El «todo a cien» que se convirtió en mezquita en Villaverde


En la calle Macarena Esperanza se sitúa un particular templo islámico

En las estrecha calle de Macarena Esperanza, entre un despacho de Lotería y un bar castizo de la zona, la comunidad musulmana de Villaverde encuentra un lugar para desarrollar su fe. En el interior de un local aparentemente abandonado con un letrero que reza «Híper 0,60», se puede encontrar a varias jóvenes ofreciendo clase en árabe a niños o a un Imán realizando uno de los cinco rezos diarios. Lo que puede parecer una tienda de alimentación en desuso es en realidad un tempo para el Islam.

Said Bensellam es marroquí y vicepresidente de la mezquita. Lleva viviendo en España cerca de quince años. Se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y está casado con una española. Dentro, habilita un aula en la que las sillas, los papeles y los productos de limpieza se entremezclan entre sí. Tras despachar rápidamente en árabe una llamada telefónica, comienza a hablar sobre las actividades de la mezquita. «Somos una comunidad abierta», repite en varias ocasiones. Después de varios cambios de ubicación, hace dos años se instalaron en la calle Esperanza Macarena. «Es algo provisional, estamos esperando las licencias de un nuevo local que será un centro cultural mucho más amplio, un lugar donde se impartirán clases de árabe a españoles y se abrirá el centro a gente del barrio», afirma Bensellam. Tanto él como el resto de personas que dirigen la mezquita se consideran «gente integrada» dentro de Villaverde.

La mezquita, por dentro. Foto: G.G

La mezquita, por dentro. Foto: G.G

La agrupación se constituyó en el barrio hace alrededor de una década, pero ninguno de sus fundadores continúa hoy dentro del templo. «Algunos se han marchado y otros han fallecido», dice Mohamed Azami, el presidente actual. La organización del templo se divide entre los eventos que se producen de lunes a viernes y los que tienen lugar el fin de semana. Los primeros se desarrollan con el imán tradicional que, según Bensellam, es «una institución» que se ha unido a la comunidad «tras pasar por varias mezquitas de Madrid, la última en San Martín de la Vega». Sábados y domingos, la comunidad invita a imanes de otras mezquitas para que ofrezcan sus discursos y realicen lo que Bensellam considera una «orientación de la opinión pública». Además, los fines de semana también hay charlas sobre valores sociales. Después del reciente fallecimiento del padre de Said Bensellam, este discurso estará dirigido al respeto a los mayores. En esta tienda de ultramarinos se desarrollan actividades musulmanas los siete días de la semana. Aunque el vicepresidente de la comunidad asegura que los asuntos políticos están «prohibidos» en la mezquita porque suelen generar una gran cantidad de disputas, él mismo aborda la situación actual de los musulmanes en Occidente. Bensellam afirma sentir «vergüenza» tras los últimos atentados yihadistas en Francia y considera que los «más perjudicados» de estos ataques son los «musulmanes que residimos fuera de nuestros países».

Peligro radical

La calle de Esperanza Macarena. Foto: G.G

La calle de Esperanza Macarena. Foto: G.G

El politólogo considera que muchos ciudadanos les observan como si fueran «células durmientes», como si «algún día nos fuéramos a levantar y a realizar barbaridades». No le da mayor importancia y cree que es «fruto del desconocimiento». Sin embargo, el marroquí sí reconoce que hay una corriente «extremista» dentro del Islam. «Hay gente que acude a las mezquitas con consignas radicales e intenta difundirlas», afirma. En ocasiones no es un aspecto fácil de controlar, ya que cuando se invita a un imán de fuera para que realice una intervención, en la Mezquita de Villaverde no saben «qué va a decir» sobre aspectos como el papel de la mujer o la relación que deben tener los musulmanes con otras religiones. Si emite consignas demasiado radicales, Bensellam asegura que «no vuelve a venir». Según su opinión, dentro de la religión islámica existen «muchas interpretaciones». En un momento dado, Mohamed Azami entra en el aula y avisa a Bensallam que tienen que realizar uno de sus cinco rezos diarios. «Serán solo cinco minutos», dice el presidente del centro. Las oraciones del imán inundan el lugar durante unos instantes.

A su vuelta, Bensallam, cierra la conversación con el papel de los medios de comunicación. El politólogo echa de menos que se de más voz a las personas que «están dentro de las mezquitas» que sean ellos los que hablen de religión en las informaciones sobre islamismo. «Un profesor universitario puede conocer mucho sobre el Islam, pero no vive con gente musulmana», afirma. La realidad islámica en España, según sus propias palabras, está en la calle. En lugares como el de Macarena Esperanza.

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Texto por: Guille Ginés

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