Arte Down: Pintura y escultura contra los prejuicios


María Luisa Martínez-Fresneda cree que el síndrome de Down no impide potenciar las aptitudes artísticas de personas con discapacidad como su hija. Tras 22 años luchando para que sean reconocidos, ha logrado que los grandes museos de Madrid expongan sus obras
Pieeeeeeee de foto Xxxxxxx. Foto: Arte Down Madrid

Begoña Urtasun da las últimas pinceladas a la pieza que ha dedicado al centenario del Hotel Ritz. Foto: Arte Down Madrid

Hace 22 años nació Begoña Urtasun, una niña con un cromosoma extra en el par número 21, pero su madre, María Luisa Martínez-Fresneda, nunca creyó que el síndrome de Down fuera una barrera para potenciar las aptitudes artísticas de su hija. Por eso, se propuso dar «el reconocimiento que se merecen» a los autores que, al igual que Begoña, «tienen una visión especial de la realidad». Lo que comenzó como «un concurso de pintura de andar por casa», se transformó en un certamen internacional que ya suma 22 ediciones y que, gracias al pundonor de Martínez-Fresneda, ha culminado con la exposición de las mejores piezas en pinacotecas como el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía. «Cuando vi sus primeros dibujos me sorprendió la  frescura y colorido. Pensé en todo lo que podíamos sacar de ellos y los beneficios que podrían traer para todos». Con esta filosofía nació Arte Down en 2006 –un proyecto enmarcado dentro de la Fundación Síndrome de Down de Madrid–, con el fin de que «la integración social y laboral a través de la pintura y la escultura se convierta en una realidad».

Estos artistas se expresan sin normas ni prejuicios, de espaldas a las modas y a los convencionalismos. En estas obras lo que importa no es el tema, sino aquello que expresan y sienten los autores. «Todos sus cuadros son luz y color. Transmiten alegría porque la sienten. Son optimistas», afirma Martínez-Fresneda, un hecho que atrajo la atención del catedrático de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, Tomás Bañuelos Ramón. Cuando conoció las obras de Jorge Bermejo, le invitó sin dudarlo a participar en sus clases de escultura y modelado natural. «Es un artista muy meticuloso y paciente. Sus compañeros de clase están encantados con él, dicen que inspira relax», relata con satisfacción y orgullo su padre, Elías Bermejo. «Es que casi, casi, nací pintando…», dice sonrojado y sonriente Jorge Bermejo.

Más de cien obras vendidas en dos años

Precisamente, fue su forma de interpretar la vida lo que asombró a los visitantes de las grandes pinacotecas de la capital. Los productos de merchandising (tazas, cuadernos, pinturas, etc.) en los que plasmaron algunas de las piezas se agotaron rápidamente. Incluso, solo en los dos primeros años llegaron a vender más de 100 obras a través de la web. A partir del 2009, las sinergias entre los museos y los creadores ayudaron a que «se empezara a ver de lo que son capaces». «Porque todavía hay mucha gente que se cree que no saben hacer nada. Y hay cosas que hacen mejor que muchos otros. Conociéndolos se te quitan todos los prejuicios», asegura la alma mater del proyecto.

Al principio, las familias no se planteaban vender los cuadros porque no consideraban que tuviesen valor. «Me costó mucho convencerlos», admite Martínez-Fresneda. Ahora, la mayoría de los autores pone precio a sus piezas o las subastan. «Jorge ha vendido un cuadro por 1.500 euros que estuvo expuesto en el ABC del Arte y a Begoña le han hecho dos encargos para hacer retratos porque vieron un autorretrato suyo expuesto y les gustó».

El año que viene Begoña tendrá la oportunidad de entrar en la Universidad de Comillas para estudiar algo relacionado con Bellas Artes o Historia del Arte, «lo que más le gusta». Ella es el vivo ejemplo de que casos como el de Pablo Pineda, el primer español con síndrome de Down que terminó una carrera universitaria, ya no son una excepción en las facultades. «Jorge y Begoña crecieron en un colegio junto a sus hermanos y otros compañeros sin discapacidades. La integración en las aulas fue un logro importantísimo porque es la única forma de llegar a la raíz de la solución y eso beneficia a todos los niños», dice Martínez-Freseda con conocimiento de causa.

«En los museos nos advertían que no podían tocar los cuadros y ahora nos dan la enhorabuena por todo el trabajo que hacen»

Este es solo el primer paso para su objetivo final y su mayor ilusión: «vivir del arte». «Antes era impensable que en este mundo accediera una persona con síndrome de Down», afirma Martínez-Fresneda. «Al principio, en los museos nos advertían que no podían tocar los cuadros y ahora nos dan la enhorabuena por todo el trabajo que hacen».

Pese a todos los avances, las familias de estos artistas consideran que aún quedan muchos tópicos que derribar. «Todavía nos encontramos con gente muy inculta que se cree que el síndrome de Down es una enfermedad contagiosa. ¡Es de locos! Yo tengo cinco hijos y para mí, Begoña, es el broche de oro de mi familia», expresa Martínez-Fresneda mirando a su hija con ternura y una gran sonrisa.

Vicente del Bosque posa con los artistas. Foto: Arte Down

Vicente del Bosque posa con los artistas. Foto: Arte Down

Otro padre admirador de su hijo es Vicente del Bosque, «una bellísima persona», según le definen en la Fundación. «No hay otra figura conocida tan implicada». Tanto es así que el entrenador y la Selección Española de fútbol donaron el premio Príncipe de Asturias a la Fundación. Y el próximo 6 de febrero entregará los primeros premios del concurso Bodegas Remírez de Ganuza a Begoña y  Jorge. «Hemos pasado años muy duros porque con la crisis las subvenciones se han reducido a la mínima expresión. El apoyo de gente tan importante es esencial para nosotros».

Aun así, consideran que tienen que seguir siendo «ambiciosos». Y la retahíla de concursos y actividades que tienen preparadas para este año es una muestra más de su empuje: «Vamos a participar en el año de El Greco y expondremos en Madrid y en Toledo para que ellos también aporten su visión».

La única condición que Martínez-Fresneda pone a los que organizan las exposiciones y los concursos de pintura es que no indiquen que son obras hechas por personas con síndrome de Down. «Queremos que se vendan porque les gustan, no porque son ‘pobrecitos’. Queremos que los valoren, no queremos caridad».

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Lienzo de la plaza Castilla hecho por Alejandro Pérez. Foto: ArteDown

 

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Texto por: Marta R. Domingo

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