El viejo hospital de medicina alternativa

La fachada del Hospital San José
Actual fachada del Hospital de San José, una vez rehabilitado (Foto: IHHSJ)

En febrero de 1878 nevaba en Madrid. Ese año, la Puerta del Sol inauguraba su alumbrado eléctrico y los madrileños acudían allí para ver la luz reflejada en el suelo nevado. Al norte, en el barrio de Chamberí, se inauguraba el Instituto Homeopático y Hospital de San José. Era el día dos de ese mes y la obra había costado casi un millón de reales.

Han pasado 135 años desde su construcción, y el edificio mantiene un aspecto magnífico que resalta en pleno centro del distrito, a pocos metros de la estación de Quevedo.

Felix Antón, Patrono Secretario de la Fundación y el Hospital, lleva una chaqueta azul marino, una camisa, unos pantalones de pana y unas gafas que agrandan sus ojos. Cuenta que el Hospital es un sitio con muchísima historia que la gente suele desconocer: «Muchos entran al recinto, dan una vuelta y se marchan. De hecho, una vez un hombre vino dispuesto a recolectar los higos que crecen en un patio que tenemos ahí detrás».

Negados por lo tradicional

Todo empezó en 1845 cuando, por iniciativa de un grupo de médicos homeópatas madrileños, se creó la Sociedad Hahnemanniana Matritense, cuyo objetivo era la propagación, defensa y divulgación de la homeopatía, una forma de medicina alternativa basada en el empleo de preparados muy diluidos que pretenden provocar en el paciente los mismos síntomas que causa la enfermedad. Mucha gente cree que es «la verdadera medicina», pero la comunidad científica internacional coincide en que no ha sido capaz de demostrar una efectividad mayor que la del efecto placebo.

A pesar de que la Sociedad estaba amparada en dos Reales Decretos, estos no fueron respetados. Entonces, miles de firmas de apoyo a la institución lograron que, en 1865, una Real orden ratificara tales disposiciones. Sin embargo, una vez más, el descrédito que los médicos tradicionales y la prensa médica atribuían a esta disciplina acabaron con las ambiciones de la nueva medida.

«Tomaron la decisión de buscar ayuda externa, decantándose por una suscripción que logró aunar a 700 personas. Muchas de ellas latinoamericanas y residentes en países europeos», explica Antón. Sin embargo, la recaudación solo representaba una tercera parte de lo necesario, así que fue José Núñez Pernía, Marqués de Núñez, quien puso el resto.

Galería interior del Hospital
Vista de una de las galerías interiores del Hospital (Foto: Francisco Javier Alcacera/IHHSJ)

En noviembre de 1878 comenzaron las actividades académicas bajo la lección inaugural del médico Anastasio García López. Pronto empezaron los problemas. De forma unilateral, el marqués de Núñez decidió constituir Fundación Instituto Homeopático y Hospital de San José. Tal golpe de mando provocó fuertes discrepancias dentro de la Sociedad Hahnemanniana, que se dividió durante varios años en la organización de las diversas actividades.

Una década después de la inauguración, en 1888, la congregación religiosa de las Hijas de la Caridad se pusieron al frente de la atención del hospital. «Aquí venía gente con pocos medios, que no tenía dónde ser atendida», puntualiza Felix, que recuerda cómo el lugar tenía cierta notoriedad entre los vecinos de otras épocas. Poco a poco se iba haciendo un hueco. En 1879, la Princesa de Asturias, Isabel, aceptó la presidencia de honor y sufragó el costo anual de una cama de adulto en el hospital de forma ininterrumpida.

El Hospital en el franquismo

En el siglo XX, la institución se vio beneficiada por las iniciativas de Joaquín Núñez Grimaldos, Marqués de los Salados. Entre 1926 y 1936 apoyó la reconstrucción del Consultorio Homeopático, modernizó el edificio y mejoró su equipación. Precisamente fue en su época cuando se celebró el I Congreso Nacional de Medicina Homeopática, en mayo de 1929.

Gente visitando el hospital San José
Un grupo de personas visitan una de las salas (Foto: Francisco Javier Alcacera/IHHSJ)

La Guerra Civil (1936-1939) fue una época difícil. El hospital fue desalojado y cerrado. Lo cierto es que apenas se tienen datos de lo que ocurrió durante ese periodo. Se conocen sus usos como hospital de sangre y para la preparación de comidas que eran distribuidas entre los vecinos. Al final del conflicto, quedó prácticamente vaciado de equipamiento y poco a poco retomó su actividad bajo la dirección del Marqués de Regalía. «Que durante la posguerra y el franquismo, el hospital continuara con su labor, demuestra que la homeopatía no fue prohibida durante ese periodo», sentencia Antón, contradiciendo una tesis bastante extendida. Lo que sí es cierto es que la imposibilidad de cubrir las necesidades económicas del hospital cambió las funciones de la institución, que poco a poco incrementó su labor como residencia para personas necesitadas. Aunque se mantenía la actividad como consultorio.

En 1980, el deterioro del edificio obligó a clausurarlo y a trasladar a las Hijas de la Caridad a otro lugar. «El Ayuntamiento de Madrid exigió unas obras en el edificio que nosotros no podíamos acometer». Por fortuna, el inmueble fue reconocido como Bien de Interés Cultural (BIC) en 1997, lo que aseguraba su supervivencia.

En la actualidad el edificio brilla en todo su esplendor, después de pasar por una magnífica rehabilitación en la que se han invertido 3,2 millones de euros. La labor homeopática continúa: se dan clases y cursos de la disciplina y diversos médicos pasan consulta. La acupuntura también ha encontrado su espacio en las instalaciones. Además, la explotación del edificio se comparte con la Universidad de Alcalá, que organiza diversos cursos en sus aulas.

El problema legal

El mayor problema al que se enfrenta la fundación es de materia legal. En 1994, Jaime Fernández Moreno, Marqués de Núñez, solicitó al Ministerio de Asuntos Sociales la extinción de la fundación argumentando que ésta ya no realizaba las funciones que estipuló su creador. Aunque en un principio se denegó la solicitud, en 2001 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid le dio la razón. Tiempo después, la Abogacía del Estado recurrió la sentencia alegando que las competencias en esta materia eran de la Audiencia Nacional. La nueva sentencia revocó otra vez la denegación del Ministerio de Asuntos Sociales y ordenó la disolución de la Fundación y la devolución de todos sus bienes. En 2006, el marqués muere y, por tanto, desaparece la persona a la que se le tenían que entregar las propiedades. Con un nuevo marqués (marquesa) de Núñez: María José Fernández Rodríguez, la entrega se debía hacer efectiva. Pero la Fundación no se quedó quieta y pasó a denunciar una serie de irregularidades en la concesión del título de marquesado. «Es una situación que no tiene ni pies de cabeza», comenta Felix Antón entre resignado, agotado e indignado. Desde entonces, la batalla legal continúa, y no parece que vaya a tener un final a corto plazo.

Texto editado por Elena Jorreto

Juanma Fernández

Historiador reciclado en periodista. Escribo columnas en Heraldo de Aragón y mantengo un blog de opinión en La Vanguardia. Estuve dos años en ABC Punto Radio Aragón, donde hice casi de todo. Llevo gafas y mido 1,72.

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