El surrealismo realista de La Codorniz

Portada realizada por Mingote en 1971

Sobrevivir como publicación independiente durante el franquismo debía ser difícil. Pero La Codorniz lo hizo de principio a fin (1941-1978), bordeando la censura sin perder su esencia sarcástica. Como su propio nombre indica, esta revista fue como un ave poco precavida sobrevolando el campo de caza que fue el franquismo. Quisieron derribarla a tiros, pero ella, desde lo más alto, graznaba: «La revista más audaz para el lector más inteligente». Ahora, una retrospectiva de su ágil vuelo se puede ver en el Museo de la CiudadLa Codorniz ha migrado a Madrid, y permanecerá aquí hasta el 15 de abril.

La muestra, comisariada por Felipe Hernández Cava, se inauguró en noviembre de 2011, siete décadas después del nacimiento del semanal y tres del fallecimiento de Álvaro de Laiglesia, director de la publicación durante 33 años. Ocupa la primera planta del museo y combina dos recorridos simultáneos. Por un lado, una disposición de las obras por orden alfabético de los autores presentes en la revista, y por otro, una serie de mesas que exhiben los ejemplares antecedentes de La Codorniz, así como números de sus diferentes etapas.

Esta retrospectiva es una demostración de que, casi siempre, el espíritu crítico de las sociedades sometidas a represión subsiste gracias a una máscara de parodia e ironía. De la A a la X, los pasillos mudos del museo ríen con el humor gráfico de grandes dibujantes como Azcona, Chumy Chúmez, Forges, Gayo, Gila, Herreros, Mingote, Mihura, Miranda, OPS (que más tarde se convertiría en El Roto) o Summers.

Obra del dibujante Cabañas

Azcona es uno de los primeros en provocar carcajadas en los visitantes. Un dibujo reza «Dígaselo con flores». A lo que el dibujante añade: «¿Sabes lo que es una planta fanerógama? ¿Sabes lo que son los cotiledones? ¿Sabes, siquiera, lo que son los pistilos? ¡No! Entonces, ¿cómo quieres que te hable con flores?».

Cabañas no se queda atrás y bromea en septiembre de 1975 con la siguiente afirmación: «¡Vaya por(no)venir más negro que nos espera!». Y un año más tarde, este mismo autor nos deleita con un diálogo ficticio aunque probable entre dos políticos:

– Si a mí me dicen hace 40 años que yo iba a ser demócrata de «toda la vida» no me lo creo

– A mí me ocurre igual, no termino de creérmelo

Sin embargo, uno de los grandes homenajeados es Enrique Herreros, uno de los padres del humor disparatado, con portadas como esta:

Portadas de La Codorniz realizadas por Enrique Herreros

Antecedentes y evolución

Al estallar la Guerra Civil, el dibujante y escritor Miguel Mihura escapa del Madrid republicano junto a su madre, y se afinca en San Sebastián. Allí le ofrecen dirigir una revista de entretenimiento para los soldados nacionales que luchaban en el frente. Se llamó La Ametralladora y aunque sólo vivió hasta 1939, fue una de las mejores revistas satíricas de la contienda. Tras acabar la guerra, Mihura se instala de nuevo en Madrid. La Ametralladora se mantuvo como sección de Tajo, una revista que apareció en Madrid en 1940. Pero un año más tarde, la idea que Mihura tenía en mente se lleva a cabo y nace La Codorniz, una revista de humor que cuenta con nombres como Tono, Herreros, Galindo, Picó, Gómez de la Serna, Conchita Montes o  De Laiglesia. Y así se mantiene hasta 1944, año en que un Mihura ya agotado cede la dirección a este último.

Ejemplar de la revista La Ametralladora

La Codorniz de Álvaro de Laiglesia es La Codorniz de la gloria. Durante 33 años tuvo entre sus páginas a nuevas generaciones de dibujantes que popularizaron la publicación: Gila, Chumy, Munoa, Azcona, Mena, Forges, entre muchos otros. Es la etapa más crítica de la revista y para muchos «la más audaz». De Laiglesia fallece en el 77, momento que para algunos significó también la muerte de la revista.

Portada de la revista a la muerte de Álvaro de Laiglesia en 1977

Sin embargo, la resurrección corre a cargo del cineasta y humorista Manolo Summers, que se apoya en la moda del destape. Summers no consigue revivir el proyecto de Mihura, un proyecto que había comenzado en una guerra, había vivido la dictadura y la censura, y estaba inmersa en la Transición. Y cuando se creía enterrado, el periodista Carlos Luis Álvarez, Cándido, hace el intento de insuflarle vida. No logra su objetivo y a finales de 1978, tras 47 años de existencia, La Codorniz cesa el vuelo.

A pesar de ello, el tiempo ha consagrado la revista como una de las mejores de España. Sus tonos negros, rojos y blancos se entremezclan de nuevo para que todos aquellos que vivieron aquella época –y los que no– puedan recordar que unos vivieron felices haciendo lo que más les gustaba: un surrealismo realista. Otros fueron felices comiendo codornices cada semana.

Noemí López Trujillo

Tasadora de sueños y aspiradora de nubes

Un comentario en «El surrealismo realista de La Codorniz»

  • el 15 febrero, 2012 a las 11:16
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    Excelente articulo, desarrollado con mucha claridad y facilidad de lectura, y muy agradable. Enhorabuena por el articulo

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