El nuevo periodismo no se libra de los ataques de siempre


La denuncia de la APM a Podemos por unas supuestas presiones a diferentes profesionales monopolizó el debate «Periodismo político en la era digital» del Congreso de Periodismo Digital de Huesca

Por Raquel Fernández-Novoa y Bruno Pardo Porto

Era el momento de hablar del rumbo del «Periodismo político en la era digital», aunque todo derivó en una discusión sobre la reciente denuncia de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) a Podemos por supuestas presiones a un grupo de periodistas. En la mesa de debate del Congreso de Periodismo Digital de Huesca se encontraban Jesús Maraña (Infolibre), Esther Palomera (Huffington Post), Lucía Méndez (El Mundo) y Javier Casqueiro (El País). Palomera sugirió que existía una intención política detrás de la actuación de la asociación: «Si se hubiese tratado de otra formación política no se hubiesen pronunciado». «La APM no siempre ha amparado a los periodistas frente a los ataques», añadió.

Lucía Méndez recordó que la APM, de la que forma parte, atendió una solicitud de un grupo de compañeros. Sin embargo, recalcó que siempre han existido presiones en la profesión: «Cuando me incorporé al periodismo Alfonso Guerra nos insultaba en los pasillos del congreso. Felipe González era Dios».

Por su parte, Javier Casqueiro fue muy duro con la formación morada y criticó a sus compañeros por desviar el debate. «Ninguno de los que estamos aquí arriba tiene la más mínima duda de la veracidad de esos ataques», señaló. Maraña zanjó la controversia tajante: «Me gustaría saber dónde están sus empresas, sus directores y por qué no los respaldan».

Dos visiones encontradas

Antes de la controversia, el debate se centró en el presente y futuro de la labor del periodista en el nuevo entorno tecnológico, una cuestión que partió a la mesa en dos. «Es como si te arrodillaras para plantar una semilla de un árbol y ésta creciese tan deprisa que se tragase tu pueblo entero». Con esta imagen explicó Lucía Méndez su visión de la profesión en internet. Su postura fue muy crítica y señaló los dos grandes problemas que ha traído consigo la revolución digital. El primero, la excesiva interacción de los informadores con los políticos:  «Tenemos que cuestionarles y preguntarles en los lugares donde es pertinente. De otra manera se confunde a la audiencia, se le da la visión de que somos iguales». El segundo, el narcisismo que han traído consigo las redes sociales, donde cada informador es una marca.

En las antípodas de este planteamiento se situó Esther Palomero. «Si quieres hacer un periodismo crítico y riguroso debes seguir haciéndolo igual. Nuestra profesión ha mejorado con estas herramientas y hemos multiplicado nuestra audiencia», defendió.

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Javier Casqueiro se definió como «parte de toda la casta periodística tradicional», pero a la vez se posicionó como un gran defensor de los beneficios que han traído las nuevas tecnologías. Para él la profesión se ha democratizado y el debate profesional se ha vuelto mucho más rico: «Me llegan ideas estupendas de otros medios de comunicación y de gente anónima. Yo absorbo todo eso, me enriquece. Noto un poco menos sectario el ambiente en las redacciones».

Todos los ponentes coincidieron en que el paradigma informativo ha cambiado, aunque el olfato en el oficio ha de ser el de siempre. En una nueva era en la que los acontecimientos se vuelven cada vez más impredecibles, la labor y el buen hacer del periodista digital toma un papel esencial. El Brexit sorprendió, el ascenso al poder de Donald Trump sorprendió y en el ámbito nacional el sorpasso que indicaban los medios de comunicación nunca se llegó a producir. «Tardamos mucho en reaccionar», explica Jesús Maraña, director editorial de Infolibre. «Los periodistas deberíamos estar ya muchos más atentos, con el oído más alto. Tenemos que observar las cosas que transcurren por debajo de los radares».

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