Drogas y suciedad, una noche en la nueva Macumba


La discoteca buscaba renovarse y atraer a un público más exclusivo

La noche madrileña no se entiende sin los grandes eventos de la sala Macumba. Elite, Danzoo y Space eran citas obligadas para el fiestero madrileño hasta que en 2012 se les cerró el grifo. Este local reabrió sus puertas con motivo de la fiesta de Año Nuevo en enero de 2017 bajo el nombre de «Lab espectáculos» tras permanecer cinco años cerrada. Según la empresa organizadora, este proyecto no nació como una sala de fiestas, sino como un espacio «restaurante-espectáculo». Sin embargo, asistentes a dicha celebración afirmaron que fue «una sesión de toda la vida».

La gente que acude a esta discoteca se concentra en los alrededores de la estación de Chamartín para beber antes de entrar. En el aparcamiento, situado al final de la calle Rodríguez Jaén, comienza a haber movimiento de coches sobre las 12.30 de la noche. Alrededor de la 1.30 la zona está llena de personas.

Parking de la discoteca Lab. Foto: Mario López

Parking de la discoteca Lab. Foto: Mario López

Roberto, uno de los jóvenes asistentes, afirma que la discoteca es igual que antes, quizás la decoración es distinta, pero de música y ambiente no ha cambiado casi nada. Dice que: «Si ahora ponen comida deben hacerlo a escondidas porque yo no he visto nada de eso y vengo casi todos los findes. La verdad es que echaba de menos este sitio, es uno de los más grandes de Madrid y al que he venido toda mi vida, me alegré mucho cuando me enteré que lo volvían a abrir».

En la parte cercana a las escaleras que suben a la estación de Chamartín se aprecia un fuerte olor a cannabis y a sustancias químicas. Marcos, un chico que está bebiendo junto a sus amigos, cuenta que todas las fiestas son iguales, la gente bebe, fuma y se droga mucho, especialmente los viernes cuando son las sesiones buenas. «A lo mejor los sábados que son fiestas más pijas y más caras no hay tanta gente en el parking. Hoy solo tienes que ver toda la gente que entra y sale de los coches o se va a sitios más apartados para no “cantearse”», opina Marcos. Los viernes en la discoteca Lab se congregan dj´s muy famosos y que por lo general ponen música «techno», un género musical que gusta mucho a los jóvenes.

Dos jóvenes consumiendo estupefacientes. Foto: Mario López

Dos jóvenes consumiendo estupefacientes. Foto: Mario López

Rubén vende MDMA en el parking de la antigua Macumba. Confiesa que prefiere vender solo a amigos y conocidos fuera de la discoteca. Dentro, con la oscuridad y con más gente es más difícil que le vea un portero y le expulse. «Fuera hay bastante policía secreta y por eso prefiero no vender a nadie que no conozca», dice Rubén. Él divide su mercancía en dosis de medio gramo, y cada «mocho» lo vende a 25 euros para los amigos y 30 para los desconocidos. Rubén asegura que aproximadamente cada viernes gana 200 euros.

Rubén con sus amigos haciendo botellón. Foto: Mario López

Rubén con sus amigos haciendo botellón. Foto: Mario López

Suciedad

Fuentes policiales aseguran que de vez en cuando hay alguna reyerta, especialmente a la salida de la discoteca, cuando la gente va más colocada. Según la policía: «Más que peleas, se realizan incautaciones de sustancias estupefacientes. Pero lo que más se produce es el deterioro de la vía urbana. La gente deja todo lleno de botellas y bolsas, coches y paredes orinados e incluso heces en mitad de la acera».

Vecinos de la zona expresan su malestar con la reapertura de la sala Macumba. Vicente, residente de la calle Agustín de Foxá (cercana a la discoteca), dice que cuando se enteró de la inauguración de la discoteca no se lo podía creer. Asegura que no le molesta el ruido, porque la discoteca está en un sitio más o menos apartado de las casas. Pero que cuando paseaba por las mañanas temprano le daba asco ir por la estación de lo sucio que estaba todo, con lo cual ya no pasa por ahí.

Gente bebiendo en los alrededores de la estación de Chamartín. Foto: Mario López

Gente bebiendo en los alrededores de la estación de Chamartín. Foto: Mario López

María, también vecina de un edificio cercano al local nocturno, cuenta que los sábados por la mañana tiene que coger el metro en la estación de Chamartín para ir a trabajar. «En lo que voy al metro, algunas veces me encuentro a gente borracha que va dando tumbos por la calle o se ponen a orinar por las esquinas. Lo peor de todo es que permitan abrir ese sitio cuando el antiguo dueño hizo lo que hizo», concluye María.

Miguel Ángel Flores

En relación a lo que afirma María, Miguel Ángel Flores fue condenado a cuatro años de prisión por el caso «Madrid Arena». Flores fue el promotor de una macrofiesta de Halloween en 2012. En ese festival se produjo una avalancha humana provocada por la sobreventa de entradas que se cobró la vida de cinco chicas. También quedó inhabilitado para organizar fiestas en discotecas. Ahora, el grupo gestor de la antigua Macumba es el Grupo Alonso. Sin embargo, Miguel Ángel Flores trabaja para esta empresa como coordinador de Desarrollo de Negocio, por lo que el empresario sigue vinculado a lo que ha sido su emblema de la noche madrileña.

La discoteca Lab cuenta con un aforo de 1.427 personas, es un espacio con 1.800 metros cuadrados y es una de las salas de ocio más grandes de Madrid. Sus altavoces ofrecen 46.000 voltios de potencia. No es de extrañar que los jóvenes recibiesen con los brazos abiertos la reapertura de este mítico local de la capital española. Sin embargo, vecinos de la zona ven esta discoteca como un foco de conflictos.

En este reportaje se han utilizado nombres ficticios con el fin de proteger la identidad de las personas que aparecen en él.

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Texto por: Mario López

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Una respuesta to “Drogas y suciedad, una noche en la nueva Macumba” Subscribe

  1. ó.m. 9 diciembre, 2017 en 12:34 #

    La potencia de los altavoces no se expresa en V (voltios).

    Por otra parte, hay un refrán que dice que por la noche todos los gatos son pardos.

    Es generalizado, el ocio nocturno ofrece lo que buscan los que quieren dar rienda suelta a sus vicios. En Chamartín, en Malasaña y en cualquier sitio. Exactamente igual en todos.

    Nada nuevo en el horizonte. El ser humano se droga, desfasa y se comporta de una forma insolidaria con el resto (ensucia y destroza todo envalentonado por el breve subidón de la sustancia que haya utilizado) cuando se pone el sol. Lo hace con prisas, como si se le fuera a hacer de día (de día del lunes me refiero) mucho antes de lo que quisiera o deseara.

    Tal vez sea como el escape de una olla a presión en la que se encuentra el resto del tiempo haciendo algo que ni le gusta ni le satisface y por eso el sistema se lo permite en lugar aniquilar, tanto los espacios como a los partícipes de las andanzas nocturnas. Para que el lunes, ya desfogados (o anulados), vuelvan al redil a producir empujando el molino y soportar los siguientes 5 días en los que seguramente tienen en mente que llegue el siguiente viernes por la noche para volver a ‘liberarse’ de forma ininterrumpida.

    El sistema por tanto, es cómplice. Y busca (permitiendo estas cosas) que los peones sigan ahí con el perpétuo anhelo de esperanza de vicio y perversión. Si la correa aprieta todo el tiempo y no suelta a las bestias sus 5 minutos de rigor semanal a que ‘animaleen’ se le fastidia el invento.

    Es el precio a pagar.

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