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Francisco Magallón: «Los que vemos sus fotos somos su esperanza»

Francisco Magallón, trabajando para TVE en la guerra de Irak (2008). Foto por: Francisco Magallón
Francisco Magallón trabajando para TVE en la guerra de Irak (2008). Foto: Francisco Magallón

Después de un corto viaje en taxi, llego al ordenado e impecable piso de Francisco Magallón, el autor de la exposición que organiza Cruz Roja Madrid, titulada La infancia y los Derechos Humanos. Suelo brillante de parquet, muebles blancos mezclados con objetos de tinte rojo y paredes inmaculadas le dan a la vivienda un aspecto de paz, necesario en una ciudad alocada como Madrid. Además, todos los rincones del apartamento desprenden un olor afrodisíaco. La esencia era similar a una mezcla entre rosas y frutas de un sabor dulce.

Esa simpatía de su hogar se traslada al personaje. Francisco Magallón trabaja en Televisión Española. Desde hace más de treinta años se dedica a la devoción de su vida. Periodista y fotógrafo viajero capaz de acudir a los rincones más remotos, ha conseguido importantes galardones como el Premio de Periodismo de la Fundación Pfizer, gracias a su reportaje en Informe Semanal titulado La memoria rota, y el Premio de Periodismo Guardia Civil 2006, por su trabajo Rescates en montaña emitido por el Telediario de TVE. También ha sido Medalla de Plata y Bronce en 2002 y 2005, respectivamente, en el New York Estival. Pero el premio que más ilusión le hizo fue el José Couso de Periodismo de «Doce meses, doce causas» por la labor realizada en la zona cero titulada Tsunami, en Asia, más concretamente en Indonesia, tras cubrir esta catástrofe natural tan solo unas horas después de producirse.

Dejando a un lado su trabajo en la televisión, su voluntad y su habilidad para tomar instantáneas con su cámara le han permitido captar momentos inolvidables. Muchos de sus recuerdos los guarda en cuadros y lonas que adornan su casa. Al mismo tiempo, los aprovecha para realizar exposiciones como la que ha tenido lugar en el Centro Cultural Antonio Machado. Caracterizado por ser uno de los primeros en llegar a ilustrar tsunamis, terremotos y otros desastres naturales; Francisco Magallón se ha sentido muchas veces la voz de las personas más desfavorecidas: «En el terremoto de Haití, en el tsunami de Indonesia o en el conflicto de Darfur en Sudán, la gente te cuenta aquello que les ocurre porque piensan que tú puedes ser su altavoz. Pero, por otro lado, te das cuenta de que no deja de ser un producto mediático efímero con una caducidad muy breve. Las grandes desgracias abren telediarios y portadas. Luego, desaparecen y son relegadas por otras catástrofes, pero no quiere decir que se haya solucionado el problema». Magallón compara la duración de las noticias de desastres naturales con el pan porque «al día siguiente ya tienes otra barra de pan y te olvidas de la del día anterior».

Francisco Magallón en el despacho de su habitación. Foto: Iván Gurrea
Francisco Magallón en el despacho de su habitación. Foto: Iván Gurrea

Durante el conflicto de Darfur —guerra militar por motivos raciales— en Sudán, Magallón ha visto todo tipo de injusticias: desde transgresiones de los derechos de la mujer, tanto por género y violaciones, hasta niños armados participando en conflictos que no entienden. «Como dice mi amigo Alfonso Armada, en Sudán es mejor ser burro que mujer. Me pareció un sitio tremendo, sobre todo, por la duración del conflicto», afirma Magallón.

Su trabajo fotoperiodístico no se lo atribuye a él mismo, sino que «es de las personas que han prestado su dignidad para ser fotografiadas». Utiliza las imágenes como vehículo para la denuncia de la grave situación actual de la infancia en el mundo, que se encuentra con pocas garantías del cumplimiento de sus derechos en los países más pobres. Por eso, sus exposiciones vienen a ser esa «boya en medio de un océano». Sirven para llamar la atención de los problemas de la infancia y de la violación de los Derechos Humanos que lamentablemente existen en el mundo. «Parece que cincuenta muertos en una aldea de Sudán después de sufrir un asalto no cuentan. Ahora solo cuentan los de Siria. Lo nuevo es lo que vende, pero habría que refrescar a la gente aquello que le contamos un día», lamenta Magallón. «Aunque haya que prestar atención a las nuevas urgencias, no se deben olvidar las antiguas carencias», concluye el veterano periodista.

«No vendo mis fotos»

No gana dinero por sus exposiciones, solo logra el placer de mantener visible esa «boya». Tampoco vende sus fotos. Por ello, se muestra satisfecho, aunque lamenta que en las imágenes no se sienta el olor, un factor definitivo para comprender cualquier situación. En sus exposiciones utiliza palabras y sonidos para situar en el contexto al público. A través de La infancia y los Derechos Humanos, pretende sensibilizar y educar desde cero, es decir, a los más jóvenes. «Se trata de contar cómo es la situación de muchos niños en otros países y qué se puede hacer, dentro de nuestras posibilidades, para introducir a la infancia en el corazón de la sociedad», explica Magallón.

No hace falta traspasar las fronteras de nuestro país para vislumbrar situaciones de injusticia infantil. «En la Cañada Real, los niños juegan con las ratas. Es tremendo. Yo me acerco muchas veces allí», dice Magallón. En la actualidad, con la crisis que asola a España, muchos niños ya no pueden comer tres veces al día porque sus padres se encuentran en una situación de desempleo. De alguna forma, estos pequeños ven destruidas muchas de sus posibilidades. Por tanto, la sociedad en su totalidad también se ve afectada porque ellos son la esperanza. «Los que vemos sus fotos somos su esperanza», afirma Francisco Magallón.

Magallón también ha aportado su pequeño granito de arena para ayudar a los más desfavorecidos: ha cedido treinta de sus fotografías a Cruz Roja Madrid para una exposición en el Centro Cultural Antonio Machado, situado en la calle San Román del Valle. Ha sido la primera muestra fotográfica abierta al público en general por parte de esta entidad, puesto que en otras ocasiones solamente habían tenido acceso los alumnos de centros educativos. Además de esta exposición, el departamento de Cooperación Internacional lleva años realizando distintas acciones para fomentar la implicación y el conocimiento de la población hacia los derechos humanos.

No es la última muestra que el periodista tiene planeada: solo el próximo mes de marzo tiene proyectadas dos exposiciones. Una, relacionada con la violencia de género. Otra, enfocada a la reconstrucción del terremoto en Haití, presente en el Museo de América desde el 1 hasta el 31 de marzo. Con sus lonas reflejando imágenes sensibles —sin ningún tipo de posado— y los treinta artículos de los Derechos Humanos, Magallón cumple con el deseo de iluminar «esa boya en medio del océano».

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Texto editado por Laura Casado

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