Las marquesinas de Madrid: una renovación eterna (I)


Luces y sombras sobre la reconversión del mobiliario urbano. Madrilánea dedicará tres artículos a las empresas contratadas, a las deudas e irregularidades de las mismas y del contrato firmado, a las posiciones de los partidos políticos

Guillermo Ginés, Lucía M. Cabanelas, Silvia Nieto

Mientras charlan, dos ancianas esperan al autobús. Aunque  la parada está vallada y los materiales de la obra la rodean, nada indica que no se detendrá ahí, como siempre. No parecen sorprendidas de que nadie más aguarde junto a ellas en la nueva marquesina, todavía por terminar. El modelo se ha renovado. Frente al antiguo techo en bóveda y los postes marrones, el innovador diseño se constituye a base de paneles de cristal. La publicidad, situada en cada extremo, cobija a las señoras. Entretenidas, no reparan en la desconectada pantalla electrónica que debería informarles sobre el tiempo de espera. Unas chicas que salen de trabajar pasan de largo. Su camino se detiene unos 50 metros más abajo, junto a un poste elevado sobre una base de hormigón. Su cabecera anuncia que es una parada provisional. Desde la pasada primavera, esta escena se repite a diario en muchas otras calles de Madrid.

El autobús pasa y no recoge a las ancianas. Alertadas por el grupo de jóvenes, corren hacia la improvisada parada, donde el vehículo frena. Por suerte, esta vez han llegado a tiempo. Las obras se suceden desde abril de 2014, después de que una Unión Temporal de Empresas (UTE) formada por Cemusa y El Mobiliario Urbano S.L.U., una filial de JCDecaux, ganase el 24 de marzo el concurso convocado por la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid. Tanto Cemusa como El Mobiliario Urbano S.L.U. se dedican a la explotación publicitaria de mobiliario urbano y su candidatura fue la única en presentarse.

El contrato establecía que las obras deberían terminarse en un plazo de seis meses, es decir, a mediados de octubre de 2014. Fuentes de Cemusa y EMT aseguran que este retraso será penalizado, pero por el momento desconocen la cuantía y la fecha en la que se adoptará esta medida.

Renovación de marquesinas. Foto: L.C.

Renovación de una antigua marquesina. Foto: L.C.

El buen estado de las antiguas marquesinas provocó que muchos ciudadanos cuestionasen esta operación. Además, la deuda acumulada por el Ayuntamiento de la capital –casi 7.000  millones de euros- y la crítica situación económica de la EMT –cuyas pérdidas en 2013 se incrementaron un 50% respecto al año anterior- añadieron dudas sobre el proceso.

Los partidos políticos no se han mostrado favorables a la remodelación de las marquesinas. Izquierda Unida desaprueba el diseño de los bancos. UPyD critica la mala gestión del Partido Popular en la EMT, «necesitada de una inyección económica y amenazada en su propia supervivencia». La formación presidida por Rosa Díez, UPyD, concluye acerca del contrato de las marquesinas: «Es como tener un hijo golfo y darle dinero para sus juergas sin reprenderle su mala actitud».

Las redes sociales también recogieron el descontento de los madrileños, escépticos ante una obra de tales dimensiones y financiada supuestamente con fondos públicos. «Para gastar dinero, las otras estaban bien. ¿Qué necesidad había?», comenta María, una usuaria que coge el autobús junto a la cafetería Hontanares, en el intercambiador de Avenida de América.

En realidad, la EMT ingresará aproximadamente 12 millones de euros cada uno de los 13 años que dura el contrato. Un total de 156 millones. Además, los beneficios por la explotación publicitaria de las 4.265 marquesinas se repartirán entre la EMT y la UTE Cemusa y El Mobiliario Urbano S.L.U., en función de unos porcentajes establecidos en el pliego de condiciones del contrato. Una vez terminado el plazo de 13 años, las marquesinas pertenecerán al Ayuntamiento.

En el acuerdo anterior el escenario era diferente. Fue firmado en la década de los noventa, durante la alcaldía de José María Álvarez del Manzano. También adjudicado a Cemusa, «no contemplaba la reversión de las marquesinas y los postes-bus al Ayuntamiento de Madrid», como atestigua un documento del Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad. Lo que abocó, inevitablemente, a la reconversión actual.

