La ciudad que gobiernan los niños

El Ayuntamiento y el banco de la CEMU, en la plaza principal de la miniciudad
El Ayuntamiento y el banco de la CEMU, en la plaza principal de la miniciudad. Foto: U. M.

A quince kilómetros del centro de Madrid, desde un edificio donde está incrustada una señal que reza «Aduana», Montse Herrera custodia una frontera que separa dos mundos. Al cruzarla, el ruido del denso tráfico de la Avenida Doctor Fleming, una de las arterias más concurridas de Leganés, deja paso a un silencio plácido, apenas interrumpido por los gritos y las risas de los niños que juegan un poco más allá; casas bajas y pequeñas calles. Se trata de la Ciudadescuela Muchachos (CEMU), un gigantesco albergue para niños en desventaja social, donde estos tienen un papel clave a la hora de tomar las decisiones de gobierno.

Aunque se trata de un mundo de niños, ella bordea los cuarenta. Sin embargo, aún mantiene la vitalidad de una jovencita, que se aprecia en el entusiasmo con el que recibe a las visitas. «Aquí somos como un pueblo», explica. «Tenemos nuestro propio Ayuntamiento, nuestro banco, una emisora de radio, una peluquería, un taller de bicis…». Es una microciudad dentro de una ciudad.

En las cuatro hectáreas de extensión de la CEMU, donde viven más de cincuenta niños, también hay una sala de juegos —el Casino—, ahora reconvertida en albergue, piscina, zonas ajardinadas y una zona deportiva. Fundada en 1970 por el arquitecto leonés Alberto Muñiz, a quién todos aquí llaman «Tío Alberto», pretende ser un lugar donde rehabilitar y ayudar a niños desamparados, procedentes de familias desestructuradas o que hayan cometido algún delito. «El Tío Alberto se inspiró en el Circo de los Muchachos, Benposta, fundado en 1956 en Galicia», explica Maia Ordóñez Gallego, la directora pedagógica del centro. «Él asesoró al padre Silva, su creador, y quiso hacer lo mismo cuando se trasladó a Madrid para ayudar a los niños».

Cuna de «El Pera»

Muchos de los alumnos que llegan a la CEMU tienen expedientes extremos, pero los chicos suelen acabar rehabilitados. «De aquí han salido médicos, e incluso un economista que trabaja en Nueva York», explica Montse. Pero quizás el más famoso de ellos es Juan Carlos Delgado, el Pera. A finales de los setenta, cuando tenía entre siete y once años, se dedicó a atracar bancos, de los que huía a toda velocidad conduciendo coches robados. Después de pasar por decenas de reformatorios, acabó en la CEMU. Hoy es probador de coches y hasta ha llegado a dar clases de conducción para el Ministerio del Interior. En 2006 incluso se hizo una película sobre su vida, «Volando voy», dirigida por Miguel Albaladejo.

También fue el caso de la propia Montse. «Yo llegué a los trece años. Mandaron mi expediente desde Canarias. Nadie lo quería. Me echaron de Canarias, después de tenerme cuatro meses en un cuarto. Cuando llegué aquí me dijo: “¡Anda! Si no eres verde… Y pensar que me habían hablado tanto de ti”. Luego me preguntó: “¿Qué sabes hacer?” Le respondí que nada. “Eso es imposible”. Entonces dije: “Bueno, sé escribir a máquina”. Y me subió con él».

La «Catedral» de los Muchachos
La «Catedral» de los Muchachos. Foto: U. M.

Ahora Montse está orgullosa de haber estudiado en la CEMU y de formar parte del proyecto del Tío Alberto. «Creemos en la educación en libertad», afirma. «Para nosotros el menor tiene derecho a voz y voto». Los propios niños son quienes gobiernan la ciudad, supervisados por la Asociación de los Muchachos. «El gobierno de la CEMU es una de nuestras particularidades», afirma Maia. «Ponemos en práctica lo que llamamos Juego ciudadano, que se basa en la participación activa de los niños. Cada dos años se convocan elecciones, donde se elige al alcalde, al teniente de alcalde, al secretario, al promotor de Orden, al promotor de Ciudadanía y al delegado de Hacienda».

El actual alcalde es Hansa, que tiene diecisiete años. «Fue el segundo más votado —recuerda Montse—, pero la anterior alcaldesa se fue al cumplir los dieciocho y el chico ocupó su lugar». En las elecciones de la CEMU, el que pierde las elecciones también pasa a formar parte de la Corporación municipal, en lugar de dedicarse a lo que Montse califica como «una oposición absurda».

