Memorias de Huesca


Varios «masterópodos» históricos nos cuentan anécdotas de su paso por el Congreso de Periodismo Digital de Huesca en los últimos años
Abraham Coco escribe durante un descanso. Foto: Congreso de Periodismo Digital

Abraham Coco trabaja durante un descanso del congreso en 2011. Foto: Congreso de Periodismo Digital

Texto de Elena Jorreto y Víctor Ruiz de Almirón

Hace dos años Abraham Coco fue a Huesca y acabó «por los aires». Ocurrió en El Edén, el pub donde pasan las noches los periodistas del congreso. De vuelta al hotel Rugaca, que tiene «un vínculo especial» con los masterópodos, el grupo se relajaba bromeando sobre el único compañero que no compartía habitación: «No quería que le viéramos en pijama», confiesa Coco.

Jaime G. Mora amplía detalles: «Llegamos al Congreso un poco desencantados de tanta teoría sobre el futuro del periodismo, recuerdo, habíamos estado en Burgos. Ramón Lobo me respondió que los congresos digitales sirven “Umm… ehh… bueno… para vernos…”. Además fue todo un tongo. Daban un premio al que mejor cobertura hiciera del Congreso. Coco se lo curró mogollón e hizo cosas bien chulas en su blog. Le veías ahí sentado en cualquier pasillo escribiendo…».

Su compañera Laura recuerda las escaleras verdes del Rugaca y  las fotos de su pueblo (Agüero) adornando los pasillos. «Nos lo tomamos como un campamento de verano. Responsabilidad a cambio de risas», bajadas de pantalón en mitad del pasillo, kebabs abandonados en los balcones… Después del Congreso, cena y para El Edén. «Periodismo en copas de todos los colores». Fueron dos días de cobertura entre «quince tontos muy tontos que dejaron para la historia una canción y una película de la que ningún masterópodo 2011 hablará».

Cuenta Borja Robert que en la edición del 2012, nada más llegar, montaron una redacción improvisada en las mesas de desayuno del Rugaca y estuvieron trabajando «yo qué sé hasta qué horas». Algunos iban en pijama. «Fue bonito». Luego, tras «una noche entera de guerra», solo tuvieron una herida, «sin muertos». No estuvo mal. Al terminar el congreso algunos se fueron a Zaragoza. «Nos alojamos en el peor “guariche” que os podáis imaginar. Ratas, cucarachas, olor a cadáveres frescos y viejos y un recepcionista hostil». Allí terminaron de editar los textos que faltaban y los publicaron. «No fue bonito, pero tuvo su punto».

«El punto de inflexión, un premio y un esguince». Así titula Brenda el congreso del año pasado. «Huesca no es igual desde que Madrilánea vio la luz, una fría noche de invierno entre pizzas y jolgorio trasnochado», cuenta. «La primera noche nos dieron las 2 de la mañana editando textos de un congreso que aún no había sido inaugurado». Más tarde, de camino al Edén, varias masterópodas retaron a los fundadores de Libros del K.O. a jugar un partido de fútbol nocturno con una lata de Coca-Cola. Idea tan brillante como la que condujo a un zapato a quedarse colgado en el letrero luminoso de una óptica oscense. Al día siguiente llegó el Premio a la mejor cobertura del Congreso. Cualquiera de los 14 (por aquel entonces ya habíamos tenido la primera baja) habría podido subir a recogerlo, cualquiera menos alguien que llegó a la primera (quizá segunda) ponencia arrastrando un esguince. Al menos recuperamos los zapatos».

El veterano Jorge González, hoy diseñador de ABC, resume su experiencia en 2006: «Estación de Atocha, Madrid. Tan temprano que apenas lo recuerdo. Los alumnos del máster han quedado en el AVE. El grueso de la expedición ya está reunido, pero falta un integrante». En el último momento aparece Óscar, el «padrino sentimental, moral y paranormal de la promoción», arrastrando una maleta «por cuyo cierre sobresalen mangas de camisas y perneras de pantalones, con una enorme «txapela» negra en la cabeza». Su novia lo había echado de casa esa misma noche. «Le subimos la moral entre todos y se estableció hacer una llamada más tarde para poner a la cónyuge en su sitio». Pero nada más lejos de la realidad. A las tantas de la mañana en el Hotel Rugaca Óscar reunió el valor suficiente para llamarla delante de todos, pero «no aguantó ni medio segundo antes de derrumbarse, lloroso, y pedir perdón. Amor 1- Máster 0».

Érika Montañés, ahora jefaza de abc.es, recuerda cómo en 2004 se encontraron en la puerta del Palacio de Congresos de Huesca a José Antonio Labordeta. No dudaron en hacerse una foto con el cantautor y diputado, y hasta cantaron algunos versos del «Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga libertad…». Ya en el interior de la sala algunas de las disertaciones sobre Periodismo Digital «se asemejaban a un encuentro en la tercera fase». Todavía recuerda a Darío Pescador, un conocido gurú de los nuevos medios al que escribieron en una pantalla: «Darío Pescador, quiero caer en tus redes…».

Ya es difícil entender el Máster de ABC sin el Congreso de Huesca. Una experiencia con fuego real. Un trabajo en el que uno empieza a sentirse periodista de verdad. Pero ni Huesca, ni el Rugaca, ni el Edén serían tampoco lo mismo sin la presencia cada año de LP y sus quince niños.

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Texto por: Elena Jorreto

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A punto de lanzarme a la incertidumbre laboral, disfruto escribiendo sobre la cultura y averiguando las causas de los problemas que nos rodean.

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