El bar ‘Casa Manolo’: testigo del nacimiento de la Constitución, el 23-F y los cafés de Rajoy

En el bar ‘Casa Manolo’, Jovellanos 7, Gabriel Cisneros se sentó a escribir la Constitución, el expresidente Zapatero decidió dirigir el PSOE y los periodistas obtienen cada día información muy valiosa de sus fuentes.

El bar Casa Manolo está situado en la calle Jovellanos/ Bruce (Yelp)

Si es el Congreso es la Cámara Baja y el Senado la Cámara Alta, el bar Casa Manolo es la cámara Media. Esta taberna familiar ha sido testigo de la historia parlamentaria española desde hace 93 años. Republicanos, franquistas y monárquicos han disfrutado de las croquetas de Jovellanos 7, pero también han llegado a grandes acuerdos. Aquí sus señorías desayunan café con churros, pero se cuecen aún capítulos de nuestra democracia. Si Adolfo Suárez estuviera aquí reconocería gran parte de la escena. Con aspecto de bodega clásica, este bar conserva muchas cosas 

Todos los partidos han gestado grandes hitos entre estas paredes. Aquí, José Luis Rodríguez Zapatero se lanzó a la piscina para optar por la dirección del PSOE tras dimitir Joaquín Almuina. Compartía la mesa con Julián Lacalle, quien sería después su jefe de Información Nacional en Moncloa y con su padre. También los críticos de Sánchez se reunieron el 2016 para gestar la crisis que terminó con su dimisión como secretario general del PSOE en su primera etapa al frente. También Mariano Rajoy ha celebrado cada éxito que conseguía.

El bar es fruto del empeño de Manuel Seijo, un emigrante gallego que cuando llegó a Cuba conoció a su mujer, vendió su colmado de productos españoles, y regresó a Madrid para sacar adelante a su familia. «Todo el mundo ponía el nombre de su casa en el negocio. Por eso Casa Manolo», explica Alfredo Seijo, su nieto y ahora uno de los responsables del negocio. Lo de casa es real porque ya es la tercera generación que se hace cargo de esta taberna, que ha dado de comer a sus señorías café con churros desde hace casi cien años.

Seijo lleva más de 40 años trabajando en la casa. Ha sido testigo de toda una evolución política hasta ahora. Aunque era pequeño, recuerda muchas historias que sus padres le contaron muchos sucesos de la transición que se formaron allí: «Mis padres fueron testigos de cómo se forjó la Constitución». En esas mismas sillas en las que ahora se acomodan los diputados del PP o el PSOE, se sentaron los padres de la Constitución como Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Mión o Jordi Sole Tura. «¡Esto se puede poner! ¡Esto no podemos decirlo! Aquí discutían mucho, pero también llegaban a muchos acuerdos», afirma Seijo con cierta nostalgia. También el 23-F. El teléfono que aún conservan en el bar fue el transmisor de la incertidumbre vivida a escasos metros. Mientras Tejero y sus chicos disparaban a las pinturas de la cúpula del Hemiciclo, tenían a España colgada de la radio y los teléfonos. Uno de ellos es el que reposa en el bar, como testigo de ese acontecimiento. Allí recibían a los periodistas que iban soltando esa noche. Bocadillos de Calamares, callos, croquetas y más croquetas para todos ellos. Esa noche, el bar no cerró.

La política puede resultar agotadora, pero a pesar de tantos años rodeados de la clase política, Seijo se ha cansado de ella. «La política no me agota, pero esa legislatura un poco». Para él, en estos últimos años los políticos no han sido capaces de crear acuerdos sobre todo para «el bien común». «Creo que ahí han fallado en general todos». Sin embargo, sus croquetas tienen la solución para los enfrentamientos. «En el Congreso discuten, pero aquí, aunque cada uno tiene sus opiniones, son muy educados. Para tomar una croqueta siempre hay quórum», explica Seijo. Aquí comen los del PP, los de Amaiur y los de Izquierda Unida. Y no se oye un solo grito o abucheo.

«Me sorprende mucho la imagen de los políticos que aparece a veces en los medios. Son gente muy humana y educada», explica Seijo. Aquí Mariano Rajoy ha celebrado los éxitos parlamentarios con su equipo. También Aznar venía a charlotear a la hora del café. Casi todos los presidentes han venido a comer croquetas. Sánchez no. «En esta casa han entrado todos los presidentes del Gobierno, menos el actual. Quizás porque es un poquito más inalcanzable». Los presidentes han entrado con su gente como uno más. Discutían, comían, discutían.