La convivencia está regulada por normas que deciden los propios chavales, que se reúnen todos los jueves. «También tenemos nuestra propia Constitución», explica Montse. «El prólogo lo redactó Gloria Fuertes, que fue muy amiga del Tío Alberto».

Cada uno con su llave

La libertad también se extiende a otros aspectos de la vida diaria. Los niños viven en edificios que son como corralas. «Cada chaval tiene su habitación y, si su comportamiento es bueno, la llave de su puerta», dice Montse. «No se puede meter a chicos que lo han pasado mal entre paredes grises. Un menor nunca sentirá un centro con rejas como su casa, se sentirá castigado». Cuando acaban sus tareas, los niños tienen permiso para salir de la ciudad. Los más pequeños lo hacen acompañados de educadores.

Billete de la Cemu, la moneda de la ciudad
Billete de «la Cemu», moneda de la ciudad. Foto: CEMU

Como todo pueblo que se precie, la CEMU también tiene su propia Iglesia, la Catedral de los Muchachos. «En ella se casó Tío Alberto en 1998, y también algunos de los ex alumnos de la ciudad», explica Montse. También se ofician misas dos veces al año. No obstante, niega que se trate de un centro religioso. «Aquí hay libertad religiosa, ya que también tenemos chicos musulmanes».

Además, la ciudad cuenta con su propia moneda, la Cemu. «Siempre en femenino», como recalca Montse. «Es el premio que se da al que cumple con su deber, como estudiar o hacer bien una tarea». Cada Cemu equivale a diez céntimos de euro, y los chavales pueden cambiarla por dinero de verdad todos los viernes en el Banco de la ciudad, bajo supervisión del delegado de Hacienda.

El G. E. S., la estrella

El edificio más grande de la ciudad es el colegio-instituto, donde se imparte hasta cuarto de la ESO. En él estudian diariamente doscientos cincuenta niños, a partir de tres años de edad. «El colegio es privado-concertado», señala Montse. «Se paga poco, solo unos setenta euros por el comedor».

Dentro, las paredes están pintadas con alegres dibujos que representan flores, golosinas y niños jugando; y las aulas y los pasillos, llenas de pequeñas vallas de madera y muebles en tamaño minúsculo. Son obra de la estrella del centro, el G. E. S., siglas de Grupo Específico Singular. «Son grupos de diversificación de primero y segundo de E. S. O.», explica Alicia, la profesora responsable. «En todos los institutos existe la diversificación, pero para alumnos de tercero y cuarto, no para los más pequeños. Es adecuado para niños muy nerviosos, o que nunca antes habían ido al cole», añade con ternura. «Antes existían grupos similares en otros institutos de la Comunidad, pero la crisis y los recortes han acabado con ellos. Dudo que quede otro como el nuestro», se queja.

Visitas «de Estado»

La ciudad también recibe visitas «de Estado» con cierta frecuencia. «Suele venir el Defensor del Menor cuando toma posesión. Además vienen futbolistas y personajes famosos para ver a los niños. Suben a saludar al balcón del Ayuntamiento», afirma Maia. «Los más destacables son los Príncipes de Asturias, que vinieron en 2006». Pero según Montse, los más aclamados por los niños fueron Pepe y Marcelo, los jugadores del Real Madrid. «Aquí hay muchos que son muy del Madrid» explica entre risas «como pierdan un partido luego te dan la comida». «El Madrid es el mejor equipo del mundo», corrobora Javi, quién también vivió en la CEMU y ahora trabaja en el servicio de limpieza de la ciudad.

Además, también envían delegaciones diplomáticas al exterior. «Nuestra alcaldesa fue recibida en el despacho del alcalde de Berlín, en el año 2000. Donde reciben a los jefes de Estado», dice Montse. «Nosotros alucinábamos».

«Es un crack»

Pese a la crisis, la Ciudadescuela aguanta. «Ahora estamos organizando eventos para terminar el polideportivo», explica Montse «Estamos preparando una sesión de yoga, de esa que te pones a sudar. En Boadilla». También buscan patrocinador para su granja escuela, que de momento es poco más que una idea, aunque ya cuentan con algunos animales. «Tenemos gallos, gallinas, cerdos vietnamitas y un cabritillo: San Nicasio» (en honor a uno de los dos patrones de Leganés, junto con Nuestra Señora).

