Radiografía de los periodistas del mañana

Once y media de la mañana. La Facultad de Ciencias de la Información guarda silencio a la espera del próximo descanso. Diez minutos después, decenas de jóvenes abarrotan la cuarta planta del edificio, entre el aula 408 y la ‘jaula’ 407, como el rotulador de algún alumno desesperado se encargó de diferenciar. Son los periodistas del mañana. Entre ellos estará el que saque de la crisis al sector de la prensa escrita o el que firme su acta de defunción. Ninguno lleva bajo el brazo un periódico pero casi todos torturan sus pulgares contra la pantalla del teléfono: nadie va a descubrir ahora que los diarios impresos perdieron la batalla de la juventud hace mucho tiempo.

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La Facultad Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Foto: J. S. C.

«Las redes sociales han reventado la capacidad de atención de los jóvenes. Son ellas las que van a dar la puntilla al sector. Más el móvil que internet», señala Arturo Gómez Quijano, profesor de Periodismo Especializado. Él ha observado de primera mano el cambio de tendencia en los alumnos de Periodismo a lo largo del tiempo: «El primer síntoma de esto lo tenemos con el paquete de periódicos que dejan en la puerta. No se termina pese a que no hay que pagar por ellos».

Esta circunstancia la nota también la hemeroteca del edificio. Se accede a ella entrando por la biblioteca, cuyas paredes lucen repletas de carteles indicando cómo llegar, señal inequívoca del deseo de la facultad de llenarla de gente. En su interior, más de una treintena de publicaciones diarias se amontonan sin que prácticamente nadie les eche un ojo. La sala esta vacía, en el espacio de media hora solo pasan por ella un grupo de estudiantes en busca de intimidad para negociar el desarrollo de un trabajo colectivo. Nadie utiliza las butacas azules de la sala de lectura.

Héroes televisivos

Con los periódicos condenados al ostracismo y a un papel «anecdótico», apunta una estudiante de segundo de grado, la televisión se convierte en el medio predilecto de los alumnos a la hora de elegir un periodista a quien admirar. En esta cuestión ganan por goleada Jordi Évole y Ana Pastor. El primero «es independiente y busca servir al ciudadano», señala Julia. Y Ana Pastor, opina Almudena, «es de los pocos periodistas que saca la mejor parte de las entrevistas a políticos». Sorprende el caso de Lucía, que pese a no haber alcanzado la veintena se acuerda en su lista de Manuel Martín Ferrand. Es casualmente la única capaz de acertar con el precio de venta al público de los principales diarios nacionales.

«Solo el 40% de los alumnos identifica a Cándido Méndez y solo el 16% conoce a Susana Díaz»

Los alumnos están expuestos a una ingente cantidad de información, apunta Gómez Quijano, pero no necesariamente están por ello mejor documentados. Entrevistando a 25 alumnos de segundo de grado, se observa que solo el 40% es capaz de identificar correctamente a Cándido Méndez y solo el 16% conoce a Susana Díaz. El porcentaje de acierto se reduce drásticamente cuando se les pregunta por el nombre de los directores de los cuatros grandes periódicos: nadie es capaz de identificarlos a todos. «Es vergonzoso que no sepamos responder a esto, pero es que no lo vemos, ¡no lo vemos!», lamenta Javier mientras señala con desgana el aula. Acaban de terminar la clase de una asignatura cuyo título interminable resumen bajo el nombre de «Semiótica».

Cambiar la oferta

Algo parecido ocurre si se les pregunta por el nombre de un periodista de cada uno de los cuatro grandes de la prensa madrileña. «¿Se pueden decir columnistas?», pregunta un alumno. Efectivamente, los pocos que aciertan a nombrar un periodista por periódico citan sobre todo columnistas, en definitiva, líderes de opinión. Para Gómez Quijano, la supervivencia de la prensa pasa por priorizar la opinión y el análisis sobre la actualidad, una batalla que está perdida desde la llegada de internet. «La oferta tiene que ser de profundidad, de opinión, de análisis, ¡que alguien diga que no es rentable un periódico el domingo! Ahí hay una tarea pendiente, hay que entender lo que la gente quiere cada día», apuesta.

Los periódicos viven de rentas pasadas, son menos influyentes que antes

Los alumnos insisten en que todo pasa por internet… pero siempre que sea gratis. De los 25 entrevistados, ninguno tiene algún tipo de suscripción a plataformas del tipo Kioskoymás u Orbyt y solo dos las han usado en alguna ocasión. «Este sistema [el de prensa gratuita en Internet] es insostenible en el tiempo. Para bien o para mal, alguien tendrá que pagar por la información, la opinión y el control de los poderes», vuelve a insistir el profesor, quien cree que los medios impresos explotan un prestigio que ya no tienen. «Los periódicos parecen más influyentes de lo que en realidad son. Viven de rentas pasadas, creo que son mucho menos influyentes que antes», concluye.

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