Melé en Hortaleza: compromiso, unión y familia

Los Dragones durante un encuentro (Foto: XV Hortaleza R.C.)

Como tantísimas grandes iniciativas, esta organización nació de las ganas de un grupo de amigos para juntarse los fines de semana y jugar a lo que más les gustaba, el rugby. Tras conseguir formar una amplia y fructuosa escuela de jugadores, hoy es uno de los clubes con más fichas federativas de España y se consolida como un activo social principal en el barrio donde habita. De la mano de su presidente, Elías Delso, El XV Hortaleza R.C. abre las puertas de su casa a Madrilánea y cuentan su historia.

El comienzo

El Teca Rugby Club se fundó en 1972 en el mismo barrio de Hortaleza. A finales de los setenta y principios de los ochenta llegó incluso a jugar en la Primera División de la Liga Nacional (la actual División de Honor). Después se trasladó a Alcobendas y en los noventa se fusionó con el Club España Urogallo (CEU) y con el equipo de La Moraleja para crear el M.A.R.U, cuando vivió su mejor época volviendo a la máxima división nacional. Delso vivió los mejores años de este club como rugbier, donde coincidió con jugadores de talla internacional como Steve Tuineau o Martin Kafka —sí, Kafka, familiar directo del mítico escritor bohemio—. 

El XV Hortaleza fue creado a raíz de una escisión de algunos componentes del primitivo Teca, que descontentos con las fusiones, en 2010 decidieron volver a sus orígenes. Desde entonces, uniformados de negro como los All Blacks, han consolidado a cuatro equipos en la categoría sénior (dos masculinos y dos femeninos) y una escuela que instruye en los valores del rugby a los chavales del barrio desde la niñez hasta las puertas de la edad adulta —nueve equipos comprendidos entre el sub-6 y el sub-18—. Además cuentan con Los Añejos, la plantilla de veteranos —y novatos que han decidido introducirse al rugby en su madurez—, y como resalta el presidente: «el primer equipo de España formado por madres del jugadores del club, las Khaleesis». 

Una gran familia

El XV está alcanzando una meta que aún se le resiste a bastantes clubes profesionales de diversos deportes: están creando una comunidad alrededor del club. El binomio equipo – masa social depende exclusivamente de un ambiente idílico cuyo desarrollo es sólo posible mediante la unión de fuertes lazos afectivos entre todas las personas que componen el club. «Aquí empujamos todos en la misma dirección, del mismo modo que se empuja en una melé», declara el presidente. Así, algunos jugadores entrenan a las categorías inferiores, otros colaboran en las labores de gestión interna del club, voluntarios y familiares se ocupan de que el protocolo sanitario se lleve a cabo: desinfección de material, lavado de manos, toma de temperatura etc. 

El club se mezcla con el barrio y se interrelaciona con su gente. Próximamente lanzará un carné de socio en colaboración con diversos comercios locales, organiza jornadas de captación en los colegios de la zona y entre sus equipos destaca el Integración, cuyo objetivo es introducir a jóvenes con discapacidades psíquicas en el rugby y en su comunidad. 

Un ejemplo más de la unión entre equipo y masa social lo encontramos en la forma de sobrevivir  a la crisis económica y deportiva que ha ocasionado la pandemia. En un club que se mantiene prácticamente gracias a las cuotas que abonan los jugadores,  Delso afirma: «con la que está cayendo teníamos miedo a que el número de fichas descendiera, pero no ha sido así, se ha apuntado mucha gente y ya estamos cerca de los números de la temporada pasada». Tras la elaboración propia de un meticuloso protocolo de prevención de coronavirus –aprobado y corroborado por las autoridades–, el club lleva desde el principio del otoño en funcionamiento y espera la incorporación de nuevos jugadores antes de que comience la temporada, que en el caso de los equipos sénior será a mediados de enero de 2021 y las categorías inferiores será en diciembre de este mismo año. Eso sí, para estos últimos, el nuevo rugby de pandemia no podrá haber ni melé ni touch, lances del juego en las que los jugadores están muy juntos durante demasiados segundos. 

Antes de que comience el entrenamiento del primer equipo masculino, Madrilánea ha tenido la oportunidad de hablar con dos de sus protagonistas. «Desde que llegué al club hace nueve años me sentí muy involucrado, mi vida social y mis amigos están aquí», nos comenta el flanker Bernardo De Elías.  «Este club y este deporte me han hecho mejor persona», relata el segunda línea José Ruiz. Ambas declaraciones nos ayudan a entender el trasfondo de la formación rugbier, cuando el deporte tiene una labor didáctica y se aleja de la competitividad extrema para abrazar al compañerismo, la solidaridad o la empatía. Porque como nos dijo Ruíz: «los mejores momentos que te regala el deporte te los brinda la camaradería». Porque el rugby, y en particular esta organización, trasciende lo deportivo para adentrarse en lo emotivo.

