«No solo somos dos pechos»

Escaparate de la tienda de Pilar Martínez
Mujeres afectadas por el cáncer acuden a esta boutique especializada (Fotos: J. Fernández)

Pilar Martínez es una señora que no medirá más de un metro y sesenta y cinco centímetros, de mirada ágil y risa sana. Regenta un negocio dirigido a mujeres que han sufrido la extirpación de uno o ambos pechos (mastectomía) tras un cáncer de mama.

Su tienda, elegante y discreta, está situada en la calle de Cea Bermúdez, muy cerca del centro de salud bautizado con el nombre de la vía. A simple vista parece una mercería de barrio que guarda la compostura que exige la venta selecta de fajas, bragas y sujetadores.

Cuenta que viene del mundo sanitario y que, mientras trabajaba en una ortopedia, se dio cuenta de que esas mujeres «necesitaban un trato especial, más cómodo». Esa idea la llevó a abrir, hace ocho años, su comercio, al que acuden mujeres que han sufrido cáncer de mama en busca de aditamentos que les hagan la vida más llevadera.

«Antes el cáncer era un tema tabú. Ahora se trata de forma diferente», dice al preguntarle por cómo trata con clientas que a veces atraviesan momentos personales nada fáciles. Reconoce la importancia de ser consciente de esa circunstancia: «En las ortopedias no hay tiempo de atenderlas como es debido. Aquí estamos todo el tiempo que sea necesario». Y añade: «Vienen psicológicamente afectadas, pero nosotros las asesoramos sobre el proceso de adaptación a la prótesis. También procuramos que vayan asumiendo su nueva situación». Tarea complicada cuando hay recién operadas que «ni siquiera quieren verse en el espejo cuando se prueban algo», aclara. Su truco para propiciar esta naturalidad y cercanía es «no darle ni más ni menos importancia de la que tiene la enfermedad», dice sin dudar. «Es importante separar lo personal de lo profesional. Hay clientas a las que se les reproduce el cáncer, otras que desgraciadamente fallecen…».

Interior de la tienda de Pilar Martínez
El interior de la tienda recuerda a una mercería común

Los precios de estos productos no son precisamente baratos. «Una prótesis cuesta entre 180 y 200 euros», cuenta Pilar, aunque reconoce que «el 60% del importe lo cubre la Seguridad Social». La escasez de proveedores fomenta estos precios: «Hay varios, pero pocos trabajan realmente bien y la mayoría son extranjeros».

La voz de la experiencia

Ana, de 56 años, fue diagnosticada de cáncer de mama a los 34. Reconoce que la noticia de que le iban a extirpar un pecho le cayó «muy mal. El momento en el que la ginecóloga me lo dijo estuve perdida por Madrid. Perdí la noción del tiempo». Admite que la mastectomía es muy traumática: «Te falta algo muy importante, algo que me hizo tardar en mirarme al espejo tres meses, aunque con mi pareja fue mucho más duro». Pero reivindica la importancia de volver a ser ella misma: «Cuando empecé a quererme, a aceptar mi nuevo cuerpo, entonces entendí que los demás volverían a verme como yo misma, como una mujer, como la mujer que he sido siempre».

Como tantas mujeres, Ana tuvo que acudir a un establecimiento como el que regenta Pilar, de cuyos productos opina que están en un mercado que «se aprovecha de la situación. Son muy caros y es un momento muy duro en el que te sientes vulnerable y te agarras a todo lo que te ofrecen, sin saber lo que realmente necesitas», responde con contundencia.

Defensa de la reconstrucción

Afortunadamente, la ciencia y la medicina avanzan. No es necesario que estas mujeres sean esclavas de prótesis el resto de sus vidas. Rosa Pérez Cano, cirujana plástica y jefa del servicio del hospital Gregorio Marañón, aclara que lo ideal es «una reconstrucción del pecho inmediata tras la intervención».

El proceso se trata con extrema delicadeza. «La decisión de practicar una mastectomía se toma entre un equipo de ginecólogos, cirujanos, oncólogos, psicólogos…», afirma. Las técnicas han evolucionado tanto que «si la cantidad de tejido extraído no es excesivo, se puede colocar un expansor que reconstruye inmediatamente. Si no, se procede a una reconstrucción con el propio tejido de la paciente, extraído de otras zonas», explica.

Para la doctora Pérez Cano, «todas las mujeres deberían reconstruirse con cirugía plástica». Comenta que muchas no lo hacen porque «un ingreso en el hospital les recuerda a cuando ingresaron por culpa del cáncer». También apunta a otras razones: «En muchas clínicas privadas donde se operan no se les informa bien». En realidad, se trata de una intervención totalmente subvencionada por la Seguridad Social y en la que a la paciente «se le mima muchísimo y se le enseñan muchos ejemplos de reconstrucciones».

Según la Asociación española contra el cáncer (AECC), en España se diagnostican unos 22.000 casos al año, principalmente a mujeres de entre 35 y 80 años. A nivel mundial, una de cada ocho sufrirá esta enfermedad. Afortunadamente, su mortalidad es de las más bajas. Para sobrevivir, muchas de ellas se ven sometidas a estas traumáticas intervenciones. Pero como bien dice Pilar Martínez: «Las mujeres no sólo somos dos pechos».

Juanma Fernández

Historiador reciclado en periodista. Escribo columnas en Heraldo de Aragón y mantengo un blog de opinión en La Vanguardia. Estuve dos años en ABC Punto Radio Aragón, donde hice casi de todo. Llevo gafas y mido 1,72.

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