«En Colombia cuando dicen que te van a matar, te matan»


Un refugiado colombiano establecido en Alcobendas cuenta cómo tuvo que huir para que no le asesinaran
ASEVICOM

Ulpiano Rodríguez (vestido de azul) sujeta una pancarta durante una marcha en Madrid Foto: ASEVICOM

Ulpiano Rodríguez es colombiano. Lleva 10 años viviendo en Alcobendas. Como refugiado. Tenía un buen empleo, una hermosa casa, una mujer y dos hijas pequeñas. No se imaginaba que sus labores sociales como líder comunitario en el precario distrito de Aguablanca (Cali) –formado por comunas donde abundan las bandas criminales y existe un alto índice de pobreza–, le iban a obligar a cambiar radicalmente su vida para que no lo mataran. Un mal día se publicó un «panfleto» donde le amenazaban de muerte. Nunca supo la autoría de las intimidaciones pero sintió que, muy a su pesar, tenía que salir de allí cuanto antes. «Se sabía que iban a acabar con mi vida y yo tenía dos hijas muy pequeñas. No quería marcharme pero tenía que hacerlo por mi familia». Ulpiano no dudó un instante de que aquellas advertencias iban muy enserio. «En Colombia cuando dicen que te van a matar, te matan. No hay mecanismo que lo pueda evitar».

Antes de tener que huir del país, Ulpiano trabajaba como conductor de autobuses e inspector en una empresa. También era el presidente de la Fundación Cívica pro Obras y Medio Ambiente, y cuando terminaba su jornada laboral, trataba de modernizar la vida en Cali. «Luchábamos por mejorar todo tipo de infraestructuras: la pavimentación de las calles y las carreteras, el alcantarillado o incluso, por la creación de edificios públicos. Hacíamos parte del trabajo que debía hacer el Gobierno». Sin embargo, su inquietud por los problemas sociales de sus compatriotas le ha traído serios problemas.

El amargo camino de un apátrida

Ulpiano decidió que tenía que empezar una aventura con su familia lejos de su hogar. Tuvo que esconderse para que no le encontraran y renunciar a toda su vida. «Lo más difícil de ser refugiado es dejar atrás lo que has tenido: tus hermanos, tu familia y tu tierra. Todo por lo que has luchado durante tu existencia. De la noche a la mañana lo abandonas al completo y te vas».

Según Ulpiano: «El trauma que se crea al privarte de manera forzosa de una vida es muy grande y, por eso, la atención psicológica es muy importante en estos casos. Sales del país y  te integras en una nueva cultura. Quieres regresar a tu nación, y cuando retornas todo es diferente y esa no es la vida que tenías. Te vuelves una persona apátrida».

Para marcharse del país, tuvo que trasladarse a la capital –Bogotá– en una situación muy difícil. «Dormí con mi familia en la calle, en parques, vagando por una ciudad que no era la mía». Además, ve cierta similitud en la situación actual por la que están pasando miles de sirios. «Cuando veo a los refugiados caminando, atravesando países para huir de la guerra en Siria buscando un futuro mejor, me recuerda mucho a la situación que yo viví. El desarraigo es el mismo».

Ulpiano pidió asilo en España, Canadá, Francia e Italia. Sin embargo, la respuesta era negativa y su situación se hacía cada vez más precaria. Las trabas con los visados eran constantes. Así, decidió tirar de ingenio para poder quedarse en un país donde se sintiese seguro.

En junio de 2005, compró unos billetes desde Colombia a Tel-Aviv, con escala en el aeropuerto de Barajas. Nunca llegaría a su destino final. Al llegar al aeropuerto madrileño solicitó asilo como refugiado del conflicto colombiano, y finalmente se lo concedieron. «Para ser refugiado hicieron un estudio en la Oficina de Asilo en España. Cuando entras te mandan a la Cruz Roja, después otra vez a dicha oficina para llevar la documentación necesaria, luego haces una declaración y ya estudian tu caso». Es muy difícil para los colombianos lograr el estatus de asilado y refugiado, solo 1 de cada 5.000 lo consiguen. «Yo fui muy afortunado», reconoce Ulpiano.

Una nueva vida y la fundación de ASEVICOM

Cuando este colombiano llegó a Madrid, comenzó una vida desde cero. La integración no fue tan difícil por el idioma y la oficina de Asilo le asignó un centro de refugiados en Alcobendas. Además, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en España (ACNUR) estuvo muy pendiente de su situación y le ayudó a que su situación fuera lo menos traumática posible. Aunque llegó algo desorientado, estudió y empezó a empaparse de la cultura española. Es experto en Mediación Social Intercultural por la Universidad Autónoma de Madrid y también realizó allí un Máster en Inmigración y Relaciones Intercomunitarias.

En el centro de refugiados conoció a muchos compatriotas que habían tenido que salir de Colombia por diversos motivos: los conflictos de las FARC, los paramilitares o incluso por el acoso de los narcotraficantes. Gracias a su innata inquietud pensó que tenía que crear una asociación para que se les escuchase. De esta manera surgió la Asociación Europea de Víctimas del Conflicto Armado Colombiano (ASEVICOM), de la que es su presidente. Todos sus miembros están reconocidos como víctimas de este conflicto. «Nos costó mucho que nos reconocieran en el exterior. En mayo de 2015 fuimos reconocidos por el Gobierno colombiano, antes éramos desaparecidos nada más. Nos unimos muchas familias y estamos legalmente registrados aquí».

Ulpiano y Embajador de Colombia

El presidente de ASEVICOM (i) conversa con el Embajador de Colombia en Madrid Foto: ASEVICOM

Esta asociación es la metáfora de cómo han sido sus vidas, ya que no tienen una sede fija todavía. «Anhelamos reunirnos con la alcaldesa o la presidenta de la Comunidad de Madrid, necesitamos un piso para ASEVICOM», se lamenta Ulpiano. Se sienten olvidados por las autoridades.

Sus reuniones sirven de calmante para tanta calamidad: «Todos los compañeros hemos tenido experiencias increíblemente duras, pero conozco a una madre a cuyo hijo despedazaron con una moto sierra, un brazo por un lado, una pierna por el otro… o incluso otra señora que encontró la cabeza de su marido en el felpudo al llegar a la puerta de su casa. Es muy doloroso». Por eso, cuando se reúnen intentan realizar una labor social y no recordar experiencias personales porque se deprimen fácilmente. «Tratamos de salir adelante», apunta Ulpiano.

Si algún día volviese a Colombia, su vida seguiría corriendo peligro. Pese a todo, sueña con regresar algún día. «Los viejos queremos volver a nuestra tierra, vivimos allí muchos años». Mientras tanto, Ulpiano continuará luchando contra las injusticias. En definitiva, por un mundo mejor.

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Texto por: Álvaro G. Colmenero

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