Madrilánea

El Chapandaz: la cueva de la «Leche de pantera»

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A menos de un año de cumplir medio siglo, este local sigue conquistando la noche madrileña con una de sus señas de identidad, su famoso cóctel

Autores: María Ñacle, Yomeyli Astacio y Jaime Sánchez Moreno

Cartel de la entrada de El Chapandaz                                                                                       Jaime Sánchez Moreno

Hace décadas que el barrio de Moncloa se convirtió en una de las zonas más concurridas por los jóvenes para salir de fiesta. Su cercanía al campus universitario de la Complutense, a los colegios mayores o a las residencias universitarias, propicia que sea uno de los distritos con mayor vida nocturna de Madrid. Entre sus edificios se esconden míticos garitos, bares con historia, pubs o discotecas. Como se puede observar la oferta es variada y, de todos los estilos, como la música. La que va desde el rock, techno, pasando por el heavy metal o el reguetón.

Por otro lado, tampoco hay que olvidar que Moncloa fue parte del fenómeno de la movida madrileña. Las calles de Fernando El Católico, Gaztambide o Andrés Mellado, más conocida como los Bajos de Argüelles – anteriormente Bajos de Aurrerá –, albergan a día de hoy algunos de los locales que surgieron durante este movimiento tan singular que nació durante los años ochenta.

El Chapandaz, abierto en 1971, es un ejemplo de pub mítico, por el que ya han pasado varias generaciones de jóvenes. Y que el año que viene cumplirá medio siglo de historia.

A primera vista su aspecto ya lo diferencia de los demás locales. Sus paredes rocosas y el cartel de la entrada, en el que se puede leer: «El Chapandaz, nuestra famosa leche de pantera», ya avisan de que se trata de un sitio con personalidad. Por dentro las paredes evocan a una cueva: no le faltan ni las estalactitas. En su característica barra -con forma de barco- se sirven sus famosos cócteles que hacen las delicias de sus clientes.

Barra de El Chapandaz                                                                                                                      Jaime Sánchez Moreno

Uno de sus encargados, es Manuel Trigo, un joven de 27 años natural de Mallorca. Trigo nos cuenta que lleva más de dos años trabajando en este local. Anteriormente, ya tenía experiencia laboral en el sector hostelero, y nos confiesa que los cócteles son uno de sus «puntos fuertes».

En total, en el Chapandaz se sirven nueve tipos diferentes de «brebajes» que varían su sabor de dulce a amargo. Por supuesto, el más conocido es la «Leche de pantera», a base de canela, azúcar, ginebra, ron, leche y algún que otro ingrediente que -como la receta de la Coca Cola- es secreto. «Muchas veces me han preguntado si lleva algún tipo de aditivo, pero la verdad es que entra sola. Aquí viene gente de todo el mundo preguntado por esta bebida. Me dicen que tienen amigos que han estado en el Chapandaz y que quieren probar la “Leche”. Y no me lo puedo creer. O sea, vienen desde de tan lejos porque les han recomendado esta bebida. Y cuando la prueban, les gusta», cuenta Trigo, quien también recuerda una anécdota de un chico mexicano que no dejaba de beber la «Leche de pantera». «Se bebió seis litros. Pidió una,  otra y otra, y decía que no podía parar de beber».

Pero no sólo la gente va por la bebida estrella de la casa. De los nueve cócteles que tiene su carta, únicamente el Agua de Valencia no es de elaboración propia. Otro de lo más pedido es la «Vaca Molly», cuyo color rosado se lo aporta la granadina, que le da un toque de identidad propia. Tampoco nos podemos olvidar de otros como «Adán», «Eva» o el mismísimo «Chapandaz», elaborado con ginebra, ron, whisky y otros ingredientes además del limón.

Los cócteles más famosos de El Chapandaz                                                                                                Foto: El Chapandaz

El Chapandaz, como Madrid, nunca duerme. Y es que está abierto los 365 días del año, de 17:00 h de la tarde a 5:00, o 5:35 horas los fines de semana. Trigo explica que el nombre del local proviene de la película «Lawrence de Arabia». Desde el principio, este bar ha querido ser fiel a su estilo. «Esto no es una discoteca, ¡esto es el Chapandaz! Y aquí se viene a “pasarla bien”. Es otro concepto de ver la noche madrileña. Lo que lo diferencia de otros sitios se puede observar al entrar, no es un lugar típico, donde digamos que se viene hacer el postureo, es un rollo totalmente diferente. Es un bar por la tarde, y por la noche es un local de copas. Digamos que se va transformando a medida que pasan las horas».

Aunque en el ambiente predominan los universitarios, no son el único público que lo visita. Su larga trayectoria, lo ha convertido en un lugar con historia en el que se juntan personas de todas las edades. Trigo cuenta que por él ya han pasado «casi tres generaciones. Padres con sus hijos e ,incluso, abuelos con sus nietos. Y ver esto es emotivo. El Chapandaz es transitado por cualquier tipo de gente. Tenemos clientes de hace más de 13, 14 y 16 años. Además, el ambiente es muy sano, tranquilo, y la fiesta está asegurada cualquier día».

Cuando se le pregunta a Trigo por la posible receta del éxito del Chapandaz, explica que bajo su punto de vista «es el buen trato a los clientes, como si fuera una familia. Y para hacer que todo funcione día a día hay que estar muy pendiente para llevar el negocio adelante. Pero, sobre todo, somos gente muy humilde, muy trabajadora. Básicamente los dueños, entre ellos el gerente, quieren transmitir lo bien que se está aquí…».

A pesar de que han pasado casi cincuenta años desde que abrió sus puertas, el Chapandaz mantiene su estilo. «La noche antes era de otra forma, aquí no está tan comercializada como en las discotecas, esto es un bar de copas, un concepto más tradicional. Por lo tanto, el trato va a ser más próximo, muy de familia. Yo no creo en recetas, pero sí en que los clientes estén felices y contentos. Y para eso hay que estar en cada detalle».

Otro de los elementos fundamentales para el buen funcionamiento del local son sus trabajadores. «Existe un lazo entre la barra y la gente», comenta Trigo. «Nosotros, los camareros, somos los encargados de transmitir la fiesta. Tenemos que estar activos. Por lo tanto, es muy importante la unión entre nosotros porque es lo que compartimos de la barra hacia afuera», concluye.

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