Jesús Maraña: «Me generó desconfianza que Cospedal anunciara que había que tomar medidas contra las fake news»


El director editorial de Infolibre reflexiona en Madrilánea sobre su visión acerca de la situación del periodismo en la actualidad y de la crisis catalana
Jesús Maraña, director editorial de Infolibre

Jesús Maraña, director editorial de Infolibre – Foto: Madrilánea

Jesús Maraña, director editorial del diario Infolibre y analista político en La Sexta, comparte con Madrilánea su visión acerca de la situación del periodismo en la actualidad y de la crisis catalana antes de su intervención en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca. Maraña ha sido el elegido para moderar la conferencia «Periodismo político con Cataluña al fondo», en las que participarán las directoras Montserrat Domínguez (HuffPost), Esther Vera (Ara) y Ana Pardo de Vera (Público).

¿Cómo cree que puede influir el Congreso de Periodismo Digital de Huesca de cara al mundo periodístico? ¿Cree que puede promover cambios?

Yo creo que esta cita ya ha conseguido situarse en el mapa del periodismo no solo español sino internacional como un referente de reflexión y debate. Me parece muy interesante porque genera una intercomunicación entre medios y periodistas muy diferentes y se comparten muchos de los problemas que están atravesando los medios. Además, también tienen cabida muchas reflexiones pioneras que aportan posibles soluciones o nuevas vías de ejercicio del periodismo y modelos de negocio. Me parece que es muy interesante en ese sentido tanto para reflexionar juntos sobre los errores como para encontrar vías de solución y de mejora a lo que hacemos.

¿Hacia dónde cree que evoluciona el mundo periodístico? 

Los medios están buscando nuevos modelos de negocio y, hasta el momento, han fracasado. Esto ha sido así debido a una especia de tormenta perfecta entre la crisis económica, la crisis publicitaria y la revolución digital en la que los principales responsables de su producción fueron los directivos de medios de comunicación. La respuesta a este nuevo panorama empresarial ha sido equivocada durante muchos años.

Primero se interpretó mal la revolución digital ya que los grandes grupos de comunicación creyeron que la llegada de Internet sería un negocio perfecto al pensar que, subiendo los contenidos que tenían en los quioscos, iban a generar unos ingresos multimillonarios en publicidad. Esa operación se demostró equivocada en todo el mundo y provocó que se devaluase por completo la materia prima de este «negocio» que son los contenidos, mientras que los ingresos publicitarios previstos no llegaron nunca, ni van a llegar.

Otra cuestión es establecer otro tipo de negocios de Internet. Se ha establecido una especie de falsa ecuación en la que se convence que comunicación es igual a periodismo o Internet es igual a gratuidad. Esa doble ecuación es falsa y ha sido letal para los intereses del periodismo.

¿Cuál es el futuro de los medios?

No me atrevo a pronosticar el futuro de los medios pero lo que sí voy viendo es que algunos grandes medios del extranjero como el New York Times, el Washington Post o The Guardian también han interpretado de una forma similar la situación del mercado para evitar depender exclusivamente de la publicidad. Debido a esto, la cuestión fundamental que, a mi juicio, es la batalla que estamos ganando en Infolibre, es la de recuperar la confianza y la credibilidad ante los lectores y convencerles de que esto tiene un coste, un valor que si no pagan ellos, al final lo pagan grandes empresas o bancos con el objetivo de imponer sus intereses , aunque distorsionen lo que es la función del periodismo.

En base al modelo de experiencia que tiene Infolibre, ¿cree que este tipo de negocio podría ser copiado por otros medios en el futuro más próximo?

Está ocurriendo ya pero en España está costando más porque aquí existe un factor determinante en el ecosistema mediático: los acuerdos comerciales u opacos. Estos consisten en que muchos medios hacen tratos con grandes empresas, bancos o multinacionales que les aportan más dinero al margen de los ingresos de publicidad convencional. El objetivo de estos es conseguir llevarse bien con el medio e influir en sus publicaciones. Esto, que creo que el 90% de la ciudadanía lo desconoce, es un factor fundamental para entender por qué en España hay tantos medios de comunicación. En verdad muchos medios probablemente no sobrevivirían sin estos factores. Lo más preocupante es cuando ese tipo de acuerdos opacos se hacen con instituciones públicas como gobiernos de comunidades autónomas, ayuntamientos o ministerios generando una especia de publicidad institucional que condiciona el mapa mediático.

Para establecer un negocio como el de Infolibre no se puede acudir a ese tipo de ingresos y el principal desafío es que tienes que convencer a gente de que ponga un dinero para capitalizar el medio; tienes que convencer a socios y lectores para que paguen.

¿Qué opina de la tendencia actual de priorizar la inmediatez por encima de la calidad o la comprobación de la información?

