Hare Krishna, los monjes que cantan y bailan


Establecidos en el centro de Madrid desde 1992, este grupo religioso cuenta con 500 centros repartidos por todo el mundo, cinco de ellos en España
Hare Krishnas en Fuencarral. Foto: ISKCON MADRID

Hare Krishnas en Fuencarral. Foto: ISKCON MADRID

Un grupo de personas rapadas y vestidas de colores chillones, cantan y bailan, y repiten frases en hindú. Algunos les miran con caras extrañas cuando danzan por el centro de Madrid. Otros les miran sonrientes, pero la gran mayoría desconoce que la capital es un centro clave para los hare krishnas.

En la calle Espíritu Santo número 19 se encuentra la Asociación para la Conciencia Krishna de Madrid, (en sus siglas en inglés ISKCON), una rama dentro del hinduismo a la que pertenece este grupo religioso. Cada día, de lunes a viernes, salen a repartir comida entre los pobres. En la plaza del Dos de mayo se forman largas colas de gente que espera una de las 50 raciones. Los hare krishna no piden nada a cambio. Forma parte de la iniciativa Food for life, una red mundial de reparto gratuito de alimentos vegetarianos. Cobran seis euros en su comedor para que luego otra gente pueda comer.

El resto del tiempo asisten a clases de filosofía o hacen sus «fiestas de Domingo», donde llevan a cabo toda serie de rituales esotéricos. Primero, canta cientos de veces su mantra: Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare. Después se explica el Bhagavad-guita, que sería algo así como su Biblia, si lo traducimos al cristiano. Tras eso, se canta y se baila un poco más mientras se realizan una serie de rituales, y finalmente se come sentado en el suelo del templo. Un ritual religioso como otro cualquiera. O tal vez no.

El centro hare krishna es un lugar pequeño y está situado en una plaza de Malasaña, tal vez más conocida por acoger a jóvenes bebiendo cerveza en fines de semana que por ser la sede de un grupo religioso. En la planta baja se encuentra el templo, con su altar y sus cuadros hindúes. Los domingos, a medida que pasa la mañana, llega la gente. Diez, quince, veinte, hasta casi treinta adeptos, simpatizantes o tan solo curiosos que bailan en una asfixiante habitación. Hay una gran cantidad de escandinavos, algunos jóvenes y varios monjes. La edad de los presentes oscila entre los 25 y los 60 años. Aunque algunos llegan silenciosos y con una apariencia de lo más normal, todos acaban enloqueciendo en la última media hora, en la que cantan y bailan el mantra sin cesar, de pie y frente al altar. La mayoría de monjes tienen una perfecta entonación y cada nueva persona que entra en la sala añade un instrumento. No tienen nada que envidiar a la mayoría de los grupos pop de la actualidad.

Tras sudar la gota gorda con todo este ritual suben a disfrutar de la comida. Solo vegetariana, así lo dictamina su doctrina. Entre las cosas claves que implica ser hare krishna está, además de ser vegetarianos, el no intoxicarse (es decir, tomar sustancias que alteren la conciencia como el alcohol), no tener una vida sexual ilícita y no jugar a juegos de azar. Aunque son bastante menos estrictos con estas normas de lo que se podría pensar. Como dicen allí, se espera que seas recto pero si te caes, te vuelves a levantar. Cuando tienen dudas sobre si una actitud es correcta o no, contactan con su gurú o maestro espiritual. Y no lo hacen yendo a la Iglesia como suele pasar en las religiones occidentales; lo contactan por mail, blog o incluso por Whatsapp.

«Claro que tenemos Whatsapp, Facebook o Internet. No importan los objetos materiales siempre que los uses según la conciencia de krisnha», me cuentan dos monjes del Templo de Malasaña. Jara Mara Hari Das, o simplemente José, (su nombre cristiano explica) y Marcos (en su caso, al no ser un iniciado su nombre todavía es el mismo), son dos de las muchas personas que viven allí. Aseguran no llevar un censo del número de devotos que hay en España, pero según una información de un portal hare krishna de internet serían más de 200 personas.

Los hare krishnas y la música pop

«Al parecer se está viviendo un revival», dice José. Tiene 40 años y tenía tan solo 24 cuando entró. Como muchos chavales a su edad, estaba pensando en «qué hacer con su vida». Tras acabar una carrera impuesta y hacer todas las cosas que se presuponen a un veinteañero descubrió la filosofía de los hare krishna. Vino un par de fines de semana a ver cómo vivían y al tercero ya no volvió a su tierra natal. Pero el hecho de ser monje no ha sido un impediento para que hiciese lo que quisiese con su vida. Trabajó como comercial, creó su propia escuela de surf y montó un restaurante. Incluso fue road manager de una banda de indie rock llamada Undrop que a finales de los 90 se hizo muy popular en España gracias un éxito: Train, que sonaba en un anuncio de Pepsi y que cualquiera que fuese adolescente en los 90 recordará.

Un grupo, por cierto, formado por hare krishnas. De hecho, aunque la banda no triunfó más allá de la canción, el cantante siguió con la música y actualmente es guitarrista de Macaco y ha compuesto la banda sonora de la última película de Mortadelo y Filemón. El clásico caso de artista que desaparece y todo el mundo da por hecho que se ha unido a una secta, pero a la inversa.

