Solo falta oro, incienso y mirra


Desde hace cinco años, los Hermanos de San Juan de Dios impulsan un mercadillo solidario que regala esperanza a trabajadores, voluntarios y enfermos

L os Hermanos de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios -que han ganado el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2015– comenzaron con este proyecto solidario en la Navidad de 2010. En la calle Concha Espina, el antiguo Colegio Alemán de Madrid -propiedad de la Orden- ha estado descansando desde que los alumnos abandonaron sus aulas en el mes de junio. El pasado 1 de diciembre volvió a despertar con fuerza y a tiempo de encender la Navidad. Fue elegido para instalar su mercadillo solidario, que hasta el año pasado se encontraba en el Hospital de San Rafael junto con el belén navideño.

Esta obra social une a diferentes personas con una causa y un objetivo común. Nace con las aportaciones de muchos donantes y crece con la participación de los trabajadores y voluntarios que quieren formar parte de ella. Cada año los fondos que se recaudan son destinados a diferentes causas sociales. Su ilusión esta vez es apoyar la atención social y sanitaria de niños y adultos sin recursos en varios de sus centros.

Además, la obra tiene una vertiente muy entrañable. Personas discapacitadas y con problemas de salud mental realizan prendas, utensilios y adornos con sus propias manos, y participan para construir una Navidad más solidaria cada año.

Prendas y utensilios elaborados por personas discapacitadas. Foto: María González

Prendas y utensilios elaborados por personas discapacitadas. Foto: María González

El Hermano Víctor -que pinta postales navideñas para el mercadillo- regresó a la capital hace año y medio después de haber estado varios años en el centro de ayuda psiquiátrica de Palencia. Nos cuenta que existen centros para discapacitados en Gijón, Valladolid y Vigo, pero el de Palencia es diferente. Allí tratan todo tipo de enfermedades mentales como la esquizofrenia, bipolaridad, comportamientos agresivos, alzhéimer, demencia senil o problemas con toxicómanos. Todos estos pacientes contribuyen con objetos que realizan manualmente, y durante la Navidad acuden al mercadillo para ver lo que queda de sus pequeñas creaciones, que a la larga son grandes ilusiones.

Al preguntarle cómo es tratar con estas personas y cómo sienten, afirma que si volviera a nacer trabajaría de nuevo con ellos: «Es fascinante llegar a entender y conocer a alguien que tiene tantos problemas, llegar a comprender su euforia y su tristeza, sus momentos altos y los bajos. No hay nada mejor que encontrar esa chispa, esa conexión que te une a ellos. Y por supuesto, aprecian más el cariño que el resto de nosotros».

A Bárbara, coordinadora de la obra social desde el año pasado, le encanta el ambiente y el compromiso de la gente: «Cuando hay que comprobar el precio de alguno de los artículos, muchos se van sin reclamar las vueltas porque saben que están ayudando a financiar una buena causa».

Para ella, colaborar con el proyecto durante toda la Navidad no supone ningún sacrificio: «A mí me mueve la fe y las ganas de que esto salga bien, poder ir viendo poco a poco los resultados. Todos tenemos complicaciones y una vida que conciliar pero compensa. Yo por ejemplo me acabo de mudar y cada noche tengo que saltar entre cajas para alcanzar mi cama», comenta entre risas. «Físicamente es muy cansado y a veces me gustaría que hubiera más personas ayudando, pero tampoco quiero que se convierta en algo muy grande porque cuando las cosas crecen demasiado acaban perdiendo su esencia».

Agustín vive en el Albergue San Juan de Dios. Colabora en todo lo necesario para que el mercadillo funcione correctamente, especialmente en el transporte y colocación de los artículos. Más que ayudar, Agustín siente que al realizar esta labor le ayudan a él. «Para mí son como una familia, siento su calor y me hace feliz poder involucrarme en esta obra».

En la caja atienden Ana y María José, que pusieron en marcha el proyecto en 2010. A lo largo del año reciben gran cantidad de ropa y objetos de las personas que quieren contribuir y en el mes de junio ya comienzan a ordenar y poner precio a todo lo que tienen hasta ese momento. Deciden el precio según el estado del producto y teniendo en cuenta su valor inicial. Pero siempre con la intención de que sea lo más barato posible y se venda sin problemas.

Ana explica que el mercadillo surgió como una forma de darle salida a todo lo que se donaba. «Es una obra perfecta. Además de la ilusión que albergan los trabajadores porque los fondos se destinan a causas sociales, contribuimos a que la gente tenga ganas de reciclar todo lo que no usa porque sabe que es por un buen motivo. Y no solo eso, sino que muchos de ellos también dedican su tiempo a realizar manualmente objetos para nosotros. Además, ayudamos a muchas personas que no se pueden permitir ningún lujo y aquí tienen la opción de comprar regalos, como algún extranjero que luego los manda a su país».

Por su parte, María José habla sobre lo diferente que es este trabajo en comparación con otros: «Todos nos entregamos al máximo y hay muchos voluntarios que forman parte del proyecto. Por lo tanto, aquí no se trata de exigir nada a nadie, ya damos por hecho que todo el mundo quiere dar lo mejor de sí mismo».

Por último, Ángeles, Carmen y María Antonia –tres amigas que salen de la cafetería- dicen que notan mucha diferencia con otros mercadillos, porque la gente se compromete con la causa y aporta cosas buenas, no simplemente por deshacerse de ellas. Afirman que les encanta y salen cargadas de bolsas, pero el verdadero motivo por el que acuden es por colaborar con la labor solidaria de los Hermanos de San Juan de Dios.

Mueble donado hecho a mano con un valor de 1.500 euros. Foto: María González

Mueble donado hecho a mano con un valor de 1.500 euros. Foto: María González

Al entrar en este mercadillo solidario uno se da cuenta de lo que significa la Navidad. Significa solidaridad, dejar que todos puedan aportar una pequeña parte de sí mismos y poder conseguir algo especial. Lo que se compra y se vende no forma parte de un mero ciclo económico, no pasa por manos vacías, ahí nace alegría y esperanza para muchas personas necesitadas. El que da, da dos veces, a los que tienen la posibilidad de comprar de manera económica y a los que reciben ayuda a través de esos fondos. El que compra, compra dos veces, para que sigan funcionando el mercadillo y sus donaciones, y para los necesitados. También los que reciben ayuda, aportan sus creaciones. Incluso los que no pueden dar nada, hacen que todo esto exista. Y poder ayudarles es una manera de devolvérselo. Todos ellos contribuyen a que exista la Navidad, ahora y durante todo el año.

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Texto por: María González Rodríguez

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