Unos modelos controvertidos

Según el pliego del concurso público convocado por la EMT, las nuevas marquesinas debían cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, garantizar el «acceso universal a estos servicios» y «características de accesibilidad». Pero para muchos ciudadanos han sido excluyentes. Una de las críticas más extendidas es la incorporación de un separador en el banco. Aunque el Ayuntamiento lo denominó «reposabrazos», muchos usuarios consideran que su verdadera función es impedir que los indigentes puedan tumbarse, dado que está prácticamente situado en el centro del mismo.

Por otra parte, las paradas debían contribuir a cuidar el medioambiente. En el concurso, la EMT especificaba que los modelos tenían que incluir un «servicio de recogida de pilas con el que se facilita a los usuarios su depósito», medida ecológica que ya cumplían las anteriores marquesinas.

No es la única característica que comparten ambos diseños. Algunas de las anteriores paradas también contaban con paneles eléctricos e informativos. En ellos se detallaban cuestiones como el tiempo de llegada de los autobuses, la hora y la temperatura. El contrato de las nuevas marquesinas favorecía la implementación de estas tecnologías. Sin embargo, en algunas de las paradas renovadas y con publicidad instalada, estos marcadores no funcionan. En otras ni siquiera están presentes.

Marquesina en obras. Foto: L.A.

Obra de una marquesina que carece de panel electrónico. Foto: L.A.

Otro «fin prioritario de este mobiliario» es proteger «de las inclemencias del tiempo durante la espera de la llegada del autobús con una mayor comodidad». Un elemento clave para cumplir esta función es el techo de las marquesinas, que también ha provocado controversia. Mientras que la cubierta del anterior diseño tenía forma de bóveda –lo que permitía que los deshechos cayesen al suelo-, el actual es plano, lo que dificulta su limpieza. Por ejemplo, en otoño se produce una acumulación de hojas.

¿Qué pasará con las antiguas paradas? El buen estado de las viejas marquesinas ha permitido su traslado a otras ciudades españolas, donde serán reutilizadas.

Laberinto burocrático

¿Qué pasaría si un madrileño intentara informarse sobre cuándo renovarán la marquesina de su calle? En teoría, al tratarse de una adjudicación pública, obtener una respuesta concisa no debería suponer un problema. La realidad es distinta. La opacidad de los organismos que gestionan esta operación es llamativa y dificulta el proceso.

La delegación de Cemusa en Madrid no ofrece una respuesta clara. Cuando llamamos como ciudadanos,  la «burocracia» se convierte en la excusa perfecta para sortear las preguntas y las incongruencias se suceden. Preguntada sobre la posible penalización a Cemusa por haber incumplido los plazos de la construcción de marquesinas, una trabajadora de la entidad responde: «las empresas que lo están haciendo correspondientes a las empresas que tienen». Una explicación confusa. Suponemos que se refiere a que las responsables del retraso son las sociedades subcontratadas por Cemusa, quienes debían ejecutar las obras. «No creemos que todas las marquesinas estén listas antes de las municipales», sugirió un operario mientras levantaba el suelo de una parada.

«Todas las marquesinas no se pueden cambiar a la vez. Unas empezaron a cambiarse en octubre…», contesta Javier, empleado de la centralita de la EMT, al ser interpelado. «Se ha prorrogado el plazo porque no llegaron a tiempo al concurso», continúa, preguntado sobre las sanciones a Cemusa y El Mobiliario Urbano S.L.U. por el retraso en la construcción de las marquesinas. Las obras continúan, pese a que debían finalizar en el pasado octubre. Al insistir sobre esta cuestión, nos remite «a la empresa concesionaria». Nos extraña su respuesta, ya que la EMT es la que adjudicó el contrato. Nuestra sorpresa aumenta cuando nos corrige: «No, nosotros no, el Ayuntamiento”. Sin embargo, Ana Botella, alcaldesa de Madrid, es también presidenta de la EMT.

Al igual que en un partido de tenis, administración pública y privada se pasan la pelota.

Quizás por eso las señoras esperaban en la parada equivocada.

Próxima entrega:  ¿Quiénes son las empresas que gestionan la renovación de las marquesinas? Aclararemos a los lectores la situación económica de la EMT, Cemusa y JCDecaux, y los intereses que motivan esta reconversión, a priori innecesaria.

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