Curling: el deporte que un día existió

El equipo suizo durante el Campeonato de curling de 2012
El equipo suizo durante el Campeonato de curling de 2012. Foto: Reuters

Etérea y silenciosa. Al igual que se desliza por el hielo una piedra de curling. Así ha sido la trayectoria de este juego olímpico en el Dreams Palacio de Hielo, desde hace varios años desaparecido. Llegaron a entrenar aquí más de una decena de equipos. Hoy su horario ha sido sustituido por el del ballet sobre hielo. ¿Las razones? La Federación Madrileña de Deportes de Invierno dividió los grupos para llevárselos a la pista municipal de Valdemoro y «otros motivos que no te voy a decir», según Francisco, el dueño del espacio. El resultado, sin embargo, parece claro: «Ya no hay curling en Madrid».

En España, ver a dos personas barrer frenéticamente el hielo delante de una piedra de 20 kilos no es reclamo suficiente. El seguimiento de esta práctica formada por equipos de cuatro personas es escaso, pero tiene muchos elementos que lo hacen, cuanto menos, curioso: hielo, dianas, piedras de 20 kilos, sólo dos tiros por persona —ocho por grupo—, escobas —para modificar la trayectoria y velocidad de la piedra— y mucha estrategia. Con un último rebote, el conjunto contrario puede echar fuera las piedras cuidadosamente colocadas por su contrincante y darle la vuelta a la partida en la jugada final.

En Madrid no hay ninguna pista exclusiva para este ejercicio, que además requiere de unas condiciones de hielo muy específicas: una nivelación perfecta de la pista, una temperatura más baja y mucha calidad. En el Dreams, Francisco vio la oportunidad de ofrecer, junto al patinaje, sesiones de curling. Uno de los campeones de España de este deporte empezó a dar clases y pronto se formaron algunos grupos. «Estuvimos 3 años organizando equipos y perdiendo dinero», asegura Francisco. Hasta 16, dice.

El propietario mira hacia la vitrina frente a la pista, donde exhibían los galardones conseguidos. Pero ya no hay ninguno. Los han sustituido por los de patinaje. Nada parece recordar que los campeones del mundo, los canadienses, estuvieron aquí. Ni los cinco torneos internacionales que acogieron. Tan sólo un elemento delata su pasado: hay cuatro dianas pintadas bajo el hielo, las correspondientes a dos pistas. Pero sólo lo han puesto por decoración, confiesa Francisco. Y vuelve a las cifras: desde hace dos años no se celebra el campeonato de curling de Madrid.

Ana Lucila López jugó en uno de los equipos en 2007. Sabía de la existencia del curling porque le apasiona ver las Olimpiadas. Un día, observó las dianas en la pista y no dudó en lanzarse a este escenario. «Todo el mundo era bienvenido porque como era un deporte en inicios que nadie conocía…». Es una de las cosas que más le gustaban, junto con las posibilidades de representar a España. Le parecía muy entretenido porque se utiliza mucho la Física. En función de cuánto barras, tienes más o menos posibilidades de que llegue a la diana por la fuerza de rozamiento. «Aah… ¡Eso no es tan fácil como tirar a una diana!».

Tuvo que dejarlo pronto. A sus 17 años, su madre no permitía que su hija pasara los lunes —en los entrenamientos— y los martes —en los torneos— por la noche, fuera de casa. Pero ahora le gustaría volver a «barrer».

Intentos para volver

Ángel, capitán de uno de los equipos de curling que jugaban en el Palacio de Hielo, tiene una lista de entre 60 y 70 personas esperando para jugar. Pero el horario que les ofrece Francisco es inviable: de las tres a las cinco de la tarde de los miércoles. Y tampoco está dispuesto a pagar 600 euros, afirma. Ése es el precio al que Francisco alquila la pista por dos horas y ese fue uno de los problemas de la desaparición del curling por las consecuencias que desencadenó.

Al ser un espacio muy grande y al tener también sesiones de patinaje, la superficie se desnivela. Por eso Francisco tenía que revestirlo. «Resultado: al final de año nos decía que subía 2 o 3 centímetros más la capa de hielo y esos 2 centímetros suponen un montón de dinero en electricidad para mantenerlo», cuenta Ángel.

«Aquí hubo un problema, éste [Francisco] se puso muy serrín con el dinero…y cuando alguien se pone serrín, sabes que hay una parte que se rebela y otra parte que sabemos que no tenemos más remedio [que aguantar]», explica Ángel. En Valdemoro existía una pista de hielo municipal que quería abrirse al curling y que la Federación Madrileña de Deportes de Invierno presionaba para que se llenara. Era hasta tres veces más barata. Por eso, el 60 por ciento de los equipos se trasladaron a Valdemoro. Pero allí se encontraron con otro problema: el hielo. No era el adecuado.

Los grupos que quedaron no podían pagar los 600 euros del alquiler. Los que se fueron tampoco querían volver después de dejar las cosas a malas con los dueños de la pista. Al final, las formaciones que se trasladaron a Valdemoro han decidido ir a León, donde la Diputación favorece el juego, asegura Ángel.

El equipo de Ángel es uno de los dos supervivientes del Palacio de Hielo, aunque para entrenar se tienen que ir a Suiza, en donde les sale mucho más rentable. Es un apasionado de este deporte. «Todo el mundo dice que es como la petanca, pero es un juego en el que todo es estratégico». Contiene muchas curiosidades, como la que se refiere a las piedras que se utilizan: vienen de una reserva escocesa y sólo se saca el granito —con propiedades especiales— una vez al año. Por eso, la Federación Mundial las controla y provee. Todas llevan una matrícula, de tal forma que sabe en todo momento donde está cada juego de piedras.

Ahora, los juegos de piedras que se compraron para Madrid están abandonados, algunos incluso han sido revendidos por la Federación Madrileña. «¿Por qué hemos desaparecido? Porque se ha juntado todo. El resumen es: problemas a la hora de alquilar la pista, los malos entendidos generados por el costo y por la falta de subvención», critica Ángel.

Minoría en la Asamblea

No han podido detener la venta de las piedras por parte de la Federación, que incluye deportes de nieve y de hielo. Son minoría, aunque no siempre fue así. «Montamos diez clubs, ¡éramos mayoritarios! Cada club tiene un voto en la Asamblea. Si los de esquí son 20, pero nosotros somos 10; más los de hockey, 12; más patinaje, 4; podríamos habernos escindido y haber creado una federación de hielo», dice Ángel, quien sigue siendo representante de su club en la Asamblea. Pero «cuando estás jugando, estás jugando. Cuando las cosas van bien… no te acuerdas de nada».

Ahora han perdido peso en Madrid, lo contrario que en otras comunidades en donde el curling sólo crece, ayudado por las diputaciones y ayuntamientos. Ángel enumera sus puntos fuertes: «No hace falta tener una forma física especial, ni un entrenamiento para divertirte», además de que «hay muy buen rollo. Es un deporte muy social». Por eso, está intentando que Francisco les deje la pista para poder volver a enseñar en el Palacio de Hielo.

Isabel Miranda Pinillos

-¿Y tú por qué estás aquí? -le preguntaba Barlés, guasón, aquella noche en el vestíbulo del hotel Dunav de Vukovar. -Porque me gusta -respondía Gervasio humilde, en voz baja. (Territorio Comanche)

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