Un bar madrileño o un puente literario que cruza el Atlántico


Macanudo es un espacio en el que los fanáticos de la lectura se encuentran en un ritual mágico que combina gastronomía, copas y debates literarios
El bar que invita a conocer mejor a los escritores latinoamericanos

El bar que invita a conocer mejor a los escritores latinoamericanos

Al igual que Rayuela, el libro icónico del magnífico Cortázar, los recorridos posibles son múltiples y se dejan al libre albedrío del lector. Hay quienes entran, toman un libro mientras degustan una copa, leen un par de capítulos y regresan a la semana siguiente para retomar justo donde dejaron. Un segundo grupo prefiere ingresar al bar acompañado, escoger uno de los tantos ejemplares que reposan en sus mesas, tomar asiento y leer con tranquilidad mientras cena –cena que, habitualmente, cuentan los dueños del lugar, termina con un apasionado debate sobre el material leído-.

Pero una tercera experiencia resulta aún más interesante y lo cuenta la misma dueña del bar, aún sorprendida: «Se produce algo muy mágico, porque muchas veces también se generan discusiones sobre los libros entre las distintas mesas. Incluso, también en la misma barra del bar».

El nombre del bar, Macanudo, tampoco responde a una casualidad: la palabra funciona como un puente entre Madrid y Buenos Aires, sitios de donde son originarios Beatriz Reguero -española- y Hernán Elicabe -argentino-, quienes dieron vida a este espacio, ubicado a la altura 15 de la Calle del Limón, muy cerca de la Plaza de España.

«Elegimos ese nombre porque ‘macanudo’ es una palabra que significa ‘buena energía’ y es un término que, si bien ya ha caído en desuso en España, en Argentina se sigue utilizando y mucho», cuenta a Madrilánea Reguero. Y agrega que, si bien el bar ofrece a sus clientes toda una variedad literaria que incluye a numerosos autores latinoamericanos –también los hay chilenos y cubanos-, los argentinos son los más demandados.

Colorido, el bar es escenario de debates sobre libros

Colorido, el bar es escenario de debates sobre libros

Julio Cortázar y un pedacito de Buenos Aires en Madrid

La decoración del bar, por supuesto, también tiene cierta lógica. Además de los libros que esperan sobre las mesas la llegada de algún curioso, hay una biblioteca de la que se pueden tomar ejemplares de manera espontánea. Por otro lado, «también hay algunos detalles que suelen pasar desapercibidos para la mayoría de la gente, aunque algunos más inquietos, los descubren», señala Reguero. Es el caso de un autorretrato de Julio Cortázar, cuya postal se encuentra escondida en el lugar.

El «Cronopio» es uno de los autores que más figuran entre los libros de Macanudo, aunque también los clientes habituales del bar suelen mostrar interés por otros escritores argentinos. Principalmente, Jorge Luis Borges y Roberto Arlt. «Mucha gente se sorprende con la literatura latinoamericana. Hay una atención muy fuerte por esa cultura», apunta la dueña del bar.

Dentro de la oferta literaria no faltan los historietistas rioplatenses y abundan los ejemplares de la Mafalda de Quino –sobre todo, reclamada por los más pequeños- y de Macanudo –del dibujante argentino Liniers-.

En cuanto a la manera de obtener los libros, Reguero cuenta que los orígenes son diversos, pero la provisión está siempre asegurada: «Viví cuatro años en Argentina y cada vez que viajo trato de traer ejemplares para el bar, pero también mucha gente los cede y hasta tenemos un vecino que siempre nos regala otros».

La curiosidad de este espacio, según su fundadora, consiste en que se trata de un ambiente nocturno que invita a la lectura y en el que la cena o la copa –inclusive, la misma barra del bar- se vuelven una excusa para leer en compañía. «Estamos de 7 de la tarde a 2 de la madrugada y lo interesante es que la gente viene a cenar y luego se queda leyendo», dice la dueña de Macanudo.

Inclusive, hasta se producen encuentros mágicos, según cuentan los propios clientes a Reguero. Los protagonistas, por supuesto, son siempre los libros: «Mucha gente me dice que estuvo hablando en la semana de un libro y, de repente, se sienta en una mesa donde de casualidad, le toca ese ejemplar».

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Texto por: Guadalupe Piñeiro Michel

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