Helga de Alvear: «En España se aprecia muy poco la cultura»


La galerista alemana celebra la rebaja hasta el 10% del IVA del artista a pocas semanas de ARCOmadrid

Vista de «Pentagon Principle» de Angela Bulloch. Foto: Ángela Bulloch, cortesía galería Helga de Alvear

En el número 12 de Doctor Fourquet, la calle del arte —contigua al Museo Reina Sofía— el visitante se encuentra con una de las galerías de arte contemporáneo más importantes de España. Las exposiciones de Helga de Alvear no dejan indiferente a nadie al igual que su carácter. Estos días se muestra esperanzada con la decisión del Gobierno de rebajar el IVA del arte.

El joven artista alemán Adrian Sauer confesaba su nerviosismo en la víspera de su presentación en la galería el pasado 16 de enero con la serie fotográfica Looking at the Window: «Fotografías instantáneas de nube tóxica de un cielo que se nos antoja abstracto». La llegada de Helga de Alvear interrumpió la conversación en uno de los pasillos de la galería. Alemana de 77 años, destaca por la sencillez en su vestimenta informal, de la que sobresalen un par de tennis blancas con toques fluorescentes. Se muestra muy cercana; avisa de su sinceridad y de no callarse nada.

«El arte es mi vida»

«Mi secreto es ver, conocer y querer», reconoce Helga al describir cuando compra. Antes de adquirir una pieza necesita entenderla porque «si uno prefiere un cuadro para colgarlo detrás del sofá no tiene más que acercarse a IKEA». «El arte es mi vida, así de claro, es lo que más me gusta y tengo la suerte de poder dedicarme a ello», declara de manera rotunda. Sigue una filosofía de vida meridiana, cree que el que pueda debe luchar por hacer lo que le gusta, pero siempre con la idea de ser uno de los mejores. «Mi padre me decía que si a ti te ha tocado ser barrendero, tu calle tiene que ser la más limpia, no conozco otra forma de salir adelante».

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Helga de Alvear Foto: Werner Krüger

Llegó a España en los cincuenta con el propósito de seguir un curso de español como cuarto idioma al dominar ya el inglés, francés y alemán. «Precisamente eso me ha resultado fundamental porque puedo hablar con todo el mundo». En aquellos años, el arte todavía no centraba su vida. No obstante, poco más tarde y de la mano de Juana Mordó se topó con la pasión de su vida hasta el punto de dirigir su propia galería. «ARCOmadrid significa tanto para mí que no puedo irme pese a no ganar nada [en la edición de 2013 solo vendió una fotografía]». «Pero ahora tenemos esperanza con el nuevo 10% de IVA».

Posible cierre

En épocas de crisis como la actual en la que el consumo del arte decae, la proliferación de «ferias satélites» se convierte en problema para Helga. «Si todo el mundo vende, me parece fenomenal, pero en el caso contrario hay que apoyar solo a ARCO que es nuestra feria desde 1982. En este país se aprecia tan poco la cultura…», dice la coleccionista. Para la edición de este año, la galería expondrá obras de: Thomas Ruff, Marcel Dzama, Jane & Louise Wilson, Jorge Galindo y Ángela de la Cruz.

Poco después rememora lo difícil que le resultó encontrar destino para su fundación: «Solamente me querían en Cáceres, pero a pesar de las dificultades, allí va genial, gracias a las cuatro personas encargadas». Este esfuerzo y la difícil situación hace que se replantee su futuro: «Mira, yo tengo 77 años y si empiezo a no vender nada, cierro la galería. Tengo tanto trabajo con la fundación en Cáceres que no valdría la pena continuar».

Según Helga, el arte debe ir ligado a la reflexión y al compromiso. «Para mí es fundamental defender los derechos humanos y si un artista lo hace yo estoy detrás». Por tanto, no extraña que se haya fijado en el disidente chino Ai Weiwei como coleccionista o en la reputada Angela Bulloch como galerista, que siempre opta por lo innovador como en Pentagon Principle, «una serie difícil de entender por su trasfondo matemático». «La obra tiene que ser transgresora, por algo estoy defendiendo a Santiago Sierra, que aquí le tienen mucho miedo y más después del vídeo Encargados, con el Rey y los presidentes del Gobierno con sus cuadros boca abajo transportados por la Gran Vía en limusinas».

La galerista alemana lo tiene claro: «En España es muy difícil hacerse coleccionista, la gente adquiere obras, pero no las enseña y el arte es para enseñar».

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Texto por: Javier Calero Sánchez

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