Retos deportivos

El primer equipo femenino volverá a competir en División de Honor B (DHB), la segunda categoría nacional. Sin embargo, el masculino ha descendido y jugará en Primera Regional. En octubre recibieron una invitación para disputar la fase de ascenso de nuevo a DHB tras la retirada de un participante. Jugaron en Jaén (campo neutral) contra el UAS Mairena sevillano y fueron derrotados en la última jugada, con el tiempo cumplido. «No planteamos bien el partido y subestimamos al rival. En la primera parte estuvimos demasiado nerviosos y en la segunda no nos dio tiempo a revertir la situación» declara el flanker De Elías. 

La plantilla ha sufrido cambios y el club ha incorporado un nuevo cuerpo técnico. El objetivo principal es el ascenso a DHB a final de temporada, como nos confirmó el presidente. Por su parte, José Ruiz reflexiona sobre el siguiente curso: «tenemos una gran oportunidad para crear un proyecto estable que nos ayude a impulsarnos para hacer una buena fase de ascenso», continúa: «creo que hubiera sido duro jugar en DHB esta temporada, hubiéramos competido, sí, pero necesitábamos nuevos cimientos y este paso atrás nos puede ayudar a ser más consistentes en el futuro». 

Cuando el mundo del deporte amateur se desmorona, los Dragones resisten y miran al futuro con optimismo. Un grupo de amigos fundaron el Teca, un grupo de amigos mantienen vivo al XV Hortaleza R.C.

2 comentarios en «Melé en Hortaleza: compromiso, unión y familia»

  • el 27 noviembre, 2020 a las 20:35
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    Está claro, los deportes que deberían impartirse en la escuela. Lleno de valores y compañerismo incluso con el rival. Gran reportaje.

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  • el 3 noviembre, 2021 a las 03:14
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    Hola, amigos del XV Hortaleza. Tengo 60 años. Cuando tenía 15 comencé a jugar en el TECA Rugby Club, a las órdenes de Paco Ojeda como entrenador, y de Candi (el tío Dimas) y junto a Juanje Ojeda (apertura), Alex (medio de melé), Alfredo (segunda línea), Domínguez (tercera «choque»), Juanma (plilier), los hermanos Mota, Martín,Aguilar, Viedma, Nico, Guillermo Fesser, etc. Entrena bamos allí, en Hortaleza, donde vivíamos la mayoría de nosotros, en un campo de tierra con porterías de fútbol al que llamábamos » El Racing «. Lindaba con las traseras del antiguo cuartel de la Policía Armada y en multitud de ocasiones los guardias nos devolvían los balones que colabamos tras las alambradas. Cuando llovía llegábamos a casa llenos de barro. Cuando el barro se secaba, con alguna que otra herida. Pero nos gustaba el rugby. Los fines de semana jugábamos en los campos de Paraninfo, el SEU (ahora el Central), en Aluche o en Cantarranas. Aquello tenía su encanto. Entonces, las normas del rugby eran demasiado permisivas y, en ocasiones, las secuelas de un partido nos duraban dias. Pero nos gustaba el rugby. Antes de cada partido solíamos quedar para irnos juntos. Comíamos «el 9» Cerca de Ángel Luis de la Herranz o frente al Colegio Nuestra Señora de la Hoz y después el metro hasta el destino que tocase aquel partido. En aquellos maravillosos años, finales de los 70, en el Teca había un equipo de cadetes, juveniles, dos de sénior, A y B, y algún año hubo infantiles que, para la época ya suponía un logro. Incluso disponíamos de una sede social en Claudio Cuello, en un edificio antiguo que por razones de seguridad hubo de drr abandonado, trasladandonos a otro local más moderno en una boca calle oscura de Embajadores. Pero Claudio Cuello era distinto. Era algo cochambroso pero allí se respiraba ambiente de rugby. Los más pequeños coincidimos con los mayores tasas uno los miraba con admiración: «joder, aquel tío es ingeniero, ese de allí estudia medicina, este es panadero… «. Aquella diversidad a mi me dejaba boquiabierto. Aquella generación tuvimos la gran suerte de sufrir la vehemencia de Paco Ojeda, en los entrenamientos y durante los partidos, pero también la enorme suerte de aprender la filosofía del rugby, sus valores y a amarlo toda la vida. A principios de los años 80 el TECA empezó a dejar de ser el TECA y comenzó la larga metamorfosis de un Club de rugby pionero en un Barrio madrileño, Hortaleza, que finalmente se convirtió en otro Club distinto, el XV
    Hortaleza, pero que continúa albergando el gen de aquel que a la larga le dio vida.
    Actualmente vivo en Mérida, mi pueblo o ciudad natal, y estoy vinculado al rugby desde la grada, viendo entrenar y jugar a mi hijo mayor en el Club Rugby Badajoz, disfrutando de esos ratos y de aquellos recuerdos.

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