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Las asociaciones de comerciantes defienden el Rastro de las difamaciones

El Rastro abarrotado de personas una mañana de enero de 2018. Foto: Gregoria Caro
El Rastro abarrotado de personas una mañana de enero de 2018. Foto: Gregoria Caro

El Rastro situado en el barrio de La Latina, con casi 300 años de vida, es uno de los atractivos más castizos de la capital. De hecho, aparece en las guías de viajes de la ciudad y su importancia es tal que en el año 2000 la ordenanza que regula el mercadillo lo convirtió en Patrimonio Cultural del Pueblo de Madrid. Sin embargo, ni aun así es oro todo lo que reluce. No han sido pocas las veces que los enfrentamientos han tenido lugar entre los propios comerciantes.

El pasado mes de diciembre la Asociación Intercultural del Rastro de Madrid aseguró públicamente que el espacio estaba en decadencia y que existían graves problemas de seguridad. Su presidente, Mario Ágreda, también denunció el uso deliberado de billetes falsos, puestos ilegales, suciedad, una proliferación de carteristas y la venta de artículos ilícitos como ropa usada.

Estas declaraciones han indignado al resto de asociaciones con representación en el Rastro. En este contexto, los comerciantes se han agrupado para defender este mercado al aire libre mediante un comunicado enviado a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con el que pretenden demostrar que las difamaciones no son ciertas. La carta en cuestión contiene las firmas de la Asociación El Rastro Punto Es, la Asociación Nuevo Rastro, la Asociación Artesana Agartsana, la Asociación Independiente del Rastro de Madrid «Asiveras» y la Asociación Madrileña de Artesanía Contemporánea (AMAC).

«Nosotros tenemos un sistema de afiliación, representamos a casi el total de los vendedores y nos cuentan cual es la situación actual. ¿A quién representa Ágreda? ¿Qué pruebas tiene?», se pregunta Mayka Torralbo, portavoz de la Asociación El Rastro Punto Es, durante una conversación con Madrilánea. «Este señor, declarado persona non grata en el mercadillo, se ha dedicado a contar mentiras», protesta Torralbo sin miramientos. Su agrupación representa hasta el 60% de los más de 900 titulares que hay en el zoco.

La misiva, adjuntada también al concejal presidente del distrito Centro, Jorge Castaño, y a los portavoces de todos los grupos municipales, sugiere que «lo que busca esta persona es proclamar la decadencia del Rastro para obtener beneficios particulares». Asimismo, añade que «pese a quienes buscan el declive, éste es, en realidad, un espacio seguro, agradable, vigilado por policías y limpio».

«Mario Ágreda no nos representa»

«No entendemos por qué se han dado estas declaraciones, siempre he cobrado en metálico y nunca vi billetes falsos»,  revela Juan Ruiz, presidente de la Asociación Nuevo Rastro que agrupa a comerciantes, autónomos y pequeñas empresas del Barrio Rastro desde 2010. «Mario Ágreda no nos representa», aclara. Ruiz también recuerda que cada domingo la calle Ribera de Curtidores acoge en torno a 100.000 personas, según él, un síntoma de que este mercado no puede acabar.

Todos los grupos firmantes no sólo aglutinan en total a más del 80% de los puestos y comercios del Rastro, sino que también llevan más tiempo que Mario Ágreda ejerciendo la actividad. La defensa enviada al consistorio está ratificada incluso por los propios vendedores que a pie de calle confirman lo comunicado por las asociaciones.

«Hace unos años había ladrones, pero hoy es un sitio muy seguro a pesar de que hay quien dice lo contrario», explica Graciliana Alavera. Esta vendedora tiene 70 años y desde hace tres décadas vende bisutería y relojes de mano frente al número 2 de la calle Ribera de Curtidores. Por su parte, Pedro José López tiene desde hace 40 inviernos su puesto en la Plaza General Vara del Rey y opina lo mismo: «Por desgracia parece que quieren acabar con esto. En lugar de hacerlo fácil, algunos sólo ponen pegas».

Pedro José López vende antigüedades en el Rastro desde prqueño. Foto: Gregoria Caro
Pedro José López vende antigüedades en el Rastro desde pequeño. Foto: Gregoria Caro

Pepe, que prefiere no dar su apellido, también coincide con sus colegas de profesión. Tiene 62 años y vende viejas chaquetas de la marca Levi’s unos metros antes de Galerías Piquer. «¿Vender ropa usada es ilegal? ¿Bromeas?», se pregunta. Resulta que a pesar de las declaraciones de Ágreda, las prendas de segunda mano son productos legales y muy solicitados. Es más, el artículo 4 de la Ordenanza del Rastro (2000) dicta: «Mercancías viejas y extrañas, rarezas y objetos que no se comercializan en los mercados y establecimientos clásicos».

En relación con la sensación de seguridad, Pepe tiene clara su opinión: «Hace cinco años podía haber carteristas, pero ahora es difícil ver algún conflicto con cerca de 50 agentes municipales». Y añade: «Hay mucha gente hablando mal del Rastro… Todo son intereses económicos porque esto es el casco antiguo. Aquí la gente quiere tener un piso y no comercios ambulantes».

La portavoz de El Rastro Punto Es recuerda al Ayuntamiento de Madrid que es necesario seguir trabajando y cuidando el espacio. Entre otras cuestiones, recalca que para 2018 habría que hacer mejoras en la señalización de la ubicación del mercado, así como en la accesibilidad y el asfaltado de algunas calles. Asimismo, desde El Rastro Punto Es solicitan más promoción: «Creemos que es necesario difundir más su atractivo para que la actividad siga creciendo como hasta ahora».

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