La batalla por la exclusiva o la rapidez siempre ha estado presente. En la actualidad, acercar las exclusivas es mucho más fácil gracias a las tecnologías y al hecho de que, en cuanto alguien le da a un botón con un determinado contenido, puede ser el primero. Yo pongo en entredicho la obsesión respecto a esto porque hoy en día las exclusivas duran dos minutos. Antes un periódico salía por la mañana con una exclusiva y, como mínimo, resistía hasta el día siguiente ya que los medios audiovisuales, televisión o radio, lo normal era que citaran el origen de la exclusiva. Como se han roto tantas reglas, tantos principios éticos en la práctica del periodismo, lo que ocurre hoy es que a los dos minutos ya deja de ser exclusiva porque multitud de medios o simplemente un usuario de redes sociales pueden ya estar contando lo mismo sin citar el origen y sin comprobarlo tan siquiera.

A lo que nos lleva esta batalla del clic es a seguir devaluando el valor de la información si caemos en publicar cosas sin contrastar la información. Además, yo creo que en el mundo digital hay que seleccionar a qué materias quieres llegar porque puede haber muchas cosas que a nuestros lectores no les interesa. A veces es mejor seleccionar las parcelas en las que puedas aportar algo contrastado y riguroso que la gente pueda considerar fiable. En los años 50 del siglo pasado esto ya lo explicaba Albert Camus: «Lo importante no es llegar el primero, sino contarlo mejor».

¿Cómo ha cambiado el mundo periodístico desde sus inicios en la profesión?

A pesar de todos los obstáculos o los problemas para la práctica del periodismo, es indudable que la aparición de Internet es un salto revolucionario en la información y en el conocimiento. En eso yo creo que es una revolución comparable a la aparición de la imprenta. Desde el principio, hace ya 20 o 30 años, ha habido errores de los propios periodistas cuando hemos interpretado la llegada de Internet como si hubiera aparecido un enemigo que viene a quitarnos nuestra función. Eso fue un error monumental porque, realmente, en Internet se puede hacer mucho mejor periodismo que en el papel porque tienes muchas más herramientas para utilizar y puedes aportar muchísimos más datos y referencias que en el papel por una cuestión de espacio.

La capacidad que tienen las nuevas herramientas para aportar conocimientos es inmensa y dista mucho de lo existente cuando empecé en el periodismo. No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, creo que cada época se enfrenta con problemas diferentes y tenemos que intentar salir de esta época reforzando el periodismo. A mí lo que me preocupa es que de todo esto salgamos destrozando el periodismo, que es lo que siempre interesa también a los poderes. El periodismo nunca ha sido algo de masas. El problema de ahora es que nos estamos equivocando al pensar que cada información tiene que verla 10 millones de personas. El periodismo siempre ha sido algo de minorías que, eso sí, puede provocar un debate social o político para que luego influya en la opinión de las mayorías pero, como estamos empeñados en interpretarlo así, estamos cayendo en esa batalla que también es falsa.

¿Afectan las fake news a la credibilidad de los medios?

Hay que destacar que las manipulaciones han existido siempre y el hecho de que ahora los poderes estén utilizando las nuevas herramientas para intoxicar más y de otros modos no debería asustarnos, sino que debería reforzar la función del periodismo de denunciar las manipulaciones y demostrar lo que es cierto con datos comprobables. Me preocupa mucho que empecemos a escuchar tan a menudo en España que hay que legislar contra las fake news. Cuando desde el poder se pretende instalar esos mensajes lo que se intenta es que todo el mundo confunda lo que es mentira y lo que es verdad, de forma que la información contrastada y las denuncias verdaderas también se pongan en duda y puedan ser interpretadas por muchos como fake news.

¿Quiénes cree que son los encargados de difundir esta plaga de fake news?

Para empezar, los propios poderes. Cuando escuché a la ministra Cospedal anunciar que había que tomar medidas y estudiar la forma de extenderse de las fake news solo me generó desconfianza al provenir de la misma ministra que en su día explicó aquello del despido por simulación en diferido de Luis Bárcenas. Esto me ha llevado a preguntarme si una persona que ha demostrado no decir la verdad en varias ocasiones puede legislar sobre lo que una sociedad debe hacer para defenderse de las manipulaciones.

Otros de los causantes de las fake news son los famosos hackers rusos. Hay gente que utiliza las máquinas para generar bulos y sembrar discordia. A mi juicio una sociedad debería defenderse de esto reforzando todas las posibilidades de hacer buen periodismo. Yo preferiría que, en lugar de que estuvieran hablando todo el día de cómo legislar para que no circulen noticias falsas, no se pusieran obstáculos para quienes hacen noticias verdaderas y que hubiera mucha más transparencia en las administraciones y en las empresas para que la ciudadanía tuviera acceso a suficientes datos y que la gente pudiera fiarse de lo que contamos.

¿Cree que los medios han podido cansar a los lectores con la continua presencia de noticias sobre Cataluña?

Cuando los acontecimientos políticos en Cataluña se volvieron dramáticos se provocó una tensión que generaba permanentemente noticias o reacciones de manera que parecía que se rompía España o se acababa un modelo de convivencia. Eso generó un gran volumen de noticias y en el mes de octubre se batieron récords de audiencia. Eso ha caído después en una especie de rutina en la que no se producen nuevos sucesos que generen ese dramatismo. La amplia cobertura de esta situación puede llegar a agotar a mucha gente y yo creo que está ocurriendo.