Hare Krishnas bailando en Malasaña. Foto: ISKCON MADRID

Hare Krishnas bailando en Malasaña. Foto: ISKCON MADRID

Y es que la música está totalmente ligada a los hare krishnas. Cantan su mantra varias veces al día, aunque eso no cuenta como rezo. Para ser parte del grupo religioso, tienen que repetir su oración 1728 veces al día, es decir unas dos horas aproximadamente, y este ritual debe hacerse durante toda la vida. Aunque no todo es cantar hare rama. Marcos, un chaval de 23 años, confiesa que sigue escuchando la misma música que antes de venir al templo e incluso recomienda grupos de rock español o de reggae.  Ser hare krishna, por lo visto, no está reñido con la vida consumista.

Aunque no está muy claro cómo pueden permitirse esa vida. Las respuestas sobre el tema de la financiación son más bien opacas. A lo largo de la historia de ISKCON, en activo desde que la fundara Bhaktivedanta Swami en 1966, ha habido mucha controversia sobre cómo conseguían el dinero. De hecho, en la página web de la sección de España solo aparecen las palabras «EN CONSTRUCCIÓN». Según el templo de Malasaña, se financian a través de la comida, los libros y artilugios que venden allí, y de la gente anónima que les hace donaciones. Uno de sus donantes menos anónimos fue el miembro de The Beatles, George Harrison, el más famoso de los hare krishna, que cedió un templo a las afueras de Londres. Además produjo un single del mantra que llegó a los primeros puestos de las listas de éxitos británicas. Una bendición para ellos y, en teoría, para nosotros pues, según esta religión, el mero hecho de cantar ya te da la salvación. «Puede que tardes hasta cinco vidas en darte cuenta, pero abrazarás a krishna», parece advertir José con una sonrisa.

Bárcenas es un mal cristiano

En los últimos años, Madrid se ha convertido en un imán de nuevas religiones y de sectas. En la actualidad hay cienciólogos, nueva acrópolis, mormones, niños de dios, y otras tantas, pero los hare krishna, como cabe esperar, no se consideran dentro de estos grupos. «Los políticos, los sindicatos… esas son las sectas en España (podríamos extendernos pero no creo que merezca la pena)», me dice. Lo que hay que ser es buen cristiano, «por ejemplo, Bárcenas, no lo es, y si lo es, es un mal cristiano porque ha robado dinero». Cuenta que en el momento en que hay gente con poder y gente que no, se puede explotar a las personas. Pero incluso ellos tienen a alguien que se hace cargo del templo. Su presidente, Dandava Das, es policía nacional en Madrid.

Pero justifican que haya un líder allí, igual que argumentan la diferencia entre hombres y mujeres. Se jactan de ser un movimiento muy revolucionario porque «integró plenamente a las mujeres», pero en la práctica no se aprecia. Hay un desequilibrio igual que en la mayoría de las religiones. Por ejemplo, hasta hace poco las hare krishna no podían ser maestras espirituales y aunque, según ellos en la actualidad sí pueden ostentar ese título, ninguna lo ha sido aún oficialmente. Además, la ropa también es diferente entre hombres y mujeres. Ellas llevan el sari, un trozo de tela, independientemente del momento de su vida en el que estén. Ellos llevan diferentes colores. El blanco para aquellos que tengan una familia, y el naranja para los monjes célibes o los monjes adultos que solo se dedican ya a la vida espiritual. Es decir, nada de sexo. De hecho en teoría, solo se permiten las relaciones sexuales para procrear. Aunque, como hemos visto, en este movimiento son bastante abiertos y, como dicen ellos mismos, nadie va a comprobar si lo llevas o no a rajatabla. Incluso en cuestionarios en los que ellos plantean sus dudas se dice que algunos maestros le permiten tener sexo una vez al mes. Aunque eso es muy discutible, o eso responde el maestro.

Algunas personas entran a lo largo de la jornada interesándose por el proyecto o incluso por ver cómo pueden empezar a cambiar sus vidas siguiendo la filosofía hinduista. También hay sitio para los despistados que entran en el templo pidiendo «mesa para tres», como si fuera un bar hipster recién abierto. Parece claro que a la gente le gustan los hare krishna. Tal vez porque su filosofía se basa en la búsqueda de la felicidad. «Los hombres en la actualidad buscan la felicidad donde no es. Nos venden que está basada en el cuerpo, pero en realidad viene del amor. Vivimos en una época en la que queremos todos los beneficios pero no hacemos sacrificios. Eso pasa en el amor. Ahora la gente se mete en meetic.com y dice: quiero una rubia y pim, pam, pum. Y no, cuando hay amor hay que hacer sacrificios», dice José.

Esa idea de sacrificio tiene mucho que ver con su unión a los hare krishnas. En muchos ocasiones hay familias enteras dentro de este movimiento pero hay casos, como el de Marcos, en que vivían con sus familias hasta hace relativamente poco. Pero según él, «la gente que te quiere lo comprende. Mis amigos… algunos lo entienden, y otros no, hay gente que cree que me han lavado el cerebro. Y mis padres quieren que sea feliz y ven que esto me hace muy feliz.». Así que, si son felices, para qué necesitan más. Ya lo decía George Harrison parafraseando una de las canciones más famosas de The Beatles: «All you need is love (Krishna)».

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Texto por: Beatriz F. Rebolledo

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