Montse defiende la labor de la CEMU. «Nuestra misión es dar una base a los chicos para que puedan ir por la vida con la cabeza bien alta. A nosotros las cosas nos cuestan mucho más. Hemos nacido con unas cartas muy malas, y necesitamos el triple de trabajo para llegar a ser como el resto». Recuerda su pasado y dice que todo se lo debe a la Ciudadescuela y al Tío Alberto. «Si no fuera por él, sería una delincuente más. Me salvó de la calle. Es un crack».

Unai Mezcua

«Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese mismo amor»

2 comentarios en «La ciudad que gobiernan los niños»

  • el 17 octubre, 2015 a las 11:50
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    Me gustaría aportar mi experiencia como padre de un hijo que estuvo en la CEMU (Ciudad de los Muchachos). Y lo que voy a exponer espero que se entienda desde un punto de vista constructivo a pesar de las críticas que voy a manifestar.

    No hace tantos años mi hijo ingresó en la CIUDAD DE LOS MUCHACHOS debido a la dificultad que tenía para integrarse en el ambiente familiar y escolar en el que vivía. Desesperados fuimos a la CEMU e ingreso en régimen de internado. Allí conoció la droga y la delincuencia, pero no por los educadores, conoció este mundo por algunos de sus compañeros. Cuando les dejaban salir durante una hora terminaba en un bar que les pasaban chocolate. Allí me tuve que personar en varias ocasiones y amenazar al del bar con denunciarle. Ahí empezó una odisea que dura hasta hoy. Una lucha sin cuartel que a veces se nos hace imposible pero que seguimos porque no hay tiempo para el descanso. Sus “amigos” hoy día son los que conoció en la CEMU, algunos de ellos delincuentes que han pasado por la cárcel en varias ocasiones.

    A mi modo de ver la CEMU tiene un problema: admitir a chicos que deberían de estar en otro tipo de centro donde aprendan a respetar y respetarse. No hablo de centros donde se les pegue o existan cuartos oscuros como castigo. Hablo de centros donde la disciplina este presente durante un largo periodo de tiempo en sus vidas (en función de la evolución de cada uno). Y digo esto sabiendo que existen personajes mediáticos que han pasado por la CEMU y se han rehabilitado, pero de un ejemplo no se puede generalizar.

    ¿Cuál creo yo que debería ser la función de la CEMU?.
    La experiencia me hizo ver que allí había chicos que venían de familias desestructuradas o que ni tan siquiera tenían familia. Chicos que estaban a falta de amor, de recibir cariño y de tener a alguien a su lado que les quisiera. Estos chicos son tremendamente agradecidos a un abrazo, a un beso, al roce de sus caras por una mano cariñosa. Estos chicos siempre guardarán en el futuro un buen recuerdo de quienes allí les atienden porque sé que se les quiere de verdad.

    El problema es que una institución (pública o privada) no puede mezclar churras con merinas (y perdón por poner este ejemplo). Hay chicos a los que les sobre cariño y que no es eso lo que buscan. La realidad de estos chicos va mucho más allá, necesitan aprender a vivir y retomar sus vidas desde una disciplina que no asumieron o, nosotros los padres, no supimos inculcarles. Y cuando hablo de disciplina no me refiero a castigos, me refiero a que reaprendan a tener una vida ordenada, una vida en la que puedan terminar integrándose en la sociedad y sepan respetarse y respetar todo lo que les rodea. Estos chicos necesitan centros especializados, y que según mi opinión y experiencia, nada tiene que ver con la CIUDAD DE LOS MUCHACHOS.

    Muchos padres ponemos todas nuestras esperanzas en un centro como este porque leemos constantemente en los medios las bondades que se publican de la CEMU. No podemos olvidar, y negarlo sería absurdo, que el Tio Alberto es un personaje mediático y atrae a muchos padres que estamos desesperados. Pero no puedo sino decir que este centro debería reconocer sus propias limitaciones y centrarse en aquello que hace bien.

    Por último quiero decir que me refiero a los chicos que están en régimen de internado y que tienen las características de mi hijo.

    Un saludo

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  • el 17 octubre, 2015 a las 11:58
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    Disculpen por la nueva aportación que voy a dar:

    Quiero matizar mis palabras en el sentido de que me alegro por todos aquellos chicos que en la misma situación que mi hijo supieron salir adelante en este centro. Este no fue el caso de mi hijo ni de aquellos que hoy se consideran «sus amigos».

    Dicho lo cual reitero lo dicho en mi anterior comentario y felicito a la CEMU por la labor que realiza con los chicos que saca adelanate

    Respuesta

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