De regreso al Sur


Amueblaron la pequeña cocina con modernos muebles de formica. Compraron colchones de muelles y sábanas de fibra. Sus hijos no pudieron estudiar en la universidad...

 

La Terra Trema

La Terra Trema

«El mar es amargo y el marinero muere en el mar»

proverbio de los pescadores de Aci Trezza, Sicilia.

 

Nuestros abuelos abandonaron el pueblo. Vendieron sus casas y sus tierras para comprar un piso de protección oficial en las afueras de una ciudad cualquiera. Un vecino, pariente lejano que se había marchado unos años antes, les mandó la carta ofreciéndoles un empleo en la fábrica en que trabajaba. Vendieron a un anticuario el pesado vasar de nogal, un bargueño y las herramientas de labrar el campo. Tiraron los colchones de lana y las mantas tejidas en el batán familiar, y se subieron al autobús que cubría la línea con la capital de la provincia.

Al poco de llegar, como ganaban más, entraron a trabajar en una de las factorías del INI (Instituto Nacional de Industria). Amueblaron la pequeña cocina con modernos muebles de formica. Compraron colchones de muelles y sábanas de fibra. Sus hijos no pudieron estudiar en la universidad, pero algunos de sus nietos han podido hacer una carrera superior. Todo iba bien hasta que éstos acabaron los estudios. Como quien se desvía y se encuentra de pronto en un callejón sin salida, así ellos no han podido ejercer su profesión y han trabajado principalmente en la hostelería o en franquicias de moda.

Uno de ellos se ha ido a visitar al abuelo, que está viudo e internado en una residencia de ancianos. Le ha preguntado cómo se llama el pueblo y le ha pedido que le indique dónde queda situada su antigua casa. Ha ahorrado un poco de dinero y cree que de encontrarse deshabitada, podría comprarla e irse a vivir allí. Tras tantos años, y habiendo arruinado el tiempo tantas cosas, ―entre ellas, el modo tradicional de vida ligado a la tierra, las estaciones y las cosechas―, él se imagina que está a tiempo de rehacer la vida con su viaje de vuelta.

No sabemos si estará abocado al fracaso. Una vez elegido el camino estrecho sólo se tiene asegurada una agotadora tarea diaria y el alto jornal del cansancio. Ntoni, un joven pescador siciliano, harto de que se aprovechen de su trabajo hipoteca la casa de su familia y compra una barca. Una noche de tempestad la pierden, hundiéndose con ella el futuro de la familia Valastro. Agobiados por las deudas y en la ruina, deben abandonar la casa de sus antepasados. Tras los fracasos, el protagonista no tira la toalla, aprieta los dientes y resurge con la lección aprendida.

Luchino Visconti hizo de los habitantes de Aci Trezza, pueblo pesquero cercano a Catania, protagonistas y guionistas de La Terra Trema; no sólo respetó el modo de hablar de la isla, sino que recogió sus conversaciones en los diálogos. Vidas de trabajo duro sobre los hombros de los pescadores y abnegada faena encima de las caderas de sus mujeres. Pero la constante presencia de las olas que sustentan las lanchas y acercan el agua que alimenta los peces que les dan de comer, otorga a sus protagonistas una dignidad extraña, desconocida para quienes han nacido en la ciudad. En la película, se plantea el difícil problema de la supervivencia a partir de la pesca. Una relación con la Naturaleza conflictiva y hasta trágica, debido a las reacciones instintivas y en ocasiones crueles a que dan lugar.

Filmada en 1947, el sur de Italia ―como el de España―, se hallaba en la miseria. Sus habitantes se vieron obligados a desplazarse a las regiones del Norte. Exilio que Visconti contaría posteriormente en Rocco y sus hermanos. Éxodo vivido en nuestro país en los años 60 y 70 al calor del desarrollismo y de la mano de obra desplazada a Bélgica, Suiza o Alemania. Con ellos se rompió definitivamente la tradición secular de la vida en el campo.

En el presente, sus nietos afrontamos el derrumbe de aquellos sueños de modernidad y estado de bienestar, sin atisbar aún las luces de una nueva sociedad. Pero en este intermedio, no sentimos el rumor de las olas que acompañaron la vida de nuestros miserables tatarabuelos del Sur. De los días que pasaron con poco más que pan y rayos de Sol, sus aldeas barridas desde siglos por el viento de Levante arreciando en sus rostros. Y sin embargo, no conocieron el desánimo a la hora de enterrar a sus muertos.

 

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Texto por: J. López García

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(Asturias, 1969) Tras pasar los últimos 20 años como físico en la Universidad de Oviedo, ahora me encuentro de corresponsal en la calle Montera.

3 Respuestas to “De regreso al Sur” Subscribe

  1. Ana Mª. García 12 abril, 2013 en 13:34 #

    Los ciclos de la historia, como las tendencias de la moda, se repiten inexorablemente y el hombre, “único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, es víctima de sus propios errores.
    Aquel éxodo rural de los años 60 y 70, del que magistralmente nos habla Visconti en sus películas, también ha contribuido a generar la difícil situación que estamos atravesando. Hemos liquidado voluntariamente nuestro pasado campesino, pero nunca es tarde para volver a empezar. El campo está ahí, esperando pacientemente una mano que desbroce la maleza y lo siembre con cariño. Los cerdos, las gallinas, las vacas…, son unos animales muy generosos. Nos libran del hambre. Recuperemos nuestros orígenes. Otra vida de más calidad, aunque con menos comodidades, es posible. Una gran parte de los pueblos de España están abandonados esperando que alguien desempolve los viejos muebles que no se llevó el avispado anticuario y por los que obtuvo pingües beneficios.

  2. Ana 12 abril, 2013 en 23:45 #

    La reflexión me ha llevado de la tristeza a la esperanza. Sin duda, muchos tenemos una pelicula pendiente por ver, y otra por vivir.

  3. Manuel Bermúdez 15 abril, 2013 en 13:16 #

    Después de leer este artículo,me viene a la memoria el éxodo de gente humilde que abandonaron el campo en busca de una vida mejor.Esto ocurrió por los años 60.Muchos emigraron al extranjero y otros fueron mis compañeros de la antigua ENSIDESA.
    Venían de las provincias andaluzas y extremeñas la mayor parte de éllos.La integración entre nosotros fue total,auque la nostalgia de sus tierras,no la podían olvidar.
    Muchos me decían que eran de dos provincias,ya que una era en la que nacieron y otra la asturiana que los acogió.Sus hijos ya se consideran asturianos de naturaleza,pero no olvidan la tierra que tuvieron que abandonar sus padres para mitigar la hambruna que nos dejó la incomprensible Guerra Civil.
    Ahora,a mis antiguos compañeros,les encanta ir a pasar una jubilación dorada en su pueblo natal,y a su vez observar el campo que abandonaron,ya que posiblemente sus hijos tengan que hacer el viaje de ida para sacar provecho de la huertina que heredaran.Mi optimismo no da para mas.Quisiera confundirme.

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