Kim Jae-Won, el norcoreano bueno


Maestro Internacional de taekwondo, 9º DAN; instructor del Rey Don Juan Carlos I, de la Guardia Civil, de la Policía Armada, del general Onganía, de Chung Hee Park; defensor de la reunificación de las dos Coreas...
El Maestro Internacional de taekwondo Kim Jae Won, en su despacho. Fotos: F. D-I.

El Maestro Internacional de taekwondo Kim Jae Won, en su despacho. Fotos: F. D-I.

Al hispánico modo su nombre se diría Jae Won Kim Ahn. Porque Kim es un apellido coreano de uso recurrente, «como López aquí», dice él. Kim Jae-Won, el norcoreano bueno, no tiene nada que ver con Kim Il-Sung, el compatriota al que se le ocurrió la infeliz idea de invadir el Sur. Ni con Kim Jong-Il, el de la gran hambruna (1995-1998, cientos de miles, quizá millones, de muertos). Ni con Kim Jong-Un, que es «un monigote en manos de sus tíos, sin poder real». Sólo tuvo la mala suerte de nacer en el mismo país que ellos.

Nos recibe amablemente en su despacho del gimnasio Kim, situado en El Viso (Chamartín) de Madrid. Los periodistas apenas le dejamos tiempo para respirar estos días. Pero él no se cansa de contestar preguntas, porque le gusta hablar con nosotros. Esta mañana vinieron los de TVE, esta tarde volverán. El viernes 5 de abril apareció en la contra de El Mundo (cachis, se nos adelantó), junto a una cacareada y retuiteada columna de Raúl del Pozo. En la foto, en un parque madrileño, posa elegante, con sombrero, gafas, traje y zapatos oscuros. Como un agente secreto (pero no lo es, hasta donde yo sé). Hoy nos recibe con el mismo sombrero, chaleco deportivo sin mangas, camisa clara y corbata turquesa.

Profesor del Rey Don Juan Carlos I

Su currículum, que nos alarga el final de la entrevista, demuestra que no ha parado en su vida. Que es de los que sale a comerse el mundo, y se lo come. Nacido el 7 de marzo de 1940, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Seúl en 1963. Un año antes, con 22, ya era campeón de Corea de taekwondo, el arte marcial autóctona. Del 63 al 65 instruyó a los guardaespaldas del presidente-dictador de Corea Chung Hee-Park (la hija de éste, Park Geun-Hey, es la actual presidenta democrática de la República). En el 66 le ficharon para lo propio con la escolta del presidente argentino, el general Juan Carlos Onganía. Y en el mismo 66 recibió la invitación oficial del general de la Guardia Civil Enrique Serra Algarra para entrenar a los jóvenes beneméritos. También en Barcelona fue instructor de la Policía Armada (hogaño Policía Nacional), y así hasta dar clases de taekwondo a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I. «Una magnífica persona, muy humana, bromista, alegre, muy respetable, de verdad, con un corazón así de grande». El símbolo de la unidad de los españoles es cinturón negro de taekwondo.

El norcoreano Kim Jae Won, en la recepción de su gimnasio

El norcoreano Kim Jae Won, en la recepción de su gimnasio

 Kim vivió un año en París, pero no le gustaron los parisinos. De España le gusta la «mucha humanidad de la gente, su alegría… y las comidas especiales de cada región: buenas, buenas». Kim sabe incluso tararear el pasodoble Valencia. Hace años lo cantaba a pleno pulmón desde la ducha. En España ha desarrollado una activa carrera profesional basada en el taekwondo y las relaciones internacionales entre sus dos países: Corea y España. En 1972 fundó el influyente gimnasio Kim. Que España sea ahora el segundo país del mundo en esta disciplina no puede entenderse sin su huella. No en vano el maestro Kim Jae Won es uno de los apenas 20 taekwondistas en el mundo en posesión del 9º DAN. La más alta distinción en vida. Porque el 10º DAN sólo se consigue a título póstumo. Entre otras personalidades, ha enseñado estas técnicas de defensa personal a José María López de Letona, que fue ministro de Industria con Franco y gobernador del Banco de España en la Transición, y a Antonio Villacieros, que fue diplomático y jefe de protocolo de la Casa del Rey. En el campo de las relaciones internacionales, promovió un hermanamiento entre Madrid y Seúl (que no cuajó) y actualmente es presidente del grupo Korespaña.

La tragedia de Corea

Pero volvamos a los duros orígenes, a Corea del Norte, año 1950. El niño Kim Jae Won vive con su familia en una ciudad de nombre ininteligible cuando a Kim Il-Sung se le antoja invadir el Sur. Los soldados de la ONU y de EE.UU. entran en liza para ayudar a los surcoreanos, provocando el repliegue comunista, pero la China de Mao Tse Tung mete baza a favor de sus correligionarios. Las tropas estadounidenses facilitan un corredor para que oleadas de refugiados escapen al Sur. «Afortunadamente», Jae-Won y su familia pudieron coger «el último tren que bajaba. No había plazas, pero nos pudimos subir al techo del vagón», rememora. Así consiguieron Kim, sus padres, su hermano y su hermana, llegar al Sur como refugiados. No estaban todos. Faltaban la hermana mayor, enferma de paraplejia, y la abuela, que no pudieron emprender el viaje. Nunca más volvió a verlas. Ni a entrar en su país. Una vez estuvo a punto de conseguir ambas cosas, pero en el último momento le denegaron la entrada. Por traidor.

Como Kim y su familia, «un millón y medio» de coreanos tuvieron que huir al Sur. Aún hay «diez millones de familias coreanas separadas». En los primeros años en el Sur también lo pasaron mal, por culpa de la guerra. «No teníamos casa, ni comida, ni nada. Todo el mundo pasaba hambre, sin techo». En 1953, recuerda, se firmó el armisticio que convirtió la guerra caliente en una guerra fría.

Kim Jae Won, superviviente de la guerra de Corea, posa junto a su vitrina

Kim Jae Won, superviviente de la guerra de Corea, posa junto a su vitrina

Su rechazo al sistema comunista es claro: «Por culpa del racionamiento no se puede desarrollar el libre mercado. Cada ser humano busca su propiedad. Si no trabaja mucho lo pasará mal. Y si trabaja, tendrá más facilidades», declara quien trabajó durante seis años (1980-1986) como delegado para el sur de Europa y África del Movimiento para la Reunificación de Corea. Este Movimiento apuesta por una solución pacífica del conflicto del país, identificada con la Sunshine Policy que impulsó el presidente surcoreano Kim Dae-Chung en 1997. Ellos reivindican la ayuda humanitaria a los norcoreanos (sobre todo el envío de alimentos) y el trasvase de mano de obra del Norte a la zona industrial del Sur, para que los primeros se vayan abriendo y desarrollando. Kim señala que si rebajaran el desproporcionado presupuesto militar de 1700 millones de dólares (frente a los 360 millones de dólares de los surcoreanos), el régimen podría ayudar más a la población. Tras la caída de la URSS y la mutación de China, Kim confía en que este reducto «caerá poco a poco con el tiempo».

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Texto por: Francisco Delgado-Iribarren Cruz

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Liberal-conservador, monárquico y católico. Interesado por la política y el pensamiento como formas de mejorar la sociedad, me gusta conocer y debatir ideas desde el respeto.

Una respuesta to “Kim Jae-Won, el norcoreano bueno” Subscribe

  1. Marta 13 abril, 2013 en 21:18 #

    ¡Qué interesante la vida de este deportista! Me ha encantado.

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