Eso tiene una parte que creo que es para analizar y para reflexionar desde los medios. Si se llegó a ese punto de dramatismo que generó tal interés, significa que los medios no hemos sido capaces de advertir previamente de la profundidad de la crisis que se estaba produciendo y de lo que se podía venir encima. Puede haber cuestiones concretas que eran imprevisibles, pero lo que es la gravedad de lo que venía ocurriendo desde hace años sí que ha estado ahí de manera que creo que también tenemos parte de culpa los medios al no conseguir trasladar a la ciudadanía que se iba a generar un choque como el que se ha producido.

¿Qué opina de la unidad editorial de los medios producida a raíz del referéndum ilegal catalán?

Yo creo que esto habrá que analizarlo con cierta perspectiva temporal porque, a mi juicio, con el tiempo podremos ver los disparates que se han cometido desde el punto de vista político pero también desde el punto de vista periodístico y editorial. Es verdad que ha habido una coincidencia casi total en los medios respecto a la denuncia de un referéndum ilegal. Sin embargo, eso no quiere decir que todos estuviéramos de acuerdo en la reacción que se produjo a ese referéndum ilegal desde el Estado.

¿Cuál es su opinión acerca de la gestión estatal de esta amenaza?

Yo creo que no ha habido suficiente crítica a la gestión de todo esto. Una vez que se había dejado muy claro que no era un referéndum legal, que no iba a tener consecuencias jurídicas, considero que fue un error monumental gestionarlo con la represión policial que se llevó a cabo.

Si se analiza lo ocurrido respecto a Cataluña desde primeros de septiembre hasta el día de hoy, en los momentos en los que más debilitado ha estado políticamente el independentismo se han tomado decisiones o medidas desde el Estado, ya sea el gobierno o tribunales concretos, que han conseguido inmediatamente reforzarlos de nuevo y volver a incitar a sus seguidores a salir a la calle. A mi juicio no se ha gestionado bien y esto ha quedado reflejado en el fracaso de las elecciones del 21 de diciembre, cuando volvieron a ganar parlamentariamente los independentistas. Por todo ello, creo que hace falta perspectiva para analizar esto y me parece que habrá que esperar a ver qué dicen también en su día algunos tribunales europeos sobre algunas de las cosas que se vienen decidiendo.

Juristas independientes que he consultado están francamente preocupados ya que creen que hay decisiones judiciales tomadas que son muy discutibles. Hemos estado asistiendo a un discurso muy basado en la razón de estado, algo que está muy bien siempre que sirva para proteger los intereses de la ciudadanía y no para estropearlos. Si esto que está ocurriendo no sirve para ganar la confianza de la gente que no era independentista ni para recuperar la confianza en un proyecto común de convivencia, todo será un fracaso.

Y poniéndose en la piel de los independentistas, ¿qué opina de su gestión? ¿Cree que ha sido buena para sus intereses?

Hay una parte del independentismo (fundamentalmente la que sigue a Puigdemont) que cree que han acertado en sus intereses al discutir su derecho a gobernar pero yo creo que hay una parte de ellos que son conscientes de que han llevado las cosas a puntos que no tienen posibilidad práctica de avanzar. Estos creen que hay que reconducir las reivindicaciones que tienen por vías legales y por vías democráticas porque en determinados momentos se las han saltado. Con todo, lo inteligente políticamente sería facilitar que haya una salida democrática a todo esto por los cauces legales. A pesar de esto, creo que esto no tiene una solución de fondo mientras no se aborden reformas profundas que son necesarias.

¿Cuál cree que es el futuro más inmediato de la política catalana?

Yo no sé cómo va a acabar el pulso en el que aún a día de hoy están, sobre todo después de las novedades que se han producido con la propuesta de Puigdemont de hacerse a un lado provisionalmente. Además, aún no ha quedado cerrado el pulso interno en el independentismo entre el sector de Puigdemont y ERC. El futuro pasa porque consigan llegar a un acuerdo de mínimos entre el legitimismo que reivindica Puigdemont y el pragmatismo en el que está ahora mismo ERC.

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Una respuesta to “Jesús Maraña: «Me generó desconfianza que Cospedal anunciara que había que tomar medidas contra las fake news»” Subscribe

  1. Genericcialisonline 16 marzo, 2018 en 13:02 #

    Hace años que lo digo en este foro: nos equivocamos de raíz cuando proponemos aumentar tres horas de castellano en la escuela publica y concertada catalana. Ni eso aceptan, y si algún dia se les impusiera lo harían a regañadientes pervirtiendo su buenisima intención. Lo que debe hacer el Estado es crear sus propias escuelas libres de inmersión y de doctrina en Cataluña. Que no sean obligatorias, por supuesto, pero que existan para el que las quiera. No es una guerra contra el independentismo, que ya han perdido, es una guerra a favor de la libertad.

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