De Nigeria a Lavapiés: la trayectoria de Piter


Todos en Lavapiés conocen a Piter, un nigeriano de 36 años que lleva diez años viviendo sin papeles en España. En entrevista a Madrilánea, él cuenta su historia
Algunas de las cosas que vende Piter. Él pidió que no le hiciera fotos suyas. Foto: Camila Alvarenga

Algunas de las cosas que vende Piter. Él pidió que no le hiciera fotos suyas. Foto: Camila Alvarenga

Todos los que vivimos en Lavapiés y cogemos el metro por la mañana conocemos a Piter: parado en las escaleras vendiendo mecheros y pañuelos, saluda a todos que pasan. Por las tardes, él se traslada a las escaleras de la estación Tirso de Molina en las que se queda hasta las 17.00, hora a la que se va a casa, en Fuenlabrada.

Su nombre, en realidad, es Moses Oseghale, «”Piter” es solo un apodo», me dice. Él tiene 36 años, es originalmente de la Ciudad de Benín, en Nigeria, y lleva diez años viviendo en España, aunque solo este mes consiguió los papeles necesarios para que dejase de ser considerado un inmigrante en situación irregular. Con los documentos, Piter ya no forma parte del grupo de casi 20 mil inmigrantes en España que viven en situación irregular, según datos de 2018 del Ministerio del Interior.

Tener los papeles le hace mucha ilusión ya que así podrá conseguir un buen empleo y ayudar su familia: la madre y los dos hermanos que viven en Nigeria, a quienes solo visitó una vez desde que llegó a España; la esposa y los dos hijos, que actualmente viven en Bilbao. «Vendiendo estas cosas yo consigo de 500 a 600 euros al mes, pero tengo que pagar 250 euros de alquiler, más 62 euros de abono, mi comida, enviar dinero a mi madre, enviar dinero a mi esposa, ir en bus hacia Bilbao una vez al mes… No da para todo», dice.

Al hablar de su familia, Piter me enseña fotos de su esposa y sus dos hijos: una niña, «que va a cumplir seis años el mes que viene», y un niño de 3 años. «I miss them very much» (los extraño mucho), me dice en inglés —todavía le cuesta el español en algunos momentos—. En una mezcla entre los dos idiomas, me cuenta que lo más importante para él es poder estar junto a su familia, sea aquí en Madrid o en Bilbao, «donde encuentre el mejor empleo. Cuando tengo que volver a Madrid después de visitar a mis hijos, me abrazan y me dicen “papi, quédate”. Me duele el corazón escucharlo. Quiero estar con ellos». Piter explica que cuando llegó a España fue primero al País Vasco, «porque ahí te ofrecen ayuda si eres inmigrante», donde conoció su esposa, con quien está casado hace siete años, pero tuvo que venir a Madrid por no encontrar trabajos, ni siquiera informales, en la capital vasca, «además porque están prohibidos los manteros allí. No podría trabajar vendiendo mis cosas como hago aquí», pero la familia se quedó para no perder el auxilio del Gobierno.

Dejando Nigeria y viviendo solo en Madrid

«Nigeria está muy mal. África está muy mal. España es lo mejor para mi y mi familia, aunque el Gobierno no te ayude en nada», me explica Piter cuando le pregunto por qué dejó su país. Admite que es muy dura la vida del inmigrante, más aún sin papeles, pero dice preferir esto a tener que volver a Nigeria: «Ahora solo de visita».

Sobre la vida en España cuenta que de inicio fue muy duro, pero que ahora ya está adaptado: «Ya tengo mis amigos, mi comunidad… Soy muy feliz aquí. En Fuenlabrada tengo mi iglesia, donde formo parte del coro, me gusta mucho cantar. Aquí en el metro todos me conocen, me ayudan cuando necesito, pero no quiero necesitar ayuda, no quiero trabajar con eso para siempre. Ahora (con los papeles) podré empezar de verdad mi vida».

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Texto por: Camila Alvarenga

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