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La falsa seguridad de la población respecto al VIH

Hospital La Paz. Foto: MAYA BALANYÁ
Hospital La Paz. Foto: MAYA BALANYÁ

El 1 de diciembre de 2018 se celebró el trigésimo aniversario del Día Mundial del Sida con el lema «conoce tu estado». La propuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que se declarase el 1 de diciembre Día Mundial del Sida fue apoyada por la Asamblea Mundial de la Salud y de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Desde entonces, gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil han puesto su esfuerzo en la lucha para combatir esta enfermedad.

Lejos quedan aquellos años en los que existía un auténtico terror a una enfermedad que se cobraba la vida de las personas pocas semanas o meses después de su diagnóstico. Sin embargo, el último informe con los datos epidemiológicos publicado por la Secretaría del Plan Nacional sobre Sida afirma que la tasa global de nuevos diagnósticos de VIH en España es superior a la media de la Unión Europea y de los países de Europa Occidental.

De esta manera, y a pesar de la evidente mejoría respecto a décadas pasadas, la necesidad de concienciar a la población en torno al VIH sigue siendo imperativa en el campo sanitario. Hablamos con el coordinador de la Unidad de VIH del Hospital La Princesa, el doctor Jesús Sanz, quien advierte que «aunque la incidencia anual tienda a mejorar todavía hay mucho por hacer desde el punto de vista de la prevención para evitar nuevas infecciones». La transformación del Sida en una enfermedad crónica que se puede controlar y la mejoría experimentada en la calidad de vida de los pacientes son factores que pueden llegar a explicar que no se avance todo lo rápido que las autoridades sanitarias pretenden y que la epidemia siga vigente. «Todo ello, junto a las campañas en las que el Sida no es sinónimo de perder la vida ha hecho que la sociedad baje la guardia en determinadas situaciones».

Esta sensación de falsa seguridad ha conducido, también, al incremento de otras enfermedades de transmisión sexual. «Se ha visto cómo en los últimos años enfermedades como la gonorrea, la sífilis o la Hepatitis C han aumentado. Por ello insistimos en que la estrategia debe ser global», afirma Sanz. En España, «se calcula que el 20 por ciento de las personas que ya están infectadas, no lo saben». Este grupo lo forman personas a por las que diversas razones – fracaso de las campañas, miedo a hacerse la prueba, conductas de riesgo – se les diagnostica tarde, provocando que la edad media suba. Otro colectivo, «formado, fundamentalmente por hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres, son conscientes de las conductas de riesgo que tienen y sí que demandan la prueba con frecuencia», añade el doctor. Esto último hace que el porcentaje de pacientes por debajo de 30 años sea mayor al que veíamos en años anteriores, lo cual, a pesar de lo negativo del contagio, es positivo en el sentido de tener un mayor control sobre las personas que sufren la enfermedad. «Estas personas se hacen una prueba a lo mejor todos los años, y se han infectado quizá en el último. Pero los otros no se han hecho una prueba nunca», atestigua Sanz.

El diagnóstico tardío, junto al diagnóstico oculto, siguen siendo dos factores a tener muy en cuenta en la lucha contra el VIH. El primero responde al grupo de aquellos a los que se les diagnostica por encima de los 40 años, mientras el segundo tiene que ver con esa meta de reducir el porcentaje de personas que están contagiadas y aún no lo saben.

Aún se puede mejorar

El objetivo 90-90-90 lanzado por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida planteaba que en el año 2020 el 90 por ciento de las personas que viven con VIH conozcan su estado serológico respecto a la enfermedad, además de recibir un tratamiento adecuado y tener la replicación del virus reprimida. «La incidencia anual en España actualmente es de 16 casos por 100.000 habitantes. En los diez últimos años los pacientes nuevos por contagio tienden a disminuir, pero sigue habiendo muchas infecciones. Para el objetivo planteado en 2020, llegar al 90, habría que diagnosticar un 10 por ciento más», dice Sanz.

Teniendo en cuenta el margen de mejora existente en prevenir la infección de VIH y contando con la imposibilidad de lograr una vacuna hoy en día, existen dos aspectos a tener en cuenta a la hora de impedir la infección. El primero de ellos es la profilaxis post exposición, por la cual se puede dar una medicación durante cuatro semanas si una persona ha mantenido relaciones sexuales no protegidas con una persona infectada y no tratada ni controlada. «Desde un punto de vista práctico es poco viable a largo plazo, aunque puntualmente lo hacemos». La segunda de ellas, mucho más reciente y que aún no cuenta con financiación en España, es la profilaxis pre exposición. Consistiría en tomar medicación de manera previa a mantener relaciones con alguien que esté infectado sin usar protección. «Es un tema candente y a nosotros como entidad nos interesa que se sepa y que se implemente cuanto antes», apuntan desde la Coordinadora Estatal de VIH y SIDA (CESIDA). Sin embargo, el doctor Sanz advierte que a pesar de su utilidad también se trata «de una estrategia vista para un momento determinado».

Controlar la enfermedad es, al final, la medida más útil para seguir luchando contra la epidemia. «Si todo el mundo que tuviera infección por VIH recibiera tratamiento, no aparecerían nuevas infecciones porque no se podría transmitir. Diagnosticar y tratar a los pacientes tiene un beneficio para él pero también lo tiene para la población y la salud pública», manifiesta Sanz.

De esta manera, todos los recursos disponibles para luchar contra VIH son pocos. Y es que el hecho de que se haya avanzado en los últimos años no quiere decir que no se pueda hacer más rápido. «Evitar infecciones futuras a largo plazo es más barato, pero para ello tienes que invertir ahora. Y los recursos ahora son los que son». Aun así, el doctor Sanz considera correcto el camino emprendido, teniendo en cuenta que se deberían implementar medidas como la profilaxis pre exposición por las infecciones que evitaría y deja claro que el papel prominente de las drogas como causantes del VIH en la década de los 80 o los 90 es pasado y que hoy en día la inmensa mayoría de los diagnósticos nuevos y recientes son por vía sexual. «Ahora fundamentalmente hay que insistir a la población en que tiene que tener prácticas sexuales seguras, y eso quiere decir usar el preservativo», concluye Sanz.

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