Padre Damián: «Todos deberíamos tener una experiencia de Misión; quita mucha tontería de encima»


Recién anunciada su candidatura para representar a España en Eurovisión, este misionero redentorista nos habla sin tapujos de su día a día y de cómo ve a la Iglesia de hoy
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El padre Damián es uno de los candidatos a ser el representante español de Eurovisión. Foto: Padre Damián – The Beats

A pocos metros de la Plaza de Chamberí, en la calle Manuel Silvela, se encuadra la parroquia del Perpetuo Socorro. En esta Iglesia de estilo neogótico es sacerdote desde hace unos años el padre Damián María Montes. Este cura treintañero de Granada no pasa desapercibido cuando estás cerca de él. Lo que más sorprende a primera vista es su estilo «hipster», pero si por algo es famoso este misionero redentorista es por su vocación musical. Hace dos años que participó en el programa «La Voz», de Telecinco. Una decisión arriesgada  que cambió su vida.

Tras su paso por el programa creó su grupo de música, «The Beats» -latidos en inglés-. Con ellos ha sacado dos singles, una versión de «Story of my life» -del grupo británico «One Direction»- y «Nada imposible»; la segunda fue lanzada con tintes solidarios. Ahora acaba de anunciar que TVE ha aceptado su candidatura para representar a España en Eurovisión -uno de sus sueños- con la canción «Thousand Suns».

Pero a pesar de este salto a la fama, Damián sigue ocupándose con normalidad de los asuntos que le atañen en su parroquia. Tiene muy presente su labor de misionero en el barrio. Tiene claro que, ante todo, debe estar al servicio de los demás. Congratulado por que la Iglesia esté cambiando con el Papa Francisco, se muestra sensible con los que más sufren.

Además de cura y cantante, también trabaja en colegios de la zona. De hecho, está cursando un máster de pedagogía a distancia, ya que la filosofía es otro tema que le apasionaría impartir. En definitiva, su día a día es un no parar.

-¿Cansado, agobiado del día?

-No mucho, hoy ha sido un día bonito. He estado en un colegio que no está en el barrio que se llama Corazón Inmaculado realizando la celebración del perdón. Confesando a los chavales de quinto y sexto de primaria. Siempre es bonito cuando trabajas en grupo con chavales.

-Porque el colegio en el que trabaja es el Blanca de Castilla, ¿no?

-Eso es, en el Blanca de Castilla soy coordinador de pastoral. Es un trabajo a tiempo fijo que me ocupa todo los días de la semana menos los miércoles; por eso he podido ir hoy al Corazón Inmaculada. Realizo charlas al profesorado, reuniones de padres, papeleo de proyectos…

Y, además, los jueves y viernes durante una hora por la mañana voy a las Esclavas del Sagrado Corazón, pero allí sólo estoy en la capellanía. Mi tiempo básicamente es compaginar la parroquia con el colegio.

-Al hablar de proyectos, ¿se refiere a proyectos sociales?

-Sí, de hecho, como nuestra congregación está vinculada a una ONGD, pues los proyectos son los de ésta. A pesar de que el colegio no pertenece a los redentoristas, sí que hay cierta colaboración a través de la ONGD.

-¿Cómo trabajáis esta clase de proyectos con los alumnos?

-Quizás el punto más flojo sea el tema de la sensibilización con los alumnos. Se hacen muchas acciones separadas pero no hay una fase de acompañamiento detrás de esa acción social. Deberíamos fortalecer ese aspecto porque a los chavales les gusta todo lo que sea voluntariado; se implican mucho. En la última actividad, hace un mes, hicimos un bocadillo solidario donde todo lo que recaudamos fue destinado a un proyecto para ayudar a personas sin hogar.

-Y además de su vida escolar, imagino que en la parroquia también llevará adelante otros grupos.

-Sí, tenemos muchos grupos. Pero aun así, yo no estoy en todos ellos. Sólo soy una figura de coordinación junto a otro redentorista llamado Antonio Puerto. Pero luego cada etapa tienen a su propio coordinador y entre ellos se gestiona muy bien. Nos encargamos de los grupos que van desde los 4 hasta los 35 años. Entre esas etapas hay muchos grupos, también de voluntariado, y, por supuesto, la misa de los domingos, donde participa el coro.

-Tengo entendido que su misa de los domingos llama mucho la atención por la importancia de la música dentro de ella.

-Faltaría más que una persona como yo que ha vivido con la música desde pequeño no la potenciara dentro de la parroquia donde sirvo de sacerdote. Me gusta que la celebración sea animada porque yo creo que la misa es una de las puertas de entrada a una parroquia. Aunque parezca una tontería, hay mucha gente que sólo viene a la parroquia a misa. Y, sin embargo, al ver después la forma de celebrar la misa, les mola y preguntan: «oye, ¿qué grupos hay por aquí?». Se interesan más. Por eso intentamos cuidar mucho la celebración, y en ello el coro ayuda mucho.

