación de la línea 5 del metro. Antes Canillejas era la última parada y había más gente rondando cerca. Pero hay otros motivos de carácter personal.

–Me gusta trabajar en el bar, pero estaría más a gusto si me pagaran. (Marta se desternilla de la risa y baja la voz un poco). Tenemos tres meses sin cobrar. No había pasado antes. Debe ser que está arrastrando la crisis.

En el bar entran dos jóvenes. Hablan en francés y piden ser atendidos. Las dos mujeres van a servirles. Marta deja el taburete y vuelve a la barra a servir dos cañas. Alejandra deja de acomodar las mesas, cambia la música por una bachata y ambas vuelven a trabajar (sin cobrar).

Marta piensa regresar a su Ecuador Natal

Tags: , , , , ,

Texto por: Andrea C. Fernández S.

Ver los artículos de Andrea C. Fernández S.
Venezolana en Madrid que aprende algo nuevo todos los días.

Sin comentarios.

Deja un comentario

Apuestas, «food tracks» y actividades para niños: así es una jornada en el Hipódromo de la Zarzuela

El Gran Premio del duque de Alburquerque fue una de las carreras más esperadas y que atraía a numerosos apostantes, principal reclamo de la organización

La eutanasia a debate: ¿Homicidio o derechos humanos?

«Mi ama se murió hace un año. Es un cuerpo y una mente que sufren», relataba el hijo de Maribel Tellaetxe antes que falleciera. Su postura choca con la de Rosa Arregui, directora de Adevida, una asociación que defiende el desarrollo de la misma «hasta su extinción natural».

El lejano Hoyo de Manzanares: los vecinos hacen memoria sobre su pasado «western»

La localidad madrileña alojó durante los años sesenta y setenta el poblado del Oeste «Golden City», donde Clint Eastwood y Sergio Leone rodaron la mítica película «Por un puñado de dólares»

Abandono del Conservatorio Rodolfo Halffter: «Esperemos que no ocurra nunca una desgracia»

Padres y alumnos del centro situado en Móstoles denuncian la «falta de mantenimiento» del edificio que el pasado lunes provocó la caída de un falso techo

De Nigeria a Lavapiés: la trayectoria de Piter

Todos en Lavapiés conocen a Piter, un nigeriano de 36 años que lleva diez años viviendo sin papeles en España. En entrevista a Madrilánea, él cuenta su historia

Los niños que vienen a trabajar

Entre quejas vecinales, 32 menores marroquíes, que abandonaron a sus familias en busca de un futuro mejor, residen y se forman en un centro de acogida de Arturo Soria