El «no bus» del aeropuerto


Los turistas se suben al autobús 114, creyendo que los dejará en la terminal, pero terminan a 40 minutos de Barajas
El autobús 114 inicia su recorrido en Avenida de América

El autobús 114 inicia su recorrido en Avenida de América. Fotos: E. R.

Son las cinco de la tarde y en el número 8 de la Avenida de América se vislumbra a lo lejos la aparición del autobús 114. Está llegando a su primera parada, donde espera una decena de viajeros. «Disculpe, ¿pasa por el aeropuerto?», pregunta uno de ellos portando una maleta. «No, este va al Barrio Aeropuerto. Coja usted el 200», responde el conductor. Esta conversación se repite día tras día en la cabecera de línea.

Veinte minutos más tarde, un nuevo autobús 114 llega a la parada, pero en esta ocasión nadie pregunta al conductor y dos viajeros suben con maletas. Piensan que pueden llegar al Aeropuerto de Barajas y no se dan cuenta de su error hasta que es demasiado tarde. «No entiendo por qué nadie nos ha dicho nada», afirma enfadado Ricardo Cacho, una vez que ha llegado a la última parada en el Barrio Aeropuerto. Su mujer, Sofía, se muestra indignada con el conductor y le reclama una y otra vez que le dé una solución. «¿Que volvamos con usted y cambiemos de autobús? ¡Como si tuviéramos tiempo!». Faltan dos horas para que salga su vuelo hacia Valencia.

«Siempre lo pagan con nosotros, la culpa siempre es nuestra», confiesa uno de los conductores del 114. No es la primera vez que alguien se ha enfadado con él por una cuestión de este tipo, ya que «es algo que ocurre cuatro o cinco veces cada semana». Se trata de un problema que ya ha comentado en alguna ocasión con sus superiores, pero nadie le hace caso. «No se le ocurre a nadie poner en la misma cabecera un autobús que va al aeropuerto, otro que va al Barrio Aeropuerto y otro que va a Barajas».

La Empresa Municipal de Transportes (EMT) alega que no tiene registrada ninguna reclamación sobre este aspecto. «En los carteles está bien indicado y hay servicios de información, pero no podemos controlar a todos los viajeros», comenta un portavoz de la empresa pública. Aunque reconoce la posibilidad de confusión, argumenta que no se puede llamar de otra manera al Barrio Aeropuerto y que un posible cambio «tendría que ser aprobado por el Consorcio de Transportes».

Un pasajero espera la llegada del bus para ir al aeropuerto

Un pasajero espera la llegada del bus para ir al aeropuerto

El problema continúa presente y los madrileños se seguirán encontrando gente con maletas en el autobús. A sus 72 años, Alfonso Sáenz acude cada semana al médico en Canillejas y «raro es el día» que no coincide con alguno que quiere ir al aeropuerto. Asegura que cuando ve un viajero perdido se acerca para preguntarle si va a la terminal, aunque no siempre es bien recibido. «¿Y a ti qué te importa?, me contestan muchas veces», lamenta resignado.

No todos son tan amables como Alfonso y no sólo no se molestan en ayudar a los viajeros perdidos, sino que se burlan de la situación. Diego llama la atención al amigo que se sienta a su lado cuando ve a una chica subirse con una maleta. Ambos esbozan una pequeña sonrisa y no se cortan al reconocer que les resulta «una imagen cómica». «Una vez fuimos hasta el final solo por ver qué cara se les quedaba», confiesa Diego sin ningún tipo de vergüenza.

La chica de la que se ríen es Martina Spittler, una suiza que lleva una semana en España haciendo turismo y que dentro de tres horas toma un vuelo hacia Zúrich. Sigue sentada al fondo del autobús, pero ella se mantiene ajena a los comentarios y observa el paisaje por la ventana. No habla español y no entiende a una mujer que le dice que se ha equivocado de autobús. Es la única que se acerca a ella durante todo el trayecto.

Tres paradas para llegar y Martina se queda sola con un conductor que no habla inglés. Al bajar, se encuentra completamente perdida, en un barrio principalmente industrial y a 40 minutos a pie de la Terminal 1 de Barajas. «Por suerte, tengo tiempo suficiente», bromea antes de ponerse más seria al decir que algo así en su país no ocurriría «nunca».

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Texto por: Eduardo de Rivas

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