Cristina Almeida ha sido una comensal frecuente. «Recuerdo que mi padre metió la gamba con ella. Estaba saliendo con un chico que parecía mucho más joven que ella y venía siempre a buscarla. Mi padre al verlo le dijo: Cristina, ha venido tu hijo a buscarte. Ella le contestó: ¡Querrás decir mi chorbo!», cuenta riendo. Como esta anécdota hay muchas más. Aquí, como con Almeida, se han forjado amistades más allá de las diferencias políticas: «Muchos políticos vienen a saludarnos a pesar de que ya están retirados».

Aunque la familia Seijo ha sido testigo de grandes acontecimientos, han tenido que callar mucho. Bien lo aprendieron de su abuelo. «Siempre nos decía, vosotros aquí tenéis que ser ‘sordoprofesionales’», afirma su nieto. Hay cosas que es mejor callar, al menos así lo piensa. Si bien es cierto que guardan silencio para algunas cosas, en otras situaciones tienen que morderse la lengua. «Hay veces que nos entran ganas de decirles algo a los políticos cuando no nos parece bien una ley o un decreto. Hay cosas que están mal hechas y punto, pero no podemos porque les puede sentar como un tiro», cuenta riéndose.

Las noticias nacen aquí

Los políticos no son los únicos que frecuentan la barra de Jovellanos 7. Hay un tipo de personas curiosas y audaces que husmean por allí. Son los periodistas. Pablo A. Iglesias es director de Información en Servimedia. Lleva 21 años en la agencia y ha pasado muchas horas en el Congreso. También en Casa Manolo: «Aunque a veces te encuentras con políticos por casualidad, muchas veces pasas por el bar a hacerte el encontradizo». En más de una ocasión se ha encontrado a un político que le ha ayudado a dar noticias que en el pasillo del Congreso no podría haber conseguido.

La mesa 6 ha estado reservada durante muchos años por el cronista parlamentario Raimundo Castro. «Él decía que era su despacho», asegura Seijo. El bar es el mejor lugar para sacar la información: «El mejor ‘off the record’ lo encuentras aquí». El ambiente ayuda mucho, es más distendido y no existe la tensión que hay en la Cámara. «El político suele ser más libre cuando se siente en confianza con el periodista. Sobre todo por quien tiene delante y por quien no tiene alrededor. Es la clave para forjar una buena fuente», comenta el periodista, que conoce bien cómo es el proceso.

«Creo que sí que hay gente que va a propósito al bar para hacerse el encontradizo», explica Iglesias. A él le ha pasado en más de una ocasión. Ha tenido que correr hasta allí para hablar con un político determinado. Algunas conversaciones con políticos han trascendido a acontecimientos cruciales para algunos partidos. Como buen profesional del periodismo, no desvela sus fuentes, pero sí cuenta una historia que le ocurrió entre esas paredes. «Digamos que a finales de 2017, principios de 2018, un político que tenía un puesto relativamente importante en un grupo parlamentario fue muy crítico sobre su partido conmigo». Quedaron en Casa Manolo a las 9:00, puntuales. «Recuerdo que me contaba lo mal que lo hacía su partido. Meses después se dio la vuelta a la tortilla y adquirió mucha más relevancia de la que tenía. Ahí te das cuenta que lo te contó en un desayuno, que te lo dice con toda su buena voluntad, se convierte en un hecho cuando cuenta con el apoyo suficiente», afirma Iglesias.

En los pasillos, los periodistas vigilan y controlan a sus compañeros con quién hablan. «Esto no es como el patio del Congreso o el pasillo. Aquí se puede hablar de todo», explica Iglesias. Es frecuente que en el bar se encuentren varios periodistas con políticos, pero la ética de la profesión les para los pies: «Aunque te encuentras a compañeros hablando con políticos que están en el punto de mira, no te metes en la conversación. En el Congreso no ocurre esto. Los corrillos son muy frecuentes».

Si le preguntas a Seijo que le ofrecería a los políticos, lo tiene muy claro.

-¿Qué le darías a Pablo Casado?

-Un menta poleo

– ¿Y a Alberto Núñez Feijóo?

-Un buen chupito de ‘Thunder Bitch’

-¿A Santiago Abascal?

-Una cervecita

-¿Y a Pedro Sánchez?

-Muy simple: un café solo.

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