-¿Puede que sorprenda por la concepción general que hay en la sociedad sobre cómo se celebra una misa?

-Puede ser. Nuestro propio barrio es de gente mayor en general. Apenas hay hogares propios de jóvenes de entre 20 a 40 años. Es verdad que la demografía propia del barrio marca un estilo un poco más conservador a la hora de vivir la fe. Pero como nosotros lo que ofrecemos lo hacemos para todos, sin fijarnos en la zona de Madrid de donde venga la gente a misa, pues sí que la «liamos» un poco. En la misa tratamos de ofrecer algo nuevo a los jóvenes para que se sientan como en casa.

-Tiene la imagen de ser un cura cercano. El Papa Francisco dijo en su día que quería a más curas con «olor a oveja», ¿puede ser uno de los problemas de la Iglesia la poca cercanía que algunos curas transmiten a las personas?

-Sí, yo creo que sí. Es verdad que los redentoristas, dentro de nuestro carisma, tratamos de vivir cerca de la gente y no encerrados. Yo creo que siempre es un punto a favor que el sacerdote sepa cómo es barrio, conozca a la gente… aunque tampoco es que yo me considere la persona más cercana del mundo. Yo soy súper reservado

-¿Sí?

-Pues sí, creo que es algo característico de los artistas (se ríe). Tenemos como un doble perfil. De repente parecemos muy extrovertidos en el escenario o con un micro delante, pero luego a mí me quitan eso y alguien puede decir: «pues deja bastante que desear». Soy muy reservado.

Y volviendo al tema de la gente pues, a pesar de mis reservas personales, sí que lo considero importante y trato de hacerme presente en sus vidas.

-¿El trato personal con la gente es, quizás, más enriquecedor que el general, siendo un ejemplo de este último una homilía?

-Las dos cosas son importantes. Yo cuido mucho la homilía porque creo que hace mucho bien. Si un cura es capaz de predicar con palabras que entiende la gente es un buen punto a favor de cercanía. Pero es verdad que no todo es un discurso abierto para todos, sino que la gente necesita que la escuches personalmente. Ese tema más personal necesita más presencia, más tiempo… y puede que sí, que al final sea más importante.

-Volviendo a la figura del Papa Francisco. ¿Favorece a la imagen de la Iglesia después de algunas de sus últimas declaraciones, como por ejemplo con el perdón a las personas que han abortado?

-El Papa está haciendo mucho bien. Cuando yo veo al Papa Francisco veo cómo sería Jesús hoy en día, y eso me demuestra que lo está haciendo bien. Las decisiones de este año, como la capacidad de absolver por parte de los sacerdotes a las personas que han abortado, hacen mucho bien. La gente está muy confundida aún con estos temas. Conozco a algunos que creen que los separados y divorciados están excomulgados de la Iglesia, y eso no es así. Eso es de una teología de hace muchos años.

-¿Y entre los curas, hay mucho debate sobre este discurso del Papa?

-Sí, claro que se genera. Y no sólo debate, también estudio, reflexión…creo que eso es lo que está intentando hacer el Papa, que ninguna puerta esté cerrada. Que la gente pueda dialogar desde varios puntos distintos. Sólo podemos dar cerrado el Evangelio, que es el que es. Pero a partir de ahí hay tantas cosas que han cambiado a lo largo de la Historia que me parece presuntuoso dejar cerradas algunas de ellas de manera definitiva. No me parece cristiano, ni humilde. No tenemos la verdad absoluta.

-Y en ese sentido, ¿cree que es positivo que la Iglesia tenga influencia en la política?

-Yo creo que la Iglesia más evangélica es la más libre. La que no se ata a ninguna línea política. Es verdad que a veces la denuncia que hace la Iglesia, como puede ser la defensa de la vida, conlleva reacciones políticas. Pero pienso que cuanto más separados estén los ámbitos, mejor.

-¿El mundo está loco?

-Sí. O ha perdido el norte. Lo que se ve por las noticias da mucho miedo. Y sobre todo con temas de intolerancia religiosa. Es muy triste. No hay que culpar a ninguna religión, sino a los extremistas de cada religión. Es terrible que se intente generar un mundo mejor de parte de Dios sólo con violencia. Es algo que no logro entender.

-¿Cómo puede actuar desde su posición si un fiel le viene justificando la violencia?

-Desde mi posición esa persona no ha entendido a Dios. Yo creo en un Dios pacífico y creo no sólo en mi Dios cristiano, sino que creo que Dios es paz. Por eso no entiendo que una persona pueda justificar en nombre de Dios la violencia. Por eso me parece que o no lo ha entendido o lo ha confundido todo, o llama a Dios su propio interés.

-Entrando en la figura de Damián artista, ¿cómo fue el momento de dar el paso a ser cantante?

-Es un aspecto que desde pequeño he vivido. No es que un día dijese: «bueno, pues para liarla un poco, como soy cura y puedo tener repercusión en los medios, voy a presentarme a un programa». No. Ya de pequeño me presenté a un programa de Canal Sur que se llamaba «Veo Veo». También fui al casting de la primera edición de «Operación triunfo». Son aspectos curiosos de la vida de cada uno y a mí la música y el teatro me han estado siempre acompañando.

Es verdad que cuando vi en Italia a la religiosa Sor Cristina presentarse a la edición de «La Voz» de allí tuve un impulso para dar el paso. Me pregunté: «si lo hacen en Italia, ¿por qué no aquí? ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no descubrir ante la gente que hay sacerdotes con sus dones particulares?». Lo hablé con mi superior y con el obispo y lo vieron positivo.

-¿Ha habido voces críticas o problemas sobre ello?

-Sí, pero han sido mínimas. No todo el mundo comprende esta manera de hacer Misión. En algún momento me dijeron: «pero ¿cómo has podido ir a Telecinco si Telecinco es la cadena que nos critica?». Yo sí entiendo esta manera de hacer Misión; Jesús comía también con los pecadores. No es que esté llamando pecador a Telecinco. De hecho, allí conocí gente muy profunda que nada tiene que ver con lo que se ve desde fuera.

Yo todo esto lo considero positivo. También lo enfoco desde el punto de vista de la responsabilidad cristiana de mi talento, como en la parábola de los talentos de la Biblia. Al final lo importante son las prioridades que cada uno tiene. La primera para mí es la Misión. Pero luego también se tiene tiempo libre, que yo quiero dedicar a la música.

-¿Con la música ha conseguido llegar a más gente?

-Sí, esta es una de las razones que yo me quedo en el corazón. Aunque venga la crítica, siempre recordaré estas cosas. Por ejemplo, cuando fui al programa, gente que trabajaba en él empezó a venir a misa a la parroquia y terminaban cuestionándose cosas. Después en las redes sociales recibí muchos mensajes de personas que decidieron, al verme, enfocar su vida a la vocación religiosa o que me agradecían haber mostrado que los sacerdotes somos gente normal.

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Su experiencia en la India le marcó mucho. Foto: Damián María Montes

-¿Le fue más difícil dar el paso a la vocación religiosa o a la música?

-No me resultó complicado entrar en la vida religiosa. Le costó más a mi entorno, ya que le sorprendió mucho esta decisión; incluso no sentó muy bien. Lo decidí desde muy joven. Si no recuerdo mal, a los 16 empecé el diálogo y a los 18 entré. Estaba muy convencido. Con la música diría que tampoco me costó. Son dos vocaciones que tengo tan dentro de mí que al final han surgido de manera natural.

-Ha comentado antes que su primera prioridad es la Misión. Ha estado en la India, en Colombia, en Tailandia… hábleme más de ese Damián misionero.

-Para mí ese sí que es el mayor regalo. Uno siempre anhela volver de Misión. Tengo magníficos recuerdos de la India, aunque también fue una experiencia muy dura. Entrar de golpe en una cultura nueva, comprender que Europa no es el centro del mundo… allí entendí muchas cosas.

Luego, lo que se ve de pobreza, exclusión, minorías… es muy triste y marca mucho. Aun así, la belleza de nuestra vocación es eso: aportar algo de luz donde parece que sólo hay oscuridad.

-¿Pecamos de egocentrismo?

-Sí, cuando vine de la India, tuve esa convicción. El hemisferio norte se cree el centro del mundo. Y te das cuenta de que no lo somos. Hay aspectos que para nosotros son normales, pero para un africano no. Tendremos que respetar también su cultura y no ir imponiendo nuestros criterios.

-¿Alguna historia que le marcara de Misión?

-Recuerdo que en la India todas las mañanas me encontraba con una mujer pobre que no podía caminar y que siempre pedía té. Cuando regresé a España, la primera vez que me sirvieron una sopa en casa se me vino a la cabeza esa mujer pidiéndome té. Me dí cuenta de cómo yo, que tenía todo, sin haber pedido la sopa caliente la tenía servida en la mesa. Sin embargo, la mujer todas las mañanas trataba de pedir un té y a mí me costaba sacar las cinco o diez rupias que costaba para dárselo. En definitiva, la Misión marca mucho. Para mí, todos deberíamos tener una experiencia de Misión porque quita mucha tontería de encima.

Diez preguntas cortas para conocerlo mejor

Una ciudad: Granada.

Un grupo de Música: One Direction.

Un referente: Federico García Lorca.

Un libro: El retrato de Dorian Gray.

Una comida: Pollo al horno con patatas.

Una película: Sister Act.

Perro o gato: Perro.

Una bebida: Coca cola.

Un sueño: Cantar en Eurovisión.

¿Qué harías si te quedas atrapado en un ascensor con Angelina Jolie?: Rezaríamos el rosario.

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Texto por: Jorge